Política de guerra electoral prolongada

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Proceso
21/01/2021

En este análisis, queremos hacer una mirada a la política salvadoreña que, por momentos, entra en ebullición, lo que pone en conflicto situaciones que parecen distintas, pero en el fondo terminan fusionadas y enmarcadas en la lucha política y electoral. Este es el caso, por ejemplo, de la reciente actividad política ocasionada por la conmemoración de los Acuerdos de Paz, la antipolítica como base de la propaganda electoral y, aunque marginal, la pomposa despedida del embajador norteamericano, Ronald Johnson.

Como base para la discusión se han tomado algunas partes del diálogo entre Montesquieu y Maquiavelo que desarrolla Maurice Joly en su famoso libro Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. Por ello, no está de más decir que el país enfrenta una lucha entre la defensa del estado de derecho-democracia y la acumulación del poder -de una de las partes- a través del engaño y la mentira. Parecería que Montesquieu y Maquiavelo retoman un nuevo diálogo situados ahora en nuestro país. Con esta consideración se hace este breve análisis.

Como se ha discutido en diversos estudios, el presidente Bukele, con su política de “guerra electoral prolongada”, se ha enfocado en destruir a la oposición política, a ignorar y a desobedecer las leyes del país, a exacerbar los sentimientos de antipolítica en la población, a profundizar la polarización política y, recientemente en tratar de cambiar la historia del país a su antojo, como si pretendiera fundar un nuevo Estado. El Presidente llamó a los Acuerdos de Paz, firmados en 1992, una farsa y un negocio. Bukele cerró el día de la conmemoración de los mismos con un tuit en el que mostró un decreto -muy al estilo de un dictador- en el que declaró el 16 de enero como el “Día de las víctimas del conflicto armado”. Sin embargo, la respuesta de la población ante tal atropello ocasionado a las víctimas del conflicto armado fue contundente: el hashtag #ProhibidoOlvidarSV, y las historias que a través de él se compartieron, se posicionaron como tendencia en Twitter.

Los varios cientos de testimonios de la guerra escritos por ciudadanos en esta red sirvieron para darle una lección de memoria histórica al Presidente. La población se apropió de la conmemoración de los Acuerdos de Paz y se movilizó para realizar diversas actividades tales como foros de discusión académica, pronunciamientos de diversos sectores en la prensa escrita, movilizaciones de organizaciones civiles en la calle y plazas y una gran cantidad de comentarios, discusiones y reacciones en las redes sociales. Se puede afirmar que, este 16 de enero, el recuerdo de las víctimas del conflicto armado derrotó a la propaganda gubernamental y a las reiteradas mentiras del Presidente en su intento por cambiar la historia.

El presidente Bukele sigue muy bien al Maquiavelo del autor Maurice Joly cuando, en un diálogo con Montesquieu (en su libro), le expresa: “El secreto principal del Gobierno consiste en debilitar el espíritu público, hasta el punto de desinteresarlo por completo de las ideas y de los principios con los que hoy se hacen las revoluciones. En todos los tiempos, los pueblos, al igual que los hombres, se han contentado con palabras. Casi invariablemente les basta con las apariencias; no piden nada más”. Este 16 de enero, Bukele no pudo debilitar el espíritu público, sino que lo fortaleció y, ahora, una parte de la población salvadoreña es cada vez más consciente de la manipulación ideológica a la que está siendo sometida.

De igual forma, en esta época preelectoral es urgente que la población se dé cuenta de que el manejo de los mass media (por ejemplo, Diario El Salvador, la televisión nacional y otros) por parte del Gobierno tiene como objetivo el adoctrinamiento político y silenciar a los medios de comunicación independientes. Tal como lo dice Maquiavelo: “En los países parlamentarios, los gobiernos sucumben casi siempre por obra de la prensa; pues bien, vislumbro la posibilidad de neutralizar a la prensa por medio de la prensa misma. Puesto que el periodismo es una fuerza tan poderosa, ¿sabéis qué hará mi gobierno? Se hará periodista, será la encarnación del periodismo”. En otras palabras, el presidente Bukele ha convertido su gobierno en un instrumento de propaganda política que está a su servicio. Muestra de ello es que el partido del presidente, Nuevas Ideas, ha gastado, entre el 27 de noviembre y el 31 de diciembre de 2020, $1,657,086.18 en propaganda electoral en radio, televisión, prensa escrita, redes sociales y vallas publicitarias, es decir, el 87% de un total de $1,912,280.35 que han gastado los partidos políticos para promocionarse, según el último reporte de monitoreo realizado por la organización Acción Ciudadana.

Finalmente, la despedida del embajador norteamericano fue utilizada por Bukele como parte de su estrategia de lucha electoral. Durante su condecoración con la distinción presidencial Gran Orden Francisco Morazán, creada por el Presidente para esta ocasión, el embajador Ronald Jonhson afirmó lo siguiente: ”Juntos logramos más, conseguimos extender el TPS por dos años. Se inauguró el parque Cuscatlan, algo que se inició cuando el presidente Nayib Bukele era alcalde de San Salvador” y, luego mencionó: “Ninguna caravana ha salido de El Salvador durante todo este tiempo. Al dejar mi cargo, El Salvador está listo para lograr sus mejores sueños, muchos dirán que necesitamos un milagro pero aquí hay milagros, acabo de mencionar varios de ellos”. El embajador fue un socio confiable de Bukele y se sumó a su campaña de engaños y mentiras durante su estancia en el país. Al respecto de la despedida del embajador, diría Maquiavelo: “Los pueblos de Occidente gustan del estilo Oriental; de modo que el estilo de todos los discursos oficiales, de todos los manifiestos oficiales estará cargado de imágenes, siempre pomposo, elevado y resplandeciente”. La mentira y el engaño podrán servir para acumular poder y disfrutar del mismo, pero no para resolver los problemas reales de la gente. El país necesita más ”ideas nuevas” de Montesquieu que de Maquiavelo. Como se mencionó al inicio de este texto, la realidad política salvadoreña, aunque presenta diferentes caras o aristas, al final termina absorbida por la lucha electoral.


* Artículo publicado en el boletín Proceso N.° 29.

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