Dos ideas sobre "el cambio"

13

"Cambio" es la palabra más famosa en nuestra coyuntura política. Ha sido utilizada en la campaña electoral de Mauricio Funes y en la de Rodrigo Ávila. Pero, ¿qué significa el cambio? ¿Qué elementos constituyen el cambio? En última instancia: ¿qué tipo de cambio ofrecen los principales candidatos a la presidencia en El Salvador?

Asumiendo la acepción más elemental de la palabra, podemos decir que todo cambio contiene tres elementos esenciales: un "desde dónde", un "cómo" y un "hacia dónde". Dos ejemplos pueden ayudarnos a comprender esto. 1) Cuando en su hogar alguien dice: "He cambiado de lugar el televisor", entiende el cambio como traslado. Es decir, el objeto fue llevado de un lugar a otro mediante una acción específica. 2) Cuando alguien dice: "Ahora estoy casado", fácilmente entendemos que dejó atrás la soltería una vez contraída las nupcias. Es decir, su vida ha cambiado (¡y vaya cambio!). En ambos casos se hacen presentes los tres elementos del cambio. Esa palabra tan famosa es útil para aclarar una simpleza: "he cambiado de lugar el televisor"; como para decir algo tan trascendental: "mi vida ha cambiado con el matrimonio". Dicho esto, vayamos al tema de la campaña electoral.

¿Cuál es el "desde dónde"? La respuesta cae por su propio peso: veinte años de gobierno del partido Arena. Es casi un cuarto de siglo, lo cual no es nada despreciable. Allí hay abundante trabajo para sociólogos, historiadores, economistas, etc. A modo de reflexión general: el bienestar de la mayoría ha sido el gran perdedor en estas dos décadas. Miles de compatriotas han huido de la miseria en búsqueda del "sueño americano". El sistema de justicia nunca logró un mínimo aceptable de rectitud y credibilidad. Nunca hubo decidida voluntad de ordenar el sistema de transporte público, y el caos es el pan de cada día para el salvadoreño promedio. La seguridad pública ha sido otro de los grandes fracasos de los gobiernos areneros. Entre el 1 y el 11 de enero, la Policía Nacional Civil registró 143 homicidios, lo cual indica que 2009 inició con un promedio de 13 homicidios diarios. Tenía razón Monseñor Gregorio Rosa Chávez cuando, en marzo de 2008, afirmó: "Hay que crear una cultura de la vida, ante la cultura de la muerte que nos domina". No es "sentido humano" lo que se percibe a diario, sino violencia y muerte.

Más interesante resulta el "cómo" del cambio. Tanto Funes como Ávila proponen un "cómo". Para ser más exhaustivos habría que analizar sus planes de gobierno. No obstante, dejaremos eso para otro momento. Continuaremos la reflexión sin ahondar en detalles de programas.

Un gane de Rodrigo Ávila no sería más que un cambio superficial, aparente. Y las razones están a la vista. Representa al partido que ha sido incapaz de dar respuestas eficaces y estructurales a los grandes problemas de El Salvador: delincuencia, pobreza, salud, educación, transporte, etc. Los intereses de la mayoría nunca han estado entre los principales objetivos del poder ejecutivo. La cúpula de Arena sí ha hecho del Estado su propia casa; el Gobierno de Saca es el ejemplo más evidente.

El mismo Hugo Barrera manifestó lo siguiente: "Lo que hay que tratar de hacer es recomponer la estructura del partido para que las cosas funcionen más a favor del país (...)". Palabras que expresara a raíz de su interés por la candidatura presidencial de dicho partido. Al final, lo dejaron fuera de la lista de los precandidatos, y el que triunfó —o lo impusieron— fue el preferido de René Figueroa y Antonio Saca. Recordarán a Ana Vilma de Escobar denunciando el favoritismo que se desplegó a favor de Ávila. De manera que entre Saca y Ávila no habría mayor diferencia. Estaríamos ante un cambio aparente, ficticio. En pocas palabras, no habría cambio auténtico.

El triunfo de Mauricio Funes sí representaría un cambio auténtico, real. Y no por el simple hecho de que otro partido llegaría al poder, sino porque, además de ser otro partido, estaríamos ante otra visión de gobierno, ante un programa de gobierno nuevo en el sentido pleno de la palabra. Por primera vez en la historia del país gobernaría la izquierda, lo cual sería un giro significativo para nuestra historia política.

Aquí es necesario precisar las palabras. Que represente el cambio auténtico no significa necesariamente que lo mejor para el país estará a la vuelta de la esquina. El triunfo de Funes sería en sí un cambio histórico, ya que la izquierda sacaría a la derecha del poder. Pero no podemos detallar o precisar cómo se llevará a cabo ese cambio. No podemos porque aquí confluyen el "desde dónde", el "cómo" y el "hacia dónde". Esto no debe perderse de vista, al menos por tres razones.

Primero, porque si Funes gana, emprendería su cambio desde las condiciones dejadas por los gobiernos precedentes. Habría toda una herencia social, cultural, política y económica que no podemos pasar por alto. Herencia de males y problemas, sobre todo. Y el gobierno de izquierda tendría que lidiar con esos condicionantes. De ahí que, aunque sería un cambio auténtico, no sería absoluto, sino relativo. Un cambio auténtico, pero relativo. Es decir, un cambio humano. Por eso dan risa aquellos analistas que profetizan el advenimiento del mal si gana el FMLN. El mal ya lo tenemos entre nosotros: 13 homicidios diarios.

Por otra parte, porque el "cómo" del cambio de Funes es algo que aún no podemos ver ni palpar. Algunos analistas de derecha hacen el ridículo escribiendo sobre las catástrofes que llegarían si gana Mauricio Funes. Todo analista inteligente debe cuidarse de fundamentar bien sus ideas y de no darle statu de real a lo que es fruto de su imaginación o de sus miedos. Por supuesto, hay elementos de la realidad que nos sirven de referentes para adelantar conclusiones. Pero entonces hay que analizar bien esos referentes. Por ejemplo: alguien podría afirmar que el mejor referente para no creer en el cambio que anuncia Ávila son las trece víctimas que perecen diariamente. Mientras que otro ciudadano podría señalar que no cree en Funes porque en su gobierno se propagaría el ateísmo y se abolirían las libertades. La diferencia entre estos dos hipotéticos salvadoreños estaría en que el referente del primero es un hecho contundente, que evidencia el fracaso de la seguridad pública de los gobiernos de Arena, mientras que el segundo no se da cuenta que su juicio es hipotético y está fundado en proposiciones dudosas, puesto que tiene como referente la campaña sucia que medios y analistas de derecha han desplegado en contra del candidato de izquierda.

En los planes de gobierno, como ya se dijo, podemos encontrar detalles del "cómo" de ambas propuestas. La desventaja de Ávila es que su partido ya ha fracasado en la atención a los graves problemas del país. Su propuesta de cambio ya no resulta creíble. Funes, por el contrario, ha logrado generar confianza y esperanza. ¿Cómo llevará a cabo su cambio en caso de ganar las elecciones? Eso es algo que tendremos que observar, analizar y criticar en su momento.

Y es que, finalmente, la parte más significativa de todo esto es el "hacia dónde". El "hacia dónde", por muchos planes que se diseñen, siempre queda abierto. Es el porvenir mismo. El cambio es algo constitutivo del ser humano: traza metas, quiere cumplir sueños, desea concretar objetivos. Pero por muchas metas, sueños u objetivos que se plantee, nunca se agota en uno de ellos. El ser humano siempre está en "hacia", es un constante proyectarse fuera de sí: hacia más metas, por más sueños. De ahí que el "hacia dónde" siempre está abierto al cambio. Es el cambio mismo. La persona verdaderamente libre reconoce sus fallos y busca reconducir su vida, no le teme al cambio. Sabe que la vida entera es puro cambio: del niño al joven y del joven al viejo. No hay, pues, determinismos. El cambio está en el corazón mismo del hombre; no es otra cosa que asumir unas posibilidades y desechar otras.

Por tanto, si es difícil detallar el "cómo", resulta imposible especificar el "hacia dónde". En los intereses humanos la intuición y la esperanza son más decisivos que los medios y lo cálculos. Esto es así porque somos finitos, y cuando el cálculo falla, la esperanza nos sostiene. El ser humano es un animal esperanzado por naturaleza (Paulo Freire). Esperanza que se concreta en su continuo hacerse en el mundo. Un hacerse que implica siempre el cambio, pero un cambio auténtico, real. Es decir, un cambio humano.

Lo más visitado
2
Anónimo
17/02/2009
08:53 am
Esta claro que el pais necesita un cambio. Esta claro que el gobierno debe invertir en educacion para salir de la ignorancia. Bonito articulo!!!
0 0 0
Anónimo
09/02/2009
20:21 pm
Estoy de acuerdo, el verdadero y único cambio solo lo podremos lograr con Mauricio Funes. Claro, en el país sigue habiendo mucha gente ignorante que no sabe qué significa un cambio, y cree en las falsas ideas de los mismos de siempre, que prometen un cambio, "un gobierno democrático". ¿A caso no han estado 20 años en el poder para haberlo logrado? Son simples palabras que tratan de endulzarlos para que sigamos en el mismo hoyo y cada vez vamos peor. Es momento de elegir a una persona capaz, con principios, valores y que vele por las injusticias y por los pobres; que ayude a cambiar el rumbo del país.
0 0 0