La campaña del odio

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Armando Álvarez
09/02/2021

En otros espacios he señalado que, en mi opinión, la popularidad de Bukele descansa en el descontento de las mayorías con el modelo de desarrollo que la población asocia principalmente con el partido Arena y FMLN. Ese descontento le ha bastado al partido del presidente para encabezar la intención de voto de las próximas elecciones. Ante la ausencia de propuestas —más allá de los materiales multimedia que se han convertido en prolegómenos eternos del país soñado que viene—, el presidente, sus funcionarios y muchos de los candidatos de Nuevas Ideas han necesitado de constantes ataques y señalamientos de odio contra “los mismos de siempre”.

A pesar de que este discurso parece ser efectivo para fines electores, también ha generado la idea de que todo el que no apoya al presidente es una especie de enemigo, incitando a la intolerancia y al irrespeto. El pasado 31 de enero esto llegó al extremo de generar un ataque armado contra una caravana del FMLN que terminó con la vida de Gloria Rogel del Cid y Juan de Dios Tejada, mientras que dejó a otras personas heridas.

Lejos de cumplir con sus obligaciones constitucionales de “procurar la armonía social, y conservar la paz y tranquilidad interiores”, el presidente, acostumbrado a tuitear más rápido de lo que piensa y a convertir todo lo que sucede en proselitismo, hizo señalamientos sin ningún fundamento, en los que insinuó que lo ocurrido fue un autoatentado del FMLN. Por su parte, algunos seguidores de Bukele, que han cedido su capacidad de pensamiento a los tuis del presidente, no tardaron en replicar esta afirmación en las redes sociales mientras reaccionaban con “me divierte” a las noticias vinculadas con el atentado. Por supuesto, no se acusa al presidente de estar vinculado explícitamente en este suceso, sino de contribuir y liderar al ambiente de odio que ha dado lugar a que se repitan escenas que creíamos superadas con los Acuerdos de Paz.

Bukele, empecinado en demostrar que existe algún tipo de responsabilidad de los seguidores del FMLN, ha sido incapaz de reconocer su error. Por el contrario, ha procurado incidir en la opinión pública a través de videos presentados por la PNC en los que se intenta evidenciar que lo ocurrido fue un enfrentamiento. Lo anterior es alarmante al menos por dos motivos. En primer lugar, la PNC no debe responder a los intereses del Gobierno de turno; por el contrario, debe trabajar junto a la Fiscalía para esclarecer los hechos. En segundo lugar, el presidente mantiene su discurso de odio, pues parece buscar justificación a los homicidios ocurridos. El problema no es que ante la ausencia del odio el discurso sería menos efectivo, sino que ante la ausencia del odio el presidente se quedaría sin discurso y se evidenciaría la ausencia de propuestas.

De seguir este camino, Bukele pasará a la historia como un presidente muy similar a Maximiliano Hernández Martínez, quien puso los cimientos de la represión política y social militarizada que desembocó en la guerra civil salvadoreña. Triste horizonte: la buena imagen de Maximiliano que se mantiene hasta la actualidad se explica únicamente por las deficiencias en nuestro sistema educativo y por la falta de memoria histórica, la misma que el presidente, como previendo su destino, fomenta.

Los seguidores de Bukele deben reflexionar sobre lo sucedido. Aunque su descontento con la situación general del El Salvador puede estar justificada, deben cuestionarse si este es el rumbo que desean para el país. Además, deben empezar a exigir al presidente y al partido Nuevas Ideas propuestas claras para la solución de los problemas que aquejan a nuestra sociedad; si no, serán cómplices del futuro poco alentador que se vislumbra.


* Armando Álvarez, docente del Departamento de Economía.

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