Cuatro temas con poco pensamiento

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Radio YSUCA
02/05/2010

De los temas que han saltado a la agenda pública en las últimas semanas, cuatro merecen un abordaje más serio del que se les ha dado en los grandes medios. El primero es sin duda la legislación del estado de Arizona que criminaliza a los emigrantes. La reacción en Estados Unidos ha sido fuerte contra la decisión de este estado fronterizo, pero la manifestación de odio hacia el pobre, que eso es la criminalización del emigrante sin papeles, ha quedado demasiado patente en un sector de la sociedad norteamericana. Es el mismo odio de la derecha francesa contra los emigrantes árabes o de los españoles que llaman despectivamente "sudacas" a los latinoamericanos. A pesar de tantas proclamas contra el racismo, la capacidad de humillar del europeo y del anglosajón, y a veces de quien se cree blanco caucásico en nuestras propias tierras, está lejos de haber desaparecido. Manifestar nuestra oposición a esas semillas de racismo que todavía perviven en nuestras culturas es indispensable para que el mundo pueda vivir en paz.

El tema de los militares en la calle llama la atención. No han conseguido bajar los índices de homicidios, pero en algunos lugares dan sensación de seguridad. Al final, no es nada más que una medida cosmética, con más efectos publicitarios que reales. Además, cada vez que el Ministro de Defensa abre la boca para hablar de los temas de seguridad, no hace más que mostrar su ignorancia. Los militares lo único que están haciendo es desplazar a los delincuentes a otras zonas, donde establecen nuevos contactos y estructuras. Por eso la criminalidad no baja. Y cuando los militares se muevan hacia las nuevas zonas de delincuencia, el retorno de los delincuentes a las previamente calmadas será inmediato. Jugando al gato y al ratón, los únicos que van a salir ganando son los delincuentes, que extenderán cada vez más sus redes a lo largo del país. Mientras no se aumente drásticamente el número de policías y se mejore su calidad en la investigación, poco conseguiremos. Mientras no se evalúe con seriedad a la Fiscalía General y se hagan reformas (sean de aumento de personal y recursos, o de capacitación), tampoco iremos muy lejos. Mientras no se depure con mayor seriedad el sistema judicial, tendremos problemas. Tres puntos en los que hay que pensar con mucha mayor seriedad en vez de darle protagonismo a la Fuerza Armada, incapaz de enfrentar el problema de la delincuencia simplemente porque no es su finalidad ni está preparada para ello.

Los diputados y sus laptops han sido también noticia. Regalar computadoras a los diputados es un absurdo: tienen salario más que suficiente para comprarse una si la necesitan. Es normal que si hay oficinas, éstas tengan computadoras. Pero los ordenadores deben ser propiedad de la institución (en este caso, de la Asamblea) y no de sus funcionarios. Comprar computadoras con fondos públicos y regalarlas no es más que un abuso. Y más en estos tiempos de crisis en los que los poderes del Estado deben dar ejemplo de austeridad, al igual que aquellos que por elección forman parte de los mismos. Cuando se escucha a los diputados defender el regalito que les han hecho —por cierto, a un precio exorbitante—, se advierte su bajo nivel de responsabilidad ciudadana; responsabilidad que no mejorarán aceptando regalos a costa del Estado.

Algo peor: ciertos sectores de la empresa privada se oponen a que las trabajadoras del hogar entren al Seguro Social. Quienes así hablan no hacen más que mostrar un estilo personal cercano al racismo de los estadounidenses de Arizona. Es evidente que si la inclusión de las trabajadoras del hogar se sustenta sobre el aporte de los patronos, el aumento de clientela puede incluso ayudar al Seguro Social. Pero a estos líderes de la empresa privada les gusta el estilo clasista y de castas. Acostumbrados a abusar de las empleadas del hogar, no les parece que sean tan personas humanas como aquellos que desde los sindicatos y desde su capacidad organizativa pueden protestar. En el fondo piensan, como los machistas ancestrales e incivilizados, que el trabajo en el hogar no es trabajo o tiene menos dignidad que cualquier otra labor. La empresa privada debería ser mucho más coherente y limpiar estos remanentes trogloditas de los puestos de representación gremial.

Pensar bien las cosas antes de explicarlas tonta y superficialmente es también un servicio a la democracia. Y, sobre todo, pensar las soluciones adecuadas a los problemas. La represión no es la solución para el problema de la migración, el Ejército no es solución para los problemas de la delincuencia, los regalos cibernéticos no educan a diputados demasiado acostumbrados a la comodidad y el beneficio propio. La oposición a que las empleadas en labores del hogar entren al Seguro Social es simple y sencillamente vergonzoso. Y que sean los ricos quienes se oponen a ello es un pecado.

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