Por la vivienda digna

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Las fundaciones Techo y Fundasal han elaborado un comunicado sobre el derecho a la vivienda digna y los asentamientos precarios urbanos. Techo es una organización joven, salvadoreña, perteneciente a una red del mismo nombre, originaria de Chile, con gran experiencia en América Latina en construcción de vivienda. Su fuerte en El Salvador ha sido el levantamiento solidario del voluntariado en el campo de la vivienda, incluyendo a muchos jóvenes universitarios, así como a trabajadores de diversas empresas e instituciones. La construcción de viviendas de emergencia y los proyectos de habilitación social han dado experiencia y capacidad técnica a esta asociación, y la han validado incluso para cooperar en investigaciones del PNUD. Fundasal es la más antigua de las ONG dedicadas al tema de vivienda, la que ha acumulado más experiencia no solo en construcción de vivienda digna, sino en organización comunitaria e incluso en la reforma de barriadas de asentamientos precarios. Los premios internacionales por el trabajo realizado han sido muchos. Y por la dirección de la organización han pasado arquitectos y profesionales especializados en urbanismo y convivencia comunitaria.

El comunicado conjunto está dirigido en realidad a toda la ciudadanía salvadoreña, pero en particular, y dado que estamos en tiempos electorales, a los candidatos a la Presidencia del país. Una nueva y mejor elaborada política de vivienda es indispensable para poder hablar con seriedad de desarrollo en El Salvador. Lamentablemente, al hablar de desarrollo se tiende a enfocarse en la idea de posibilitar con algunas pocas medidas que la gente mejore sus ingresos. Y se piensa que con eso se arreglarán todos los problemas. Este pensamiento, ingenuo en el mejor de los casos e irresponsable y embustero cuando lo emiten los políticos, lastra e impide el desarrollo equitativo de nuestro país.

El documento revisa con datos y respaldo documental la situación de la vivienda en El Salvador y muestra los efectos de una situación deplorable para casi un cincuenta por ciento de la población; situación que amenaza incluso el derecho a la vida y la salud. Solo por poner un ejemplo, cabe señalar que el inadecuado servicio de agua potable en los asentamientos urbanos es uno de los principales causantes de que más de 10 mil niños mueran anualmente de infecciones gastrointestinales. La exclusión en diversos aspectos del desarrollo humano que sufren los habitantes de estos asentamientos es una forma de violencia que acaba generando una alta proporción de la violencia delictiva y homicida que afecta a nuestro país.

Frente a una situación que no es digna ni nos lleva al desarrollo —al contrario, lo frena—, el comunicado insiste en la elaboración de una política que supere la situación. En particular, es interesante la propuesta de comprometer para desarrollo urbano un porcentaje alto de un nuevo impuesto: el predial, que urge se implemente. El Salvador tendrá pronto un nuevo Gobierno. Y como suele acontecer, se prometerán muchas cosas e incluso se hablará de nuevos dinamismos institucionales en diversos campos del desarrollo. Tener alianzas con Techo y Fundasal sería una de las mejores ideas que pueda tener quien gane la Presidencia, sea del color que sea.

Techo y Fundasal son las instituciones (junto alguna otra, como Hábitat) que más saben en la práctica del tema de construcción de vivienda popular digna. Son las que tienen mejor relación con el mundo académico tanto en el campo de la arquitectura como en el del desarrollo social. Muchas veces colaboran en labores de investigación técnica con universidades. Son las que movilizan mayores porcentajes de solidaridad joven y las que saben también solidarizarse mejor con los sin techo. Tienen, además, la experiencia de la habilitación social, la convivencia con quienes viven en la marginalidad y la capacidad de romper los muros de exclusión que con frecuencia impone la pobreza del asentamiento precario. Y no tienen más objetivo que el desarrollo solidario, inclusivo, pacífico y digno de nuestra sociedad. No tenerlas en cuenta sería optar por el fracaso social y político, así como por mantener una situación que cada vez se torna más difícil e insostenible para muchos salvadoreños.

* José María Tojeira, director del Idhuca.

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