Ante el fiasco, una pronta, clara y creíble solución

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Editorial UCA
13/03/2015

A casi dos semanas de los comicios del 1 de marzo, por la falta de datos oficiales y las dificultades que se están dando en el proceso de escrutinio final, el resultado electoral y su confiabilidad están en entredicho. No se le puede seguir dando largas al asunto. Esta insólita y grave situación requiere de una pronta, clara y creíble solución; una solución que sea satisfactoria para todos y que desentrampe el proceso lo antes posible. Pero muchos más bien están buscando chivos expiatorios, como si eso fuera una solución al problema.

No es eso lo que el país necesita para salir del atolladero en que se encuentra en estos días poselectorales. No es hora de pedir cabezas, porque esa medicina agravaría la enfermedad. No es momento de buscar culpables para lavarse las manos, como si muchos de los que levantan el dedo acusador no tuvieran que ver con que el carro de las elecciones se estrellara de esta manera tan estrepitosa. Tampoco son creíbles ni útiles las afirmaciones de que hubo un boicot o un fraude electoral de grandes dimensiones.

El problema es que aún no hay resultados y que está siendo muy difícil obtenerlos. No se puede ocultar que se han dado graves inconsistencias en no pocas actas electorales. ¿Cómo se explica que hay actas que registren más votos que las papeletas que se usaron? ¿Cómo se puede dirimir que en decenas de actas haya más votos que votantes? Solamente hay una respuesta —que abonará a la transparencia que ha faltado—: volver a contar los votos de las urnas cuyas actas tienen graves inconsistencias. Es cierto que el actual Código Electoral no contempla soluciones para este tipo de problemas. Pero precisamente se debe a que fue redactado en condiciones muy distintas a las actuales, determinadas por las sentencias de la Sala de lo Constitucional. Además, ninguna ley es perfecta.

El Tribunal Supremo Electoral, como máxima autoridad en la materia, tiene la obligación y la prerrogativa de dirimir los conflictos que se susciten y que no estén contemplados en la legislación vigente. Y en eso debe primar el criterio más importante: la confianza y la credibilidad del resultado, antes que seguir a pies juntillas lo que establece la ley. Y no es ilegal hacer lo que la ley no impide. Si hay un vacío legal, este debe llenarse con la decisión de las autoridades competentes.

Lo más peligroso, la vía que a toda costa hay que evitar, es que este tipo de irregularidades, que están debidamente documentadas, sean obviadas y quieran resolverse a través de negociaciones y componendas entre partidos políticos. Eso es inaceptable, y ni siquiera debería considerarse, porque sería hacer a un lado la voluntad popular manifestada en las urnas, incluso ir en contra de ella. Si el Tribunal Supremo Electoral no ejerce su función cuanto antes en el marco de lo que le faculta la ley, habrá tirado por la borda las ya machacadas credibilidad y confianza en la institución y en los procesos electorales. De ese modo, quedaría servido el plato de la más agria desconfianza para los próximos años y ello les restará legitimidad a los funcionarios que resulten elegidos.

En el actual contexto, la creciente apatía y recelo de un alto porcentaje de la población hacia la institucionalidad política y hacia los procesos electorales explica la pasividad casi absoluta ante la presente problemática. Un gran daño se causaría al país si todos o algunos partidos políticos pretendieran pescar en este río revuelto. Eso daría pábulo a los argumentos de quienes denuncian pretensiones totalitarias a costa de fraudes electorales. Es fundamental que la Fiscalía General de la República y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos cumplan el papel que les corresponde: hacer cumplir la ley, denunciar las anomalías que se cometan y velar por el respeto a la voluntad popular. Fuera de los partidos, estas dos instancias son las únicas facultadas por la ley para estar presentes en el escrutinio final, como garantes del respeto a la voluntad popular y al debido proceso.

No se debe postergar más la solución. Cada día de atraso en la presentación de resultados oficiales y confiables aumenta las dudas y resta credibilidad a la institucionalidad y a los procedimientos democráticos.

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Anónimo
17/03/2015
14:29 pm
No se debe pasar por alto que un funcionario no tiene mas facultades que aquellas que clara y explicita mente le da la ley solo esas y no otras , facticamente ciertas cosas parecen posibles, como es abrir urnas y contar votos, hacerlo abre la posibilidad de que cualquier ciudadano presente denuncia por violar el codigo electoral, pidamos a la asamblea legislativa un decreto especial, para hacerlo se supone que todos los partidos dan sus votos?, si no es asi no se puede ya que entramos en una peligrosa cadena de reparos, amparos , etc, y se presentaría un limbo jurídico a solo meses de un nuevo periodo legislativo y municipal. No se puede pedir violar la ley , aunque esta tenga sus deficiencias.
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Anónimo
15/03/2015
18:54 pm
La verdad no se puede creer en los politicos, y quien todavia cree en ellos en el un proceso en el cual los politicos estan metidos pierde su tiempo. Mejor seria buscar a Dios!!!!!!!
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Anónimo
14/03/2015
19:54 pm
Excelente comentario, objetivo y concreto. Como dice Luis hemos recorrido hasta estos momentos un gran trecho, como para venir ahora y perder todo lo construido. Yo creo que la conducta del Presidente es a todas luces no adecuada pues está muy parcializado, hasta Eugenio Chicas y Walter Araujo mostraron un papel acertado para el cargo, a diferencia de este señor que ostentaba un cargo académico anteriormente y que por lo tanto debió ser un modelo distinto, pero bueno lo que interesa ahora es obtener los resultados emitidos por toda la población tal cual lo decidió.
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Anónimo
14/03/2015
17:54 pm
En estos momentos es muy refrescante leer una posición académica y objetiva. Esto, si consideramos que hay un conflicto entre lo académico y la propaganda partidaria. Por un momento creí que la UCA se había perdido en este conflicto pero veo que no.
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Anónimo
14/03/2015
10:54 am
Absolutamente de acuerdo con su editorial. La democracia le ha costado mucho a nuestro país y no se puede jugar así con ella. Todos debemos exigir total transparencia y cero negociaciones en la mesa.
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Anónimo
13/03/2015
20:54 pm
Es inadmisible, que se gasten millones en las elecciones, para tener este tipo de situaciones, mientras mis hermanos lamentan el no tener el pan de cada día y temen por dejar de tener el derecho a la vida. Estado=............
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Anónimo
13/03/2015
09:49 am
Sres. de la UCA, ustedes en todo momento han estado alabando y de alguna manera aprobando las actuaciones desde la fallida administracion de funes hasta la fecha y ahora presentan una opinion diferente. Ponganse claros y por favor no manipulen a la sufrida y noble poblacion. No a la corrupcion venga de donde venga !
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