Ir a contracorriente es un deber

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Rodolfo Cardenal
11/07/2019

Las críticas de la UCA a la política de seguridad desataron las furias de las redes sociales. La descalificación, el insulto e incluso la amenaza estuvieron a la orden del día, como en las décadas de 1970 y 1980. En ese entonces, la agresión provino de las organizaciones fantasmas de la oligarquía (los famosos “frentes”) y de la dictadura militar. Esos ataques desembocaron en el asalto armado al campus universitario y en el asesinato de seis jesuitas y dos mujeres. Los frentes oligárquicos y los militares se lanzaron contra la UCA en nombre de la patria y la democracia, y en contra de la subversión y del comunismo. Simples pretextos para defender el orden oligárquico, que negó a la mayor parte de la población el acceso a la riqueza nacional. Entonces, la emigración comenzó a cobrar fuerza. Los agresores de hoy atacan a la UCA porque solo es verdad lo que ellos quieren que sea verdad. Otra forma de expresar el mismo pretexto.

La ferocidad de las redes revela que la UCA ha dicho algo muy importante para la seguridad ciudadana, los derechos humanos y el bienestar general. De lo contrario, no se habría merecido una atención tan desaforada. Si las críticas de la UCA son tan disparatadas, ¿por qué contrarían tanto como para soltar semejante andanada de insultos y amenazas? Si sus argumentos tienen más peso que los de la UCA, ¿por qué no los aducen? ¿No será más bien que las críticas de la UCA tienen mucho de acierto, lo cual pone en aprietos a un Gobierno endiosado, que solo admite el conmigo o contra mí? Más que intimidar, la irracionalidad e incivilidad de la reacción pone de manifiesto la inseguridad y la frustración de un mito en construcción.

Casa Presidencial, como es natural, ha salido en defensa del presidente, pero lo hace de manera contradictoria y confusa. La cuestión no es haber convertido la seguridad en prioridad gubernamental, tampoco “el incansable liderazgo” del presidente, ni su “actitud férrea” contra el crimen, sino el discutible modo de combatirlo con militarización y más violencia. Precisamente por eso, no se trata de no valorar la trascendencia (no “trascendentalidad”, que no es español) de las medidas adoptadas, sino lo contrario. Su enorme trascendencia para el futuro es lo que mueve a discutir y contradecir.

Esto es lo que saca de quicio a Casa Presidencial y sus redes sociales. Les irrita sobremanera que lo que aquella llama “minoría… de pureza intelectual” cuestione las políticas del líder. Pero contradictoriamente reconoce su “incuestionable argumentación teórica”. En consecuencia, “ir a contracorriente” tiene razón de ser y no significa “darle la espalda a un país sufrido”. Casa Presidencial se contradice también cuando acusa a esa minoría que desprecia de poner “paños tibios”, en referencia al trato dado por el Gobierno a los pandilleros detenidos. Olvida convenientemente que la alcaldía de Bukele ya entibió esos mismos paños cuando negoció con las pandillas el ingreso en sus territorios. La retórica oficial desvaría aún más cuando acusa a esa minoría de ser “amiga del cuestionamiento legalista” y de “proferir gritos edulcorados con una visión sesgada de los derechos humanos”. Más allá del enigma encerrado en estas licencias de la retórica política, cabe recordar que lo mismo dijeron los Gobiernos de las manitas, de los democratacristianos, de los militares y de Arena. Pareciera, pues, que los astros pasados se vuelven a alinear.

Ciertamente, la dirección y la responsabilidad del poder ejecutivo, y de la seguridad, corresponden al presidente. Eso no está en cuestión, sino la forma cómo él ejerce el enorme poder que el régimen presidencialista atribuye al jefe de la rama ejecutiva. La debilidad de los contrapesos institucionales no solo legitima la disidencia, sino que la hace muy necesaria. La razón y la ética exigen recordar a Casa Presidencial que no puede confundir el fin con los medios y que entre el conmigo o contra mí hay grises ineludibles. Es la misma confusión de la dictadura militar y sus socios oligárquicos. Nadie en su sano juicio puede oponerse a “devolverle a la gente la capacidad de vivir en un país con tranquilidad”, pero sí a los medios privilegiados para recuperar el control territorial. El cuestionamiento no es “llenar de piedras un camino que poco a poco empieza a volverse más limpio”, sino advertir del grave peligro de prescindir de los valores humanos, jurídicos y éticos.

Asolar no es limpiar. Esa solución ya fue ensayada en varias ocasiones con el mismo resultado contraproducente. Martínez y la oligarquía pensaron que aniquilando a miles de campesinos, indígenas y mestizos preservaban el orden oligárquico. Ese régimen dio paso a la dictadura militar, que optó por negar los derechos ciudadanos y reprimir a quienes los reclamaban. Ante la persistencia y la extensión de la protesta social, resolvió otra vez exterminar a decenas de miles de maestros, campesinos, trabajadores, estudiantes y profesionales para salvaguardar intacto el sistema de la época. La guerra se agotó en sí misma y dejó una secuela de destrucción, muerte y sufrimiento. El neoliberalismo extinguió rápidamente las expectativas suscitadas por los acuerdos de 1992.

Indudable y comprensiblemente, la remozada mano dura del Gobierno de Bukele goza de gran aceptación social. Pero ese no es criterio suficiente. Desde hace ya muchos años, las encuestas de la UCA detectaron que, ante el desorden, la violencia y la ineficiencia de las elites políticas y económicas, la sociedad añoraba la dictadura, al estilo de Martínez.


* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

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Paco
15/08/2019
03:03 am
Si padre Cardenal, ese es el triste acontecer de nuestro pais, ahora estamos igual que en Venezuela; Si critica a Bukele se desata una hola de furia en contra de ustedes porque...la critica es inaceptable ante el omnipotente Bukele y sus seguidores parecen mas miembros de una secta fanatica religiosa que de entes pensantes.
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Acevedo
17/07/2019
07:11 am
Hermoso!
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José291830597
16/07/2019
13:18 pm
No es tan fácil suponer que estableciendo medios lícitos de trabajo, de vivienda, de superación personal, los cabecillas de maras van a dar un giro y renunciar a su modus vivendi. Estamos hablando de poder y dinero. No van a cederlo fácilmente porque precisamente lo que ambicionan es más. No quieren dialogar, quieren negociar, y tener poder para hacerlo. El "hommie", el de abajo, por supuesto que podría ver beneficio si hubiese medios para no arriesgarse, pero no los que se han "ganado" el derecho de mandar e infundir miedo. El momento de haber hecho eso fue hace 20 años, y lo dejamos pasar. Tampoco significa dar un cheque en blanco a la gestión actual, sino asegurarse de que la represión del delito no sea la única acción que se haga, sino el cambio estructural de las condiciones de vida de los involucrados en las pandillas que todavía tengan la voluntad de asumir esos cambios. Se puede hacer más como academia, desde la psicología, la sociología y la economía, articulando opciones.
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Kenshin
15/07/2019
16:21 pm
Es que no han comprendido, ustedes creen que van en contra de la corriente, pero no, Nayib va en contra de la corriente de ustedes. Simple.
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Miguel
15/07/2019
08:00 am
Los grupos delincuenciales actuales son diferentes a los levantamientos políticos del pasado; y estoy de acuerdo en que las autoridades deben enmarcar su accionar dentro de las leyes establecidas. Entiendo que así lo está haciendo este gobierno. Si eso es correcto y a usted no le gusta el método, porque le parece muy violento y violatorio de los derechos humanos de los delincuentes, debería decir cuál es el método que usted propone; pero que sea efectivo y que sus resultados beneficien a la población a corto o mediano plazo
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Mario147321860
14/07/2019
22:15 pm
Padre Cardenal, las victimas de Martinez, y demás gobiernos militares eran obreros, estudiantes, sindicatos y todo aquel que denunciaba y se oponía a sus políticas. Los pandilleros son terroristas. No son lo mismo que ahora, merecen represion y también reinserción pero ser igual que las victimas del pasado es un error
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Gustavo
14/07/2019
18:46 pm
Hay algo que olvida en su comentario Padre Cardenal, la impanciencia de la gente por volver a tener seguridad razonable en sus vidas y el número de víctimas diarias atribuidas a los que engrosan el número de detenidos en los Centros Penales. Hace ya muchos años el Padre Ibizate nos decía "...¿qué es economía? Pues economía es lo que hace una madre soltera en Soyapango para darle de comer a sus 3 hijos con el salario mínimo vigente...". A veces es tan sencilla la respuesta a grandes interrogantes. Ahora yo lo invito a repensar su planteamiento pero ante otra pregunta ¿Cómo se corrige a quien se acostumbró a transgredir la ley matando a cambio de una renta?...PRIMERO LAS VÍCTIMAS PADRE NO VAYA A CAER EN EL ERROR DE PRIMERO LOS VICTIMARIOS... Si no lo piensa así, pues que siga impune el crimen contra los que hicieron de la UCA una institución mártir.
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Edwin683185088
14/07/2019
15:25 pm
La inseguridad es de carácter estructural, la falta de empleo e ingresos a la población desprotegida, más la concentración de la riqueza en pocas manos marca el auge delincuencial, por tanto las medidas violentas provocarán más violencia e inestabilidad, por ello la propuesta deber ser íntegral, medidas estratégicas que impulsen el desarrollo económico y la riqueza sea redistribuida, además el elemento clave es la organización social que adquiera la capacidad de defender su territorio, informando a las autoridades las acciones de los grupos delincuenciales
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Héctor
13/07/2019
14:35 pm
De acuerdo con el pensamiento. Mi observación es la siguiente, como se aplica el Bien comunes estos casos, creo que a la necesidad de la mayoría de la población es de solventarla. Esa mayoría es la población sana como en su mayoría que asiste a la universidad o que labora en diferentes partes del país. Pero aparecen los malacates que no permiten una armonía social y que destruyen vidas productivas y muy humanas. Hay que tener compasión con estas personas? Hay que tener compasión con aquellos que privan de libertad a mujeres además de violarla y matarlas y también a personas sólo para que paguen renta y después matarlas?. Ciertamente que como cristianos deseamos que se conviertan que cambien su forma de vida, para mientras surja ese cambio y se conviertan al Evangelio se debe aplicar el rigor de la ley.
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Carlos1870116149
12/07/2019
17:25 pm
Mi intención en este comentario es la de manifestarle a la UCA mi entera solidaridad. No siempre comparto las opiniones vertidas, pero no es eso lo importante, pues por el momento veo que en el país son pocas las actitudes críticas. Vi en Facebook los llamados a asesinar a los jesuitas en un foro de Nuevas Ideas. Me ha indignado mucho. Y las denuncio como totalitarias.
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Alcides
11/07/2019
23:54 pm
Mas claro, mejor no se puede decir. Muy valiente, en este comentario, el padre Cardenal.
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