No existe evidencia científica que confirme que alargar la jornada laboral diaria a 10 u 11 horas traiga beneficios para el rendimiento o la salud de los y las trabajadoras; más bien es lo contrario: diversos estudios indican un impacto negativo. En realidad, el interés por reducir la jornada laboral se volvió una tendencia global desde el siglo XVIII, tiempos en que iniciaba la Revolución Industrial. Los mismos trabajadores se dieron cuenta de la desproporcionalidad entre horas de trabajo y productividad, y eso los llevó a exigir períodos de descanso suficientes y jornadas laborales adecuadas. En esta línea, la duración de la jornada laboral siempre ha sido un tema clave para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), desde su fundación en 1919. En ese año, el tema del primer convenio de la OIT fue precisamente el establecimiento de límites a las horas de trabajo diarias y semanales.
Aumentar o reducir las horas laborales se puede ver desde dos perspectivas: la de los empleadores y la de los trabajadores. Desde los primeros, en general, la creciente diversidad en la estructura de las horas de trabajo plantea interrogantes acerca de su relación con la productividad, la cual, según los estudiosos del tema, es un problema en El Salvador desde hace buen tiempo. Los patronos se esfuerzan por aumentar la productividad de sus empresas optimizando la productividad de los trabajadores, para que generen productos de mejor calidad al menor costo posible. Esa es la ley básica de un empresario: maximizar ganancias y minimizar costos.
En ese espíritu, en 1926, en pleno apogeo de la discusión sobre la cantidad de horas laborales, Henry Ford implementó una semana laboral de 40 horas. La medida arrojó evidencias de que la reducción de la jornada laboral de 10 a 8 horas diarias y de la semana de trabajo a 5 días implicaba una mejora notable de la productividad y una reducción de los gastos de producción. Más recientemente, una investigación que incluyó a 4,197 trabajadores coreanos mostró que trabajar 52 o más horas a la semana conllevaba problemas de salud que impactaban negativamente en la productividad. Y en el Reino Unido, un análisis de las jornadas laborales entre 2004 y 2011 reveló que largas horas de trabajo se relacionaban con ausentismo laboral, especialmente por razones de salud.
Es decir, desde la perspectiva de los y las trabajadores, las consecuencias de largas horas de trabajo van de mayores tasas de lesiones o accidentes, pasando por aumento del ausentismo laboral y bajos niveles de supervisión y eficacia, hasta el incremento de la probabilidad de cometer errores por cansancio. El exceso de trabajo tiene un impacto negativo en la productividad tanto del personal como de las empresas. Es más, muchas investigaciones recientes proporcionan evidencia empírica que confirma que reducir la jornada laboral manteniendo los niveles salariales es una medida eficaz para mejorar el bienestar de los empleados y fomentar un aumento de la productividad.
En El Salvador, quienes defienden la propuesta de aumentar la jornada laboral diaria han mencionado, sin citar ni mostrar ningún estudio, que en otros países, como el Reino Unido y Japón, ya se han tomado este tipo de medidas exitosamente. Ciertamente, en Reino Unido, en junio de 2022, comenzó un experimento piloto con cerca de 70 empresas para reducir la semana laboral de cinco a cuatro días sin afectar el salario. Pero hay que decir también que la reducción implicó bajar el número de horas laborales a la semana a 32, en jornadas diarias de siete a ocho horas. Después del experimento de seis meses, el 92% de las empresas decidieron continuar con la medida y más de la mitad la adoptó permanentemente. Por su parte, el Gobierno británico ha propuesto que las empresas den a los y las trabajadoras esa opción de trabajo, pero aún no tiene carácter obligatorio. En Japón se redujo la semana laboral a 4 días, pero sin reducir las horas semanales de trabajo, que allá son 40, no 44 como en El Salvador. El enfoque japonés más extendido consiste en concentrar las mismas 40 horas semanales en 4 días con jornadas de 10 horas diarias, sin afectar el salario.
La pregunta que queda en el tintero sobre la propuesta del Ministerio del Trabajo es a quién beneficia. Todo parece indicar que no a la clase trabajadora. Ningún trabajador ni nadie que le apoye puede decir que esta reforma es para beneficio de los empleados, a menos que se reduzca el número de horas semanales. Sin embargo, lo más probables es que la propuesta se apruebe. Como en otros aspectos de la vida nacional, El Salvador involuciona, también en las conquistas y derechos de la clase trabajadora.
* Omar Serrano, de la Vicerrectoría de Proyección Social.