Crisis aguda de prestigio y credibilidad

0
Rodolfo Cardenal
23/04/2026

La crisis de los derechos humanos se ha agravado y ha adquirido nuevas dimensiones al incluir, inesperadamente, a la primera dama. La reacción de Bukele no se hizo esperar. Insiste en confundir derechos y justicia con terrorismo e inseguridad, un argumento inaceptable, excepto para sus fieles. En un esfuerzo desesperado por sostener una posición cada día más débil, clama, casi implora, ver el video que confirma su postura, ver con claridad, no dejarse engañar, fijarse bien, porque no lo dice él, sino la grabación, que no quede duda alguna. Estas expresiones, reunidas en las pocas líneas de una publicación en X, revelan inquietud e impaciencia ante una crisis que parece inmanejable.

La indiscreción de uno de sus hermanos comprometió la imagen de su esposa, al asegurar que su despacho forma parte de la comisión ad hoc que decide la inocencia de los detenidos por el régimen de excepción y, por tanto, quién sale libre y quién no. Aunque no la implica directamente, es difícil que desconozca las actividades de sus colaboradores.

La intempestiva imposición de la cadena perpetua a los menores de dieciocho años colocó a la primera dama, por otro lado, en una posición embarazosa. En diversos foros internacionales vinculados al sistema de la ONU, ella ha expuesto sus iniciativas a favor de la familia y los menores. El Movimiento para el Fomento de la Nutrición, patrocinado por dicha organización, la invitó a formar parte de su dirección en reconocimiento de su labor. Y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) participó activamente en la implementación de sus iniciativas más destacadas: “Nacer con cariño”, “Crecer juntos” y “Amor convertido en alimento”.

Dado este historial, Amnistía Internacional recurrió a ella como “interlocutora clave” de su marido para que le pidiera revisar la legislación sobre la cadena perpetua de tal manera que garantice el derecho de los menores a la reintegración social. La organización se permite recordarle que imponer esa pena a los menores está reñido con las directrices internacionales sobre la justicia juvenil y, en particular, con los principios de la Unicef, uno de sus aliados estratégicos.

Adicionalmente, le solicitó interceder por aquellas personas cuyos hogares fueron destruidos por las detenciones masivas y arbitrarias del régimen de excepción. Las madres que buscan a sus hijos e hijas piden saber dónde y cómo están. No cuestionan la necesidad de la seguridad; solicitan satisfacer una necesidad básica a la cual no pueden renunciar, porque la maternidad las une indisolublemente con sus hijos e hijas. Amnistía le sugiere a la primera dama abrir un espacio seguro para escucharlas. No es un debate sobre seguridad, sino atender las inquietudes de madres angustiadas por sus hijos, que no han sido condenados por ningún delito, y por las condiciones en que son procesados.

La crisis ha colocado a la primera dama ante un dilema. Si decide no darse por aludida, se desprestigia, no tanto dentro del país como fuera. Difícilmente podrá comparecer de nuevo en los foros internacionales donde sus aportes sobre la familia y la niñez han sido aplaudidos. El descrédito no recaerá solo sobre ella, sino también, y sobre todo, en el régimen de su esposo. Un punto muy sensible, tal como muestran las andanadas en X contra la prensa y las organizaciones de derechos humanos, algunas de las cuales mantienen una relación estrecha con su propia esposa.

Si aboga por los menores y las madres es probable que choque con su marido, para quien ceder a las peticiones de Amnistía Internacional es una claudicación inaceptable. Si su intercesión es rechazada, será evidente que su influencia es poca.

La crisis de los derechos humanos alcanzó un nuevo nivel al llegar a una comisión del Congreso estadounidense, que tomó nota de la larga lista de violaciones y de presuntos crímenes de lesa humanidad. La reacción de Bukele desvela la impotencia de su régimen para contener la propagación de las denuncias y del desprestigio. A esto se suma que juzgar a 486 pandilleros en combo no ha sido recibido como una “genialidad” de la justicia nacional, sino como un hecho reprobable. Muy a su pesar se perfila cada vez más como un típico dictador latinoamericano de los siglos XIX y XX.

No todo está perdido. El recurso a la intercesión de su esposa le ofrece una salida elegante. Las peticiones de Amnistía Internacional son fáciles de implementar si hay voluntad política. Aceptarlas en su nombre, una mujer consagrada a la familia y a los menores, realzaría su trabajo como primera dama y a él lo proyectaría como un gobernante magnánimo que sabe escuchar.

Un gesto de esta naturaleza es más eficaz para empezar a contener el daño ocasionado por la crisis actual que la proliferación de publicaciones en X provocadoras e insultantes. Estas quizás alivien la presión, pero no convencen. Es claro que la aproximación actual solo desgasta la imagen presidencial.

 

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

Lo más visitado
0