Babel o Jerusalén

1
Editorial UCA
27/05/2026

Uno de los poemas más conocidos de Robert Frost, “El camino no elegido”, plantea la imagen de dos vías divergentes. Si bien buena parte de sus lectores interpretaron los versos como una defensa de la decisión de buscar el propio destino, algunos críticos señalan un posible trasfondo irónico: cada camino tiene elementos similares al otro, por lo que siempre permanece la duda sobre lo que se perdió al optar por una ruta y no otra.

Este 15 de mayo, el papa León XIV publicó su primera encíclica, Magnifica humanitas, en la que señala que, gracias a los avances digitales y la globalización de la inteligencia artificial, la humanidad se encuentra ante dos caminos: uno conduce a Babel, una ciudad deshumanizada y sin Dios, cuando se priorizan las ganancias sobre la equidad y la dignidad, y se reduce a las personas a meros datos. Con voz firme, el papa advierte sobre una dinámica de polarización que divide comunidades, elimina los límites éticos y está al servicio de la concentración del poder. Frente a este camino, el papa señala otro. Lo denomina el camino hacia Jerusalén, una urbe en la que Dios está en el centro, donde se reconocen la diversidad como una riqueza, y el diálogo, la escucha y la fraternidad como dones.

Al igual que otros países, El Salvador se enfrenta a esa disyuntiva. De acuerdo con los datos más recientes de la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples (2023), es muy marcada la diferencia de acceso a internet entre el área urbana, donde el 51% de los hogares tiene conexión, y las zonas rurales, en las que apenas el 13% la tiene. Si se considera que buena parte de la educación y de los servicios de salud del futuro dependerán de ese acceso, es necesario que el Estado facilite una conexión gratuita y de calidad; sin ello, se profundizarán las desigualdades en el acceso a la salud y la educación.

Pero el camino a Jerusalén, hacia una tecnología que recupera lo mejor de la naturaleza humana, requiere no solo conexión. Implica también una discusión profunda de los recursos naturales necesarios para generar y mantener las tecnologías. La tecnología digital requiere explotar la tierra, minar cobre y tierras raras... El calentamiento global es una muestra de las consecuencias de explotar intensivamente los recursos naturales. Le corresponde a la ciudadanía exigirle a las autoridades que formulen y sometan a debate políticas públicas y cuerpos legales que regulen las tecnologías en función de una sociedad más humana.

En los últimos cinco años, El Salvador ha aprobado al menos cinco leyes relacionadas con el ámbito digital y tecnológico: la Ley Bitcoin (2021), la Ley de Protección de Datos Personales y Habeas Data (2021), la Ley de Ciberseguridad y Seguridad de la Información (2021), la Ley de Emisión de Activos Digitales (2024) y la Ley de Creación de la Autoridad Nacional Digital (2025). Pese a su aprobación —sin debate multisectorial—, las estafas digitales se han multiplicado y muchos datos personales circulan sin mayor restricción.

El papa insiste en el peligro de que las tecnologías del universo digital queden al servicio de los sectores privilegiados, sirvan para explotar a los sectores vulnerables y empeoren la situación de los excluidos por el sistema. León XIV llama a tomar el camino que protege la dignidad humana, no concentra la tecnología en pocas manos y exige construir códigos éticos compartidos en comunidad.

Lo más visitado
0