Refrito indigesto

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Rodolfo Cardenal
13/08/2026

 “Las dos caras de Nayib Bukele” ha herido susceptibilidades. El oficialismo, encabezado por el mismo Bukele, lo descalificó como un refrito. Pero si el contenido ya era conocido, por qué se enojaron tanto. La desproporcionada reacción dio publicidad gratuita a un documental que pudo haber sido uno más del montón.

Si bien los hechos son conocidos, al reunirlos en un documental para exponer la doblez de Bukele, la cadena de televisión estadounidense en español abrió una nueva perspectiva. Otra novedad, también irritante, son las imágenes desconocidas del acto de graduación de bachiller de un desgarbado Bukele, acompañadas de la información sobre la etiqueta al pie de su fotografía en el anuario. Sus compañeros colocaron “El payaso de la clase”, pero Bukele la reemplazó por “El terrorista de la clase” para no pasar vergüenza en el seno familiar. En sentido estricto, no es, pues, un refrito.

Ciertamente, la mayoría de los hechos son conocidos, pero estos están estructurados de tal manera que muestran un Bukele de doble cara, una construcción que se le atragantó al oficialismo. A pesar de ello, nadie ha refutado los hechos. Sus voceros restan relevancia al documental por considerarlo un fracaso o producto de la frustración de unos autores que no consiguen reducir la popularidad presidencial. Otro argumento defensivo es el financiamiento, proveniente del crimen organizado o de medios afines a este, olvidando que Univisión milita en el bando contrario. La credibilidad presidencial está por los suelos para que una empresa como esa la ponga en evidencia. Los círculos presidenciales aparentan estar convencidos de que la gente vive tan feliz que no presta atención al documental. Entonces, no tienen por qué preocuparse. Ya se ganaron su mente y su corazón. Por eso tampoco miran las frecuentes cadenas nacionales, ¿o estas sí?

El contrargumento de más peso es que los periodistas no entrevistaron a las víctimas de las pandillas y, en consecuencia, al atacar a Bukele, las defenderían. Es la primera vez que el oficialismo explota crudamente las pérdidas, los sufrimientos y las discapacidades de las víctimas de los pandilleros. No porque sienta compasión hacia ellas, sino porque se sirve de ellas para atacar a quienes se atrevieron a enlodar la imagen de Bukele. Descontrolado, el oficialismo olvida que las pandillas no son el tema, sino la doblez de este.

El señalamiento es tan embarazoso que hasta el mismo Bukele se sintió obligado a intervenir. Respondió a Univisión con otra producción videográfica que presenta algunas fases de su trayectoria, desde su juventud, incluido su bachillerato, hasta la presidencia. Se muestra a sí mismo inaugurando infraestructuras, presidiendo actos oficiales y compartiendo con su familia. El mensaje es visual, sin texto, ambientado con música gloriosa.

El oficialismo tomó nota y transformó una juventud gris en una sucesión de éxitos. Su inteligencia y su esfuerzo, sin mayor formación académica, lo llevaron a la presidencia para salvar al país. Los creadores de estos contenidos omiten que esa trayectoria está determinada también por alianzas inconfesables, negocios sucios y trasiego de dinero ilícito.

La confrontación entre los dos Bukele, el ejemplar y el impresentable, puso en crisis un liderazgo cuidadosamente construido. El documental enfoca realidades que se ha empeñado en ocultar y negar. La reacción de la opinión pública interna no preocupa tanto como la externa. El documental profundiza el descrédito de un liderazgo inicialmente interesante y exitoso. Por eso, el refrito resulta muy indigesto.

Voces aisladas del oficialismo aceptan los señalamientos del documental, al mismo tiempo que reafirman su lealtad a Bukele. Puede que tenga dos caras, pero ningún presidente se ha preocupado tanto por la seguridad como él. La popularidad más consciente se consuela diciendo que el mal es necesario para alcanzar el bien, un principio inmoral impropio de creyentes fervorosos.

El documental sacó de su zona de confort al oficialismo al dejar de lado las pandillas y enfocar la forma de actuar de Bukele. Un presidente que, por un lado, persigue pandilleros con saña, pero, por otro, negocia con ellos y pone en libertad a sus líderes. Un presidente que se dice enemigo de la corrupción, que incluso amenaza con la cárcel a sus colaboradores más cercanos, pero, por otro lado, les tolera toda clase enjuagues.

El enfoque resultó perturbador. El oficialismo no se atreve a abundar en él. Alterado, desvaría cada vez más en un intento desesperado por desacreditar el documental. Dejando de lado consideraciones personales, tanto la pieza periodística como las reacciones que desató muestran la falta de consistencia del modelo de Bukele. Un modelo que no es creíble, que descansa en la contradicción y, en ese sentido, en la irracionalidad. En el exterior, el descrédito se refuerza y la imagen se malogra.

En un régimen de la imagen, de la apariencia y del disimulo, es denigrante verse desnudado en público.

 

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

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