Derechos del trabajador y dispersión

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El pensamiento obrero, normalmente manifestado masivamente el 1 de mayo, reclama siempre los derechos del trabajador. Otros pensamientos —económicos, filosóficos o teológicos— insisten en la prioridad del trabajo sobre el capital. En particular, la doctrina social de la Iglesia católica es muy clara al respecto. El papa Juan Pablo II decía taxativamente que se debe ante todo recordar “un principio enseñado siempre por la Iglesia. Es el principio de la prioridad del ‘trabajo’ frente al ‘capital’”. Y precisamente porque el trabajo es siempre la fuente del capital, todo trabajador tiene derecho a propiedad privada. En el pensamiento católico, los bienes creados tienen un destino universal. Y para la Iglesia, la mejor manera de llegar a ese destino es teniendo cada uno suficiente propiedad como para garantizar tanto el disfrute de los bienes como el desarrollo humano personal. En sociedades complejas, es necesario que algunos de estos bienes, como la salud o la educación, sean socializados para que todos sin excepción puedan tener acceso adecuado a ellos.

Frente a esta temática, brevemente expuesta, llama la atención el hecho de que en El Salvador apenas se hayan reivindicado los derechos del trabajo el 1 de mayo. Que no se reclame frente a lo radicalmente injusta que es la ley del salario mínimo llama poderosamente la atención. Que no se exija una lucha más frontal contra la pobreza y una solidaridad más acentuada no como principio opcional, sino como exigencia plasmada en leyes choca con nuestra realidad. Vivimos en un país con un 40% de personas en la pobreza. La violencia tiene sus raíces, entre otras causas, en la profunda e hiriente desigualdad e irresponsabilidad social. Cuando los liderazgos económicos y políticos no insisten ni caminan adecuadamente hacia la justicia social, se producen rupturas de la cohesión entre personas y grupos que tienden a generar diversas formas de violencia. Una clase obrera organizada debería tener esto muy claro y mantener una exigencia y reivindicación radical en pro de una solidaridad adecuadamente plasmada en las estructuras socioeconómicas y de protección social.

Frente a esto, lo que se pudo observar este 1 de mayo fue un movimiento obrero profundamente disperso y dividido. Un sector del mismo más preocupado por temas políticos y otro más movido por intereses gremiales. Ante problemas comunes, los trabajadores organizados han caído en la dispersión, con todo lo que la misma significa: debilidad frente a la pobreza y la injusticia social, nula incidencia frente a la multiplicación de la violencia, falta de perspectivas y esperanzas, contribución al descenso de la confianza ciudadana en el futuro. El liderazgo que el movimiento obrero organizado debería tener para el bien de nuestro país está como dormido o al menos distraído en intereses que antes se solían llamar pequeño burgueses. Lo que es peor, el movimiento obrero se ha olvidado de los problemas de los más pobres. Enaltecer a monseñor Romero como adalid de las causas sociales de El Salvador y no enfrentar adecuadamente los serios problemas nacionales no deja de ser una forma de hipocresía o, al menos, de ingenuidad e ignorancia. Renovar la reivindicación en favor de quienes trabajan y ganan el pan y la tortilla con el sudor de su frente, tener claridad de los intereses comunes, presionar en favor de una mayor inversión en todos y cada uno de los trabajadores del país son tareas pendientes y urgentes.

Hemos celebrado el 1 de mayo poco después de que la Asamblea Legislativa fuera incapaz de ratificar el derecho constitucional al agua. Y todos sabemos que prácticamente la mitad de la población tiene serios problemas de acceso al agua. Cuando los políticos, cegados por sus intereses y divisiones son incapaces de responderle al pueblo, es la sociedad civil, la sociedad de los ciudadanos conscientes, la que debe responder, exigir, forzar la marcha de la historia. Y la clase trabajadora organizada, representante por excelencia de los principales productores de esa riqueza mal repartida en El Salvador, es una parte fundamental, o debería serlo, de la sociedad civil. Pero estamos demasiado acostumbrados por la fuerza propagandística de unos cuantos ricachones a pensar que la sociedad civil solo está compuesta por quienes tienen títulos universitarios, dinero o capacidad de salir en los medios de comunicación. Un craso error que con frecuencia paraliza a las fuerzas sociales más positivas, pues la sociedad civil solo podrá tener liderazgo cuando la conciencia social adquiera fuerza y vigor en la mayoría de los ciudadanos. Y para ello, los trabajadores organizados, críticos y con un pensamiento nacional claro son indispensables. No se vio ese sector el 1 de mayo. Ojalá que las distracciones que todo grupo social puede tener no le impidan durante más tiempo al movimiento obrero y campesino ser uno de los motores principales de las transformaciones que necesita el país. Transformaciones que, sin destruir a lo que habitualmente llamamos capital, den verdadera prioridad y dignidad al trabajo en nuestra tierra.

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Anónimo
16/05/2015
16:02 pm
Estoy de acuerdo con la crítica, elopropblema es que los trabajadores no realizan estudios que les permita comprender la realidad. Y uno de los puntos esenciales es analizar las oprivatizaciones que tienen al Estado pidiendo, en vez de disponer de los servicios públicos que ARENA otorgó indebidamente a las transnacionales, dejando al Estado sin ingresos propios como era antes de 1989. Y eso debe ser recuperado ya.
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Anónimo
08/05/2015
05:01 am
Contundente! Los movimientos sociales no pueden seguir pensando que los cambios vendrán de arriba, gobierne quien gobierne. La pobreza y la violencia, que tiene hoy más que nunca rostro de mujer, exige una lucha frontal contra el sistema capitalista y patriarcal y debemos asumirla como propia.
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Anónimo
07/05/2015
23:01 pm
Excelente artículo, el 1° de Mayo dejó descubierto al movimiento social disperso sin identidad propia mas bien respondiendo a los intereses políticos y la agenda gubernamental de forma incondicional. Está bien que apoyen al gobierno del Presidente Salvador Sánchez C. en el entendido que es el Gobierno de los pobres para los pobres, lo incongruente es que no empujen para que este haga los cambios verdaderos en beneficio de los mas necesitados comenzando con mejorar las condiciones básicas para una vida digna como es el derecho al agua para todos, respeto al medio ambiente, trabajo para todos, construcción de viviendas destinadas para los de menos recursos económicos, respeto a las leyes laborales.
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