Donde dije digo, digo Diego

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Rodolfo Cardenal
22/10/2026

Las conferencias de prensa son terreno minado cuando se camina en las sombras. El vicepresidente, la cara internacional del régimen, lo experimenta continuamente. Las preguntas sobre el régimen de excepción hacen que pierda los papeles. En un encuentro con la prensa para anunciar la inversión extranjera directa “más grande de la historia”, la pregunta de una periodista, que pidió el micrófono a gritos, desconcertó a Bukele. Sorprendido, trastabilló al intentar explicar el trabajo de la comisión que, según indiscreción de uno de sus hermanos, revisa los casos de los detenidos y los libera. Así, una conferencia de prensa meticulosamente planificada se salió de control.

Delante del inversionista multimillonario, Bukele se metió en un berenjenal. Dijo que tiene un plan para beneficiar “con una liberación anticipada” a “más o menos un 50 por ciento de los presos que habían colaborado con las pandillas”. Aunque culpables, los pondría en libertad. Y agregó, tal vez como justificación, que el encarcelamiento masivo había acabado con los homicidios y las violaciones. Pero las estadísticas policiales y fiscales dicen lo contrario.

Tres días después, en otra conferencia de prensa, esta vez con la presidenta de Costa Rica, se desdijo. No dijo que favorecería a los pandilleros, ni que pondría en libertad a miles de colaboradores, sino que revisaría el caso de más de diez mil colaboradores ocasionales para enviar la mitad al programa Cero Ocio y luego, ya rehabilitados, ponerlos en libertad. Lo que dicen que dijo sería invento de la prensa “globalista”, cualquier cosa que eso signifique.

Mientras la presidenta de Costa Rica aguardaba su turno de pie, pues no le ofrecieron donde sentarse tal como es usual en estos actos, Bukele adoptó la actitud del maestro que explica una cuestión difícil a discípulos díscolos con la ayuda de “dibujitos”. Incómodo e inseguro, describió la estructura de las pandillas, especificó la cantidad de integrantes de cada segmento e identificó al sector que beneficiaría.

Los “dibujitos” no contribuyeron a aclarar la postura de Bukele. La cantidad de pandilleros atribuida a cada segmento de la organización criminal carece de base empírica. Tampoco sabe a ciencia cierta cuántos detenidos tiene en el programa Cero Ocio. Primero dijo que eran 17 mil. Enseguida dijo que eran decenas de miles. Mientras que el oficialismo habla de 45 mil. Sostener que la quinta parte de la población de El Salvador, más de un millón, colaboró con las pandillas es delirante. Es la misma ligereza con la que el oficialismo habla de ocho mil inocentes liberados desde hace años, una cifra mágica sin fundamento. Los números no son el fuerte de Casa Presidencial.

La segunda conferencia de prensa no consiguió sacar de apuros a Bukele y sus asesores. El mayor acierto de la dictadura se encuentra sumido en un laberinto de sinsentidos y contradicciones. Durante años, sostuvo rotundamente que los pandilleros nunca saldrían de la cárcel. Ahora, pondrá en libertad a varios miles. Primero dijo que la liberación sería inmediata. Después, que tendría lugar una vez concluida su rehabilitación. Al comienzo, trató a los capturados por el régimen de excepción con el mismo rasero. Ahora, reconoce la gradualidad en la responsabilidad criminal y, por tanto, también en la pena.

El año pasado, Bukele introdujo la cadena perpetua, prohibió la libertad condicional a los condenados por delitos relacionados con el crimen organizado y aumentó desproporcionadamente todas las penas existentes. Ahora resulta que no todos los pandilleros merecen cadena perpetua, razón por la cual pondrá en libertad a la mitad de los diez mil colaboradores. De la misma manera que endureció las penas, ahora no solo suprime la cadena perpetua en algunos casos, sino que pondrá en libertad anticipadamente a los beneficiados. No es que antes fuera extremadamente duro y ahora sea muy blando, sino todo lo contrario.

Una cosa es clara. El sorprendente giro de la práctica punitiva desautorizó a los altos funcionarios, a los legisladores y a sus voceros que, desde siempre, han acusado a quienes abogan por las víctimas inocentes del régimen de excepción de favorecer a los pandilleros. Ahora resulta que el mismo Bukele los favorece, mientras que a los inocentes los deja en el limbo. Descolocado, el oficialismo se esfuerza por rescatar lo más aceptable de la segunda conferencia de prensa.

Las dos comparecencias fueron todo menos felices. Casa Presidencial gobierna sin información, sin reflexionar, sin contrastar y sin calcular las consecuencias de sus decisiones. El resultado es el desgobierno y la creciente erosión de la credibilidad gubernamental.

El incidente se cerró con tres sentencias emblemáticas de autoafirmación. Al final de la segunda comparecencia, Bukele repitió varias veces que la reducción de los homicidios es “la más extrema de la historia de la humanidad”, que “nadie en la historia de la humanidad, en ningún país, ha logrado lo que hemos logrado nosotros” y que, por tanto, el régimen de excepción “es oficialmente el mejor plan de combate al crimen del mundo”.

 

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

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