Preguntas sobre la intervención en Haití

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Rodolfo Cardenal
29/10/2026

La primera pregunta es sobre el hecho que dio origen a la intervención. ¿Por qué los soldados desaparecidos fueron a comprar comida en una zona de alto riesgo? ¿Acaso la misión multinacional de la ONU no se las proporciona? ¿Por qué circulaban en un vehículo blindado sin escolta en la periferia de la capital de Haití controlada por las pandillas y rara vez patrullada por las fuerzas de dicha misión? ¿Por qué esta no ha proporcionado un relato consistente de lo ocurrido?

La segunda pregunta es el objetivo de la intervención de miles de soldados salvadoreños en Haití. ¿Localizar y liberar a los desaparecidos? O ¿exterminar a las bandas criminales? La amenaza de Bukele, al estilo Trump, apunta en esta dirección. Él mismo advirtió a los jefes de las pandillas que “el ataque de hoy no es nada comparado con lo que está por venir”.

El complemento de la amenaza, “ya hemos terminado con las pandillas en El Salvador y podemos terminar con las de ustedes también”, plantea una tercera pregunta: ¿piensa Bukele que puede replicar la experiencia salvadoreña en Haití? ¿Es consciente de la diferencia abismal entre ambas realidades? Las bandas criminales haitianas controlan la mayor parte de la capital desde 2021. No solo desarticularon a las instituciones públicas, sino también al Estado, mantienen vínculos históricos con el poder económico y político, trafican drogas y armas, reclutan masivamente a menores de edad y han demostrado una gran capacidad para adaptarse a las circunstancias.

“Vivamos juntos”, una poderosa alianza de las principales organizaciones, creada en 2024 para expulsar a las tropas extranjeras, se autofinancia a través de una compleja red de extorsiones y secuestros masivos, y controla operativamente las terminales petroleras, el acceso a los puertos, incluso las proximidades del aeropuerto internacional.

Ante un enemigo tan formidable, ¿habrá ponderado Bukele sus fuerzas tal como aconseja la prudencia? ¿Triunfará donde otros fracasaron? ¿A qué costo? En 1994, Washington envió veinte mil soldados para reorganizar el país. En 2004, junto con Canadá, volvió a invadirlo y destacó una fuerza multinacional. Todo en vano. A mediados de 2025, el Consejo de Seguridad de la ONU volvió a intentar restablecer el orden con una fuerza multinacional de la cual Bukele forma parte y a la cual pertenecían los cuatro desaparecidos.

Las bandas recurren cada vez más a los secuestros y la violencia indiscriminada para presionar una negociación con las fuerzas de ocupación. La emboscada donde desaparecieron los soldados de Bukele es parte de ese forcejeo. Un acérrimo defensor de la autodeterminación y la soberanía nacional como él no debiera sorprenderse de esa reacción. En Haití, sus fuerzas armadas forman parte de una intervención extranjera.

Por otro lado, es ingenuo no contemplar la eventual ocurrencia de bajas en una misión multinacional en un territorio tan conflictivo como Haití. ¿Opera aquí el símil de las pandillas salvadoreñas que se entregaron sin oponer resistencia armada y sin causar ninguna baja en las fuerzas del régimen de excepción? Esa expectativa es infundada y tiene consecuencias gravísimas como se constata.

La violencia desatada por el crimen organizado pone de manifiesto la ineficacia de las intervenciones militares. Desde el final de la esclavitud y la independencia de Francia en 1804, la historia de Haití está jalonada por confrontaciones violentas. De ahí que circule la especie de que puede convertirse en un fiasco de proporciones gigantesca para un Bukele engrandecido. Las ofensivas militares no garantizan la solución de un desafío de carácter estructural.

En lugar de contribuir a resolver una situación tan compleja como la de Haití, la intervención de Bukele creó las condiciones para un nuevo conflicto militar internacional, cuyo desenlace es incierto. Las primeras incursiones armadas no han arrojado el resultado esperado. El fuego es nutrido y constante, pero el ejército invasor no avanza. No ha encontrado a los desaparecidos, la razón formal de su presencia en suelo haitiano.

Dar con ellos en un territorio dominado por bandas fuertemente armadas, sin pistas sobre su paradero y en un terreno desconocido no será nada fácil. Si la operación se estanca, ¿optará Bukele por la tierra arrasada, caiga quien caiga, profundizando aún más la crisis humanitaria existente y violentando los derechos humanos de la población civil? ¿Puede hacerlo impunemente en un país extranjero como ya lo hizo en El Salvador con el régimen de excepción? Si los países que participan en estas misiones adoptan la actitud de Bukele, crearían un caos más profundo que el que intentan enmendar.

Una última pregunta: ¿actúa Bukele bajo la autoridad de la fuerza multinacional y la policía local o en alianza con la empresa estadounidense de mercenarios presente en Haití? ¿La invasión de Bukele se desarrolla acorde con el derecho internacional?

P. D.: Casa Presidencial haría bien en tomar nota que ahora se desenvuelve en el ámbito internacional, donde no controla el relato. Las fuentes, los actores y los medios no dependen de ella, ni le deben consideración alguna. Es un territorio minado, donde los deslices se pagan caro.

 

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

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