Futuro que nos condena

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Oswaldo Feusier
11/02/2016

Vivimos un tiempo singular; atestiguamos un momento largamente esperado en una lucha de décadas: se ha ordenado la detención de 14 perpetradores de un crimen contra la humanidad, cometido durante el conflicto armado. Por supuesto, como sucede siempre en esos raros momentos en que la justicia parece ganar, enfrentamos una tormenta de afirmaciones que buscan empañar el proceso y que cansinamente nos venden la misma idea: los crímenes del pasado se deben quedar ahí, en el pasado; miremos al futuro. En esencia, se trata de afirmaciones que parecen fuertes, pero no porque sean convincentes. Lo parecen porque nos lo creemos, ayudados quizás por la apatía, la comodidad o la simple pereza de confrontar a quien las dice, sobre cuando este último tiene un cargo de autoridad. Vistas con detenimiento, en el fondo no son más que excusas incapaces de resistir un mínimo de racionalidad.

El famoso “Se abrirán heridas del pasado” es una auténtica tontería. El pasado no es una persona y, por tanto, no sufre heridas. Quienes sí, son las personas, heridas físicas y emocionales. Si se tiene un hijo desaparecido, se sufre una herida emocional que no sana fácilmente, que se mantiene abierta hasta la fecha. Sin embargo, los pregoneros de la impunidad se empeñan en decretar el cese de todo sufrimiento ¿Quiénes son ellos para hablar por todas las víctimas y decretar clausuradas sus heridas? ¿Qué autoridad moral tienen para ordenar que toda víctima olvide? ¿Con qué derecho lo hacen cuando la ley nacional e internacional consiente que una víctima conozca la verdad de su familiar desaparecido?

Otra afirmación recurrente es que “Hay que mirar hacia el futuro”. La frase me recuerda a otra expresada por W. Benjamin: “Los muertos interrogan a la comunidad de los vivos”. El futuro, en la visión de este filósofo, no es estático ni mucho menos el gran brutalizador del pasado; implica un profundo acto de comunión con el sufriente de ayer, al que le hacemos una promesa: “No más, nunca más”. ¿Cuál es nuestra promesa con las voces del pasado? ¿Qué promete un país donde la masacre de todos los habitantes de un cantón solo conoce el olvido? Convertir el futuro en el sepulturero del pasado es aceptar que sea la piedra de sacrificio de las nuevas generaciones. Y nadie merece tan poco.

Por otra parte, decir que buscar la verdad “atenta contra el orden, la concordia y la paz” se sirve de una premisa curiosa: vivimos en orden, paz y concordia; una afirmación atrevida, cuando no dicha de mala fe. Si presumimos que es cierta (más que presumirse, debe fantasearse), nos obliga a imaginar la idea de “orden” y “paz” que habita en la cabeza de quienes utilizan el razonamiento. Y es que “orden” hay de muchos tipos y la “paz” también la encontramos en los cementerios. Cualquier paz cimentada sobre la impunidad, el silencio forzado y el sufrimiento de las víctimas es un “orden” que no le envidia nada a la estatua del sueño bíblico: pesada, maciza, gigante, con cabeza de oro fino, pero que finalmente cae a pedazos por tener los pies de barro. Hay órdenes por los que no vale la pena luchar, así como hay formas de paz que no son más que el producto de un silencio incomodo y forzado. Si un país se asienta en la represión impune y el olvido de las más elementales nociones de  derechos humanos, entonces no vive en democracia.

Aun con todo, hay un razonamiento más infame que los anteriores, formulado como pregunta: “¿Y las víctimas del otro bando?”. Ruin porque defiende la impunidad utilizando el dolor ajeno. El argumento supone unas víctimas olvidadas, para las cuales no se pide justicia, pero cuya existencia valida enterrar en el olvido a otros dolientes. Así, al sufrimiento causado se le suma más dolor en nombre de esas otras víctimas. Pero las “víctima del otro bando” siguen siendo tales; una voz del ayer que nos reclama por un presente construido a base de su sufrimiento. El rescate de esa voz humillada no se realizará cuando todos callen, sino más bien, como dijo Bejamin, cuando dejemos que estas voces llenen el silencio y nos interroguen. Mientras más voces se recuperen, mejor será. Cada victoria al respecto, por pírrica que sea, contribuye a quebrar la pesada condena de un futuro que brutaliza el pasado, un futuro que nos condena a todos.

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Anónimo
17/02/2016
17:53 pm
Es terrible pensar que se supone que resolviendo este caso, se reparará el proceso histórico y democrático de El Salvador. Cúando van a entender que se precisan muchas bocanadas de impunidad repito impunidad, para avanzar un poco en materia de reparo. Hay por lo menos 1 millón de cosas mas importantes en este país; la UCA debería tener mas de 2 temas, deberían hablar e investigar algo más que de sus \"mártires\" y una que otra cosa interesante que tienen de migrantes.
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Anónimo
13/02/2016
08:47 am
Me llama a la atención que en las entrevistas televisivas no se pedido la opinion de las victimas. También yo no sobía que la extradicción debe pedirla la corte suprema de España y lo peor aún es que no está tipificado los delitos de lesa humanidad en nuestras leyes. También me llena de miedo, a generales que se sienten perseguidos (por la justicia española) y hablan de forma amenzante como quien dice que quisieran volver a matar a inocentes (nosotros, que pedimos nos exploquen qué sucedió...)
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Anónimo
12/02/2016
11:07 am
La corte le esta dando largas al asunto y lafuga de los pricipales implicados, indica que los de la corte no darán la extradición.¿Donde están los famosos fantásticos?
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