Un panorama de las edificaciones ante los sismos en El Salvador

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Kellys Portillo
31/08/2026
Patricia de Hasbun, académica del Departamento de Mecánica Estructural. Fotografía: Dirección de Comunicaciones.  

Los sismos forman parte de la realidad geológica de El Salvador; por tanto, analizar la construcción de las edificaciones es fundamental para garantizar la seguridad. En esta entrevista, Patricia de Hasbun, académica del Departamento de Mecánica Estructural, explica los factores que influyen en el comportamiento de una construcción ante un terremoto y los retos que enfrenta el país en esta materia.  

Para comenzar, ¿qué hace que una construcción sea sismorresistente? 

Podríamos decir que una construcción es sismorresistente cuando cuenta con una adecuada estructuración. La disposición de sus elementos estructurales debe permitirle soportar las fuerzas laterales que impone un sismo. 

Además, los materiales con los que se construye deben ser adecuados y tener la resistencia suficiente para soportar las fuerzas que el sismo transmite a la estructura. Por otra parte, el proceso constructivo también debe ser el idóneo, evitando fallas que puedan dejar vulnerable a la edificación. 

Es decir, el diseño es importante, pero no es el único factor que determina la seguridad de una construcción. 

Exactamente. El diseño, por sí solo, no debería ser el principal problema. Si se aplican adecuadamente los conocimientos y criterios actuales, las nuevas edificaciones no deberían presentar fallas catastróficas como las observadas en algunas construcciones antiguas. 

Sin embargo, esto depende de que todo el proceso se ejecute correctamente. Los problemas pueden surgir si hay deficiencias en el control de calidad, una mala ejecución de la obra o fallas en la supervisión. Una construcción puede tener un buen diseño, pero si lo establecido en los planos no se cumple durante la ejecución, la seguridad puede verse comprometida. 

En ese sentido, también hay que distinguir entre las normas de diseño y las normas de construcción. Un código de edificación debe contemplar ambas: las primeras establecen cómo debe diseñarse una estructura para que sea segura y tenga el desempeño esperado, tomando como referencia normas internacionales y adaptándolas a las condiciones del país; mientras que las normas de construcción establecen cómo debe ejecutarse la obra, incluyendo los materiales, los procedimientos constructivos, el control de calidad y la supervisión.  

El diseñador estructural, el constructor y el especialista en geotecnia tienen la responsabilidad de aplicar estos criterios. Pero cumplir con las normas de diseño no es suficiente. Si el control de calidad no es adecuado, el proceso constructivo presenta deficiencias o la supervisión no garantiza que lo establecido en los planos se cumpla en la obra, pueden surgir problemas. 

Al final, una norma es un documento escrito. Su efectividad depende de quién la aplica y de quién supervisa su cumplimiento. En ese sentido, el Estado también tiene un papel importante: debe existir una supervisión efectiva y unos mecanismos que permitan verificar que la construcción se está ejecutando de acuerdo con los planos aprobados. 

Uno de los problemas es que, en algunos casos, se realizan cambios durante la construcción que no quedan registrados. Entonces, lo que finalmente se construye puede no corresponder con el diseño que fue aprobado. Si no existe un seguimiento adecuado ni inspecciones en la obra, tampoco hay garantía de que se ha cumplido con las condiciones previstas. 

A partir de estos factores, ¿qué tan preparadas están, en términos generales, las construcciones del país para enfrentar un terremoto? 

Yo abordaría esta respuesta desde dos grandes realidades que existen en el país. Una es la de las nuevas construcciones formales. Me refiero, por ejemplo, a las torres de apartamentos, los edificios corporativos y los centros comerciales. En su diseño se incluyen análisis estructurales, estudios geotécnicos y criterios de diseño sismorresistente. Además, hay control de calidad y supervisión durante el proceso constructivo. 

Estas construcciones también pasan por un proceso de aprobación y control. Sin embargo, la capacidad de revisar y controlar estos procesos no es igual en todo el país: en el Área Metropolitana de San Salvador, la OPAMSS tiene una capacidad mayor que la que generalmente tienen las municipalidades y otras oficinas de planificación y de gestión territorial. Todo esto, sumado a la inversión que implican, hace que sean mucho más resistentes a los sismos que otras construcciones que no han pasado por este proceso. 

Actualmente, además, contamos con mejores herramientas de diseño. Existen profesionales y empresas con la capacidad técnica para realizar diseños estructurales actualizados, y también se llevan a cabo estudios geotécnicos para conocer las condiciones del suelo donde se cimentará una edificación. 

Uno de los avances más importantes tiene que ver con el estudio de la amenaza sísmica, es decir, con el conocimiento de dónde existe una mayor probabilidad de que ocurra un terremoto, qué magnitud podría tener y cuáles podrían ser sus efectos. 

En El Salvador existen distintas fuentes sísmicas. Hay terremotos asociados a la subducción en la zona costera y otros provocados por la activación de fallas locales. Por eso, conocer las características de la amenaza sísmica es fundamental para determinar dónde y cómo se debe construir. 

Actualmente, contamos con estudios más actualizados sobre la amenaza sísmica y con información nacional que permite conocer mejor las características del suelo. Esto representa un avance importante, porque, anteriormente, muchos diseños se basaban en criterios y clasificaciones generales de códigos extranjeros que no necesariamente reflejaban las condiciones específicas del país. 

Hoy, antes de diseñar un edificio, es posible estudiar cómo responderá el suelo ante un sismo. Factores como la rigidez y compacidad del suelo, y la velocidad de propagación de las ondas sísmicas influyen en la manera en que una estructura puede amplificar o modificar el movimiento sísmico y, por tanto, en la forma en que puede responder y vibrar. Esta información permite realizar diseños más adecuados a las condiciones del lugar donde se construirá. 

Pero esa no es la realidad de todas las edificaciones. ¿Qué ocurre con las construcciones existentes? 

La situación de las construcciones existentes es distinta. Muchas de ellas ya mostraron su vulnerabilidad durante el terremoto de 1986 y los dos terremotos de 2001. Estas edificaciones fueron diseñadas con normas y criterios que hoy pueden estar desactualizados. Por eso, es necesario revisarlas y evaluar si su comportamiento estructural sigue siendo adecuado. Si no cumple con lo esperado, deben realizarse los refuerzos necesarios para reducir su vulnerabilidad ante futuros sismos. 

Un ejemplo es el caso del edificio Rubén Darío, uno de los casos más emblemáticos del terremoto de 1986, que colapsó. Ese edificio ya había sufrido daños y había sido modificado después del terremoto del 3 de mayo de 1965. Esto nos muestra que pueden existir estructuras con daños acumulados a lo largo de varios terremotos y que, por ello, requieren una evaluación cuidadosa de su condición actual. 

¿Y de qué forma se pueden reforzar estas edificaciones? ¿Existen las herramientas para hacerlo? 

En el país ha habido mucha cooperación internacional después de cada terremoto. Por ejemplo, tras los terremotos de 2001, se contó con cooperación japonesa y se trabajó mucho en la investigación sobre vivienda de interés social, que fue uno de los sectores que sufrió mayores daños. A partir de ese trabajo se desarrollaron metodologías para que las personas que autoconstruyen sus viviendas puedan hacerlo de una manera adecuada y lograr que estas respondan mejor ante los sismos. 

También se desarrolló un proyecto investigativo orientado a evaluar las edificaciones existentes y generar técnicas para reforzarlas cuando no cumplen con los estándares actuales. En paralelo, se realizaron estudios y ensayos en laboratorios de estructuras. Por ejemplo, se reprodujeron las condiciones constructivas de edificios construidos antes de 1986 para analizar su comportamiento. Las normativas antiguas tenían disposiciones distintas a las actuales. Un ejemplo es la separación del acero de refuerzo, que actualmente debe ser menor en determinadas zonas de los elementos estructurales para mejorar su comportamiento ante sismos. 

A partir de la reproducción de estas condiciones, se comprobó experimentalmente que algunas de estas estructuras no cumplen con los criterios actuales, y se desarrollaron técnicas para su reparación y refuerzo, también con el aporte de expertos japoneses. Por lo tanto, contamos con investigaciones sobre las características de construcción de buena parte de los edificios anteriores a 1986, así como con manuales que permiten evaluar y reforzar estas estructuras.  

Sin embargo, para que estos reforzamientos puedan llevarse a cabo a mayor escala, debe existir un compromiso institucional y del Estado. Muchas personas no cuentan con los recursos necesarios para intervenir sus edificaciones, por lo que sería importante crear mecanismos de apoyo, como créditos blandos u otras facilidades financieras. 

Más allá de la antigüedad de una construcción, ¿qué señales deberían preocuparnos desde el punto de vista de la seguridad? 

Hay muchas características que pueden ser motivo de preocupación y estas dependen, en buena medida, del tipo de estructura. Si hablamos de una vivienda, una situación que puede ser peligrosa es realizar modificaciones de manera informal. Por ejemplo, cuando se elimina una pared para ampliar un espacio sin evaluar previamente las consecuencias de ese cambio. 

Dependiendo del sistema constructivo de la vivienda, las paredes y otros elementos pueden formar parte de la estructura encargada de resistir las fuerzas que genera un sismo. Por eso, retirar o modificar alguno de estos elementos sin una evaluación técnica puede afectar la seguridad de la edificación. 

Otra señal que debe llamar la atención es la aparición de grietas. Por ejemplo, observar agrietamientos en vigas o columnas puede indicar la existencia de daños en la estructura. Estos casos deben ser evaluados por profesionales para determinar su gravedad y establecer si es necesario realizar alguna intervención. 

Finalmente, si tuviera que señalar las principales prioridades del país para reducir la vulnerabilidad de sus edificaciones, ¿cuáles serían? 

Para mí, el principal desafío es revisar las estructuras construidas antes de 1986. Es necesario evaluarlas y si requieren reforzamiento, intervenirlas. En los casos en que las edificaciones presenten daños severos y no sea viable garantizar su seguridad, deberán tomarse las decisiones correspondientes. 

También debe atenderse el problema de la construcción informal. En muchos casos, las personas que realizan las construcciones no cuentan con las técnicas adecuadas, se utilizan materiales de baja calidad o se emplean procesos constructivos deficientes. Este es un tema que requiere regulación y supervisión, en el que las municipalidades tienen un papel importante. Sin embargo, para ello también es necesario fortalecer la capacidad técnica de las instituciones encargadas de revisar y supervisar las construcciones. 

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