18 años de incoherencia

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Este sábado se celebran los Acuerdos de Paz una vez más. Se celebra el recuerdo de una salida racional y justa a un conflicto en el que había mucho de locura. Se celebra, por primera vez, desde otra perspectiva. Desde el otro bando de la guerra, hoy convertido en Gobierno a través de elecciones democráticas. Y desde el pensamiento de un Presidente que, sin ignorar lo positivo del acontecimiento, siempre se negó como periodista a ensalzar el optimismo con el que a veces los políticos celebraban los Acuerdos.

Los Acuerdos de Paz son, en efecto, importantes. Pero no deberíamos verlos como un hito del pasado; constituyen simplemente un paso en la historia de El Salvador que nos desafía a dar otros nuevos. Un paso que queda incompleto, y en ese sentido sin demasiado significado, si no somos capaces de continuar poniendo racionalidad, justicia y diálogo nacional y centroamericano en nuestro propio proceso histórico.

Si somos sinceros, advertiremos inmediatamente que en nuestra historia reciente no hemos sido coherentes con los Acuerdos de Paz. La Fuerza Armada, nos decían los políticos aduladores y complacientes, fue la que mejor cumplió con los Acuerdos, simplemente porque redujo sus efectivos y se retiró a los cuarteles. Eso, en realidad, no es cumplir acuerdos, sino obedecer a una lógica necesaria cuando los Estados Unidos dejaron de financiar un ejército cuyo número no tenía sentido en tiempo de paz. Cumplir acuerdos hubiera sido destituir en su momento a los militares mencionados en el informe de la Comisión de la Verdad y pedir perdón por los crímenes atribuidos a la Fuerza Armada, entre los que se encuentran terribles masacres.

Los Acuerdos de Paz suponían un fortalecimiento de la paz. Y elección tras elección hemos visto que la polarización sigue siendo una especie de cáncer que impide un desarrollo nacional sostenible. Polarización política que no es más que un reflejo de la polarización entre riqueza y pobreza, entre oportunidades y exclusión, entre sectores con futuro y mayorías sin él. La ausencia de diálogo serio sobre el desarrollo sostenido y justo en El Salvador ha sido la mayor traición a los Acuerdos de Paz. Y aun hoy, cuando se constituye un Consejo Económico y Social para que se debatan problemas estructurales del país, el proceso de diálogo va tan lento y está tan débilmente estructurado que acaba uno dudando si no hay más pantalla que realidad en ese esfuerzo.

A los políticos se les cae la baba ensalzando la participación de sus líderes en los Acuerdos de Paz, mientras se olvidan de las causas de la guerra, las mismas que ahora —manifestadas de otra manera— están detrás de la violencia primitiva y delincuente que sufrimos. Se han olvidado que las víctimas tuvieron mayor protagonismo que ellos en el proceso de paz. Y que fueron esas víctimas las que crearon una conciencia nacional e internacional de oposición a la guerra que se impuso al fin sobre la locura. Quienes privilegiaban el exterminio asesino de quienes no pensaban como ellos, y quienes profesaban una fe ciega en la revolución violenta y en el mecanismo brutal de cambio que es la guerra tuvieron que rendirse ante la evidencia de que ningún poder armado valía tanto como la vida de un niño campesino asesinado en El Mozote o el Sumpul.

Pero esa racionalidad, impuesta desde la sociedad civil, no ha penetrado plenamente en los políticos, que siguieron buscando sus ventajas individuales o de grupo antes que el bien de los más pobres, de las grandes mayorías del país. Hoy el desafío sigue siendo el mismo. Falta un sistema de salud único que no margine a tres cuartas partes de la población, como ocurre en la actualidad. Falta un sistema de pensiones que sepa reconocer el derecho básico a una ancianidad segura para el trabajo reproductivo de las mujeres en el hogar y, por supuesto, para el trabajo duro de los campesinos y otros sectores excluidos del sistema. Falta una educación equitativa, que no produzca esas diferencias tan impresionantes entre colegios selectivos y colegios públicos. Falta generosidad en quienes tienen dinero y falta también un sistema impositivo que redistribuya la riqueza de un modo más justo.

Es demasiada la incoherencia con los Acuerdos de Paz como para que su aniversario se convierta solamente en una fiesta. Tiene que ser, al mismo tiempo, oportunidad y espacio de reflexión, momento de exigencia y determinación de caminar más y mejor; avanzar a grandes pasos en el desarrollo y realización de los derechos económicos y sociales de los que nuestro pueblo está hambriento.

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Anónimo
18/01/2010
19:52 pm
Es una buena noticia para reflexionar y darnos cuenta de lo que hay detras de la mascara de "UN GOBIERNO CON SENTIDO HUMANO"(2004-2009). Si bien es cierto que los acuerdos de paz son muy importantes ya que por medio de ellos se acabo la represion que habia sujetado al pais por 20 años. Pero la verdad es que habia o hay grupos de personas que se dedicaron a masacrar personas sin necesidad o por injusticias (la mayoria de ellos) sin embargo hasta ahora hemos visto que dichos acuerdos no solucionan nada ya que todavia hay "Celulas" por crimenes cometidos y mucha pobreza. Debe mejorarse los servicios publicos que son vitales para todos/as, hay mucha injusticia hacia las mayorias. Los acuerdos de paz no solo son una celebracion mas sino un espacio para pensar en que necesitamos como un todo reflexionar y mejorar para que se cumplan todos las necesidades de nosotros los Salvadoreños.
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Anónimo
18/01/2010
10:35 am
Como es posible que el Estado pida perdon por los hechos que fueron provocados y realizados por los mismos dirigentes de la guerrilla que ahora esta en el poder y que todabia se dan el lujo de hablar de las barbaries que cometieron. la Fuerza Armada lo que bien hizo defender a la poblacion y hacerle frente a los guerrilleros, pero bueno son mas los pensamientos hacia y encontra de la instituciones que defienden la soberania que de quienes han entorpecido la justicia y tienen al pais sucumbido en una delincuencia que ellos mismo la trajeron y ahora que hacen mas que vivir del recuerdo.
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Anónimo
16/01/2010
10:04 am
"Se han olvidado que las víctimas tuvieron mayor protagonismo que ellos en el proceso de paz." Si,y es que fueron las victimas mismas las que perdieron "dos veces" en la guerra y luego en la paz. Cada quien tiene una historia que contar: a mi se me nego la posibilidad de forjarme un futuro, aunque muy incierto, en el pais y tuve que salir al exilio. Otros ni siquiera tuvieron esa oportunidad. Y muchos murieron por la "causa". Todo esto es parte de nuestra historia que a muy pocos les gusta exponer. Muchos autores hablan de "Failed States" (paises perdidos o sin futuro). El Salvador va en buen camino a convertirse uno de estos paises pues casi nada de lo juridico, constitutional o politico funciona. Es por ello el hecho que lo social y economico no se apegue a las realidades de la gente que lo necesita. Y es asi que la historia continua en ese pais sin sus primeros protagonistas: "los humildes y abandonados". El pais nec
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Anónimo
16/01/2010
08:36 am
Los felicito por su editorial apegado a la realidad, porque no es lo mismo ver sufrir que el sufrimiento mismo. El que hace daño olvida pronto; al que le hacen daño tiene una herida que no deja de sangrar nunca, mientras no vea justicia. Pero que podemos esperar de los grupos de poder, si hasta nos querian nombrar como hijo meritisimo de El Salvador a el asesino de Monseñor Romero. Yo esperaba que con el cambio de gobierno las cosas pudieran ser diferentes, que el brazo de la justicia alcanzaría a los que siempre han encontrado la forma de eludirla, al menos los que escuchamos el discurso de nuestro presidente asi lo percibimos. Pero vemos que el poder ciega la razon, hasta hoy el futuro de nuestro pais es incierto al menos es lo que yo puedo ver, ojala y me equivoque porque como pueblo ya no tenemos a quien apostar, si no hay una respuesta propositiva del gobierno en turno apostaria por un abstencionismo masivo para las proximas elecciones.
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