Alimentación y pobreza

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Editorial UCA
16/10/2013

El miércoles 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación; y el jueves 17, el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Dos fechas relacionadas que deben hacernos reflexionar. Según Unicef, uno de cada cuatro niños menores de cinco años sufre alguna forma de desnutrición en El Salvador. Otras fuentes dicen que la tercera parte de las muertes de niños tienen sus causas en la desnutrición. Además, en los dos primeros años de vida, puede ocasionar problemas cognitivos; en otras palabras, puede afectar al desarrollo de la inteligencia. Al final, no hay duda de que la desnutrición tiene casi siempre su origen en la pobreza, y la perpetúa. Los niños con atrasos cognitivos tienen más dificultades para estudiar, mantener la escolaridad debida y alcanzar metas académicas básicas, como debería ser la conclusión del bachillerato. Si, como dicen los expertos, un país no sale del subdesarrollo hasta que no alcanza una tasa de bachillerato del 70% de su población, la desnutrición del 25% de nuestros niños se convierte en un impedimento para el desarrollo.

Por otra parte, erradicar la pobreza significa no solo hacerla desaparecer en un entorno social o nacional, sino eliminar sus causas, es decir, las raíces que hacen que se mantenga viva. Y evidentemente la desnutrición es una de ellas, aunque también podríamos decir que la pobreza es raíz de la desnutrición, teniendo ambos problemas una relación de causa y efecto. Erradicar la pobreza implica, además de solventar el tema de la nutrición, proveer servicios adecuados a la población a través de las redes de protección social, así como potenciar el acceso al trabajo con salario digno. La medición de la pobreza basada en el consumo de la canasta básica hace depender la pobreza del precio de los alimentos, que oscila, y a veces en demasía. En general, ese tipo de medición no favorece el establecimiento de políticas públicas. Dadas las necesidades de los niños, pueden darse casos de familias en las que los adultos están suficientemente alimentados, mientras los niños permanecen desnutridos. Incluso la canasta básica alimentaria está más pensada a partir de las necesidades de los adultos que de las de los niños. Un solo menor desnutrido indica automáticamente que en esa familia hay pobreza.

Frente a la desnutrición infantil, lo mismo que ante la pobreza, debemos rechazar el pensamiento excesivamente individualista que nos transmite la cultura. Un país no se desarrolla sin cohesión social. Y tanto la pobreza como la desnutrición, si no se enfrentan con esfuerzos sustanciales y urgentes, demuestran una falta radical de solidaridad que rompe la necesaria cohesión social. Si somos incapaces de solidarizarnos con los niños y niñas, si toleramos con indiferencia su hambre y pobreza, difícilmente podremos construir una democracia de talante humanista y social. Y, por supuesto, traicionamos la fe y la cultura cristiana de la que nos decimos herederos. De hecho, podemos afirmar que es inmoral una sociedad que no se preocupa adecuadamente de la alimentación de sus niños ni de erradicar pronta y eficazmente la pobreza.

La resolución de estos problemas pasa necesariamente por grandes acuerdos nacionales. El hecho de que poco o nada se hable en esta época electoral de lograr la seguridad alimentaria, de superar la desnutrición infantil o de erradicar definitivamente la pobreza y sus causas estructurales muestra la escasa sensibilidad política frente al dolor de los más pobres e indefensos. Estas dos fechas, que con frecuencia pasan desapercibidas entre nosotros, deben convertirse en llamada y exigencia, en desafío a nuestra creatividad y en ocasión de debate. Y deben llevarnos a acuerdos serios de nación, con objetivos mensurables, para solucionar problemas de este tipo. Jóvenes universitarios de diversos voluntariados, como los de Techo, nos dan esperanza en la lucha contra la pobreza. Pero también el mundo adulto, ciudadano, empresarial y político debe sacudirse su modorra ante unos datos que nos hablan con crudeza de las graves necesidades de nuestro pueblo tanto en el campo económico como en el de la alimentación.

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