Fin a la pobreza y el hambre

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Editorial UCA
18/10/2023

La comunidad de países reunida en Naciones Unidas tiene décadas de proponer acciones para la erradicación de la pobreza en el mundo. Primero, los Objetivos del Milenio plantearon que en el año 2015 se erradicaría la pobreza extrema y el hambre. Evidentemente, la propuesta no se hizo realidad, pero durante esos años hubo una disminución significativa del número de personas afectadas por esos males, lo que generó la esperanza de que con más y mejores esfuerzos se llegaría a la meta en un futuro cercano. En 2015, los países de la ONU acordaron una agenda de desarrollo sostenible, en la cual se fijó 2030 como nuevo año tope.

Sin embargo, la realidad muestra que si todo sigue como hasta ahora, la meta trazada será muy difícil de cruzar. La pandemia, los conflictos bélicos crecientes, el impacto del cambio climático y los altos precios de los alimentos son factores que han impactado negativamente en las economías familiares y que han hecho crecer en los últimos cuatro años el número de personas que padecen hambre, alcanzándose la cifra de 250 millones de personas. Respecto a la situación de pobreza, los datos tampoco son alentadores: el PNUD señala que al cierre de 2023, 1,100 millones de personas vivirán en pobreza (el 18% de la población mundial). La tendencia se repite en El Salvador: la pobreza extrema afecta ya al 10.8% de la población rural y al 7.5% de la urbana, de acuerdo a los datos de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples.

Es fácil tomar una actitud derrotista y afirmar que no es posible eliminar el hambre ni la pobreza. Ceder a esa tentación significaría condenar a cientos de millones a unas condiciones de vida terriblemente precarias y vulnerables, y aceptar que la sociedad global no es capaz de brindar un futuro digno. Para no perder la esperanza, es importante contar con una perspectiva histórica: entre 1990 y 2015, la pobreza extrema pasó del 36% al 10% del total de la población mundial. Lo mismo ocurrió en El Salvador: si a inicios de la década de 1990 el 28.2% de los hogares salvadoreños vivía en pobreza extrema, en 2018 la cifra fue del 5.8%, el nivel más bajo de la historia nacional.

Precisamente para no caer en la derrota, el 17 de octubre, en el marco del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, Naciones Unidas hizo un llamado a redoblar esfuerzos: “La celebración de este año es una oportunidad para solidarizarse con las personas que viven en la pobreza, escuchar de verdad sus dificultades cotidianas y renovar los compromisos para crear una economía justa centrada en la protección del bienestar humano y medioambiental por encima de la optimización de los beneficios económicos. El objetivo final es eliminar por completo la pobreza al crear las condiciones para que todas las personas vivan con dignidad”. En un país pobre y necesitado como el nuestro, es imperativo que el Gobierno y los actores sociales y económicos de peso se apunten a esta tarea, dejando a un lado intereses particulares muchas veces mezquinos. Avanzar hacia la justicia social y el bien común en El Salvador debe dejar de ser un eslogan.

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