Los políticos, los jueces y la incapacidad

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Tardan mucho y lo hacen mal: así suelen ser nuestros políticos cuando eligen funcionarios públicos. Con frecuencia insistimos, y nadie dice que sea falso, que El Salvador tiene una institucionalidad débil. Pero cuando se trata de establecer responsabilidades o de corregir la debilidad institucional, la palabrería política se desata tratando de crear confusión. A veces nadie es culpable. En otras ocasiones, el culpable de todo es el que fue mal elegido, y no quienes le eligieron. O, cuando les da por la sinceridad a los diputados, resulta que todos somos culpables. Todos y nadie, que al final es una misma cosa.

En el atraso actual para elegir al Fiscal General y a los magistrados de la Corte Suprema las responsabilidades están claras: son los políticos de la Asamblea y sus dirigentes los culpables de esta especie de impasse institucional. En el caso de los magistrados, también los miembros de la Corte Suprema tienen su cuota de responsabilidad. Los políticos se pueden culpar entre ellos, pero tanto Arena como el FMLN tienen una grave responsabilidad en esta especie de plaza semidesierta que es la Fiscalía General de la República. Y tienen la responsabilidad porque no les importa negociar el tiempo que sea mientras sean ellos mismos, y ellos solos, los que deciden, negocian y mueven los hilos de los puestos públicos a su conveniencia.

Los políticos podrían ponerse tiempos concretos, buscar mediadores, como lo hacen quienes quieren sinceramente llegar a un acuerdo, o simplemente buscar a personas de la sociedad civil para llegar a una especie de arbitraje. Pero prefieren cocinar ellos sus negociaciones a espaldas de todos, sin mucha claridad informativa, sin dar razón de sus posiciones y confiando en que el pueblo salvadoreño les deja pasar casi todo. Tienen blindado en la Constitución el monopolio de la acción política formal y no les importa mantener al Estado en debilidad institucional. Saben que a río revuelto ganancia de pescadores, y ellos monopolizan el negocio de la pesca.

En estos tiempos en que se habla de corrupción y en que están saliendo a luz los favoritismos y los negocios de los políticos cuando están en el poder, debemos pensar que otro tipo de corrupción es también el convivir tan fácilmente como lo hacen los miembros del FMLN y de Arena con su propia incapacidad. Incapaces de cumplir con tiempos. Incapaces de negociar con claridad y transparencia. Incapaces de pedir ayudas más allá de sus oscuros intereses.

Y cuando decimos FMLN y Arena lo hacemos con razón. Ambos partidos quieren poner en cargos públicos (unos en la Corte Suprema, otros en la Fiscalía) a miembros de su propio partido que han ostentado cargos partidarios. Y en ese tira y afloja a favor de sus amigos se les va el tiempo y la decencia. Mientras la población desea jueces o fiscales independientes, los partidos quieren a su gente en puestos que les garanticen poder, impunidad y recomendaciones.

La Corte Suprema, con excepciones, no se queda atrás. Desde hace tiempo conocemos la incompetencia de unos cuantos magistrados, que además suelen ser los que más hablan en público. Magistrados que declaran improcedente lo que les interesa y que se tragan camellos cuando les conviene. Magistrados que defienden e impiden el análisis de las cuentas de los políticos y que se llenan la boca de palabras vacías, "imperio de la ley" incluido. Si es cierto que de vez en cuando salta a la Corte Suprema algún o alguna profesional del derecho decente, también lo es que los políticos incapaces y corruptos consiguen poner las más de las veces en las magistraturas a personas de la misma laya. O por lo menos con los suficientes miedos e ignorancia como para que nada dañe los intereses de los muy pocos que rigen la vida política del país.

El camino de solución al impasse en las elecciones para Fiscal General y magistrados es sencillo: abrir las discusiones a criterios claros y evaluables, y buscar la mediación de personas de la sociedad civil que puedan decir desde la independencia de criterio qué candidatos llenan los perfiles y requisitos establecidos. Y después llevar los candidatos a votación, dejando libertad a los propios diputados. Pero nuestros señores diputados prefieren por lo visto, junto con los magistrados incompetentes, cocinar en el caldo de la mediocridad asamblearia los nombres de sus favoritos. No les importa que el país hierva en el comal de su incapacidad. Ellos, al fin y al cabo, tienen guardaespaldas, buenos salarios e impunidad asegurada. Incapaces pero listos para sobrevivir en el mundo del sálvese quien pueda.

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