Para un futuro con esperanza

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Editorial UCA
12/07/2021

Ser joven en El Salvador es peligroso, y ello no ha cambiado desde los tiempos de la guerra civil. Ningún Gobierno ha sido capaz de establecer una política estatal que frene las humillaciones, abusos y muertes que sufren nuestros jóvenes. Según datos del Observatorio de Derechos Humanos de la UCA, de las 987 víctimas de diversos delitos sexuales cometidos en el primer trimestre de este año, 613 eran niñas y adolescentes de entre 0 y 17 años. De 236 mujeres desaparecidas, un hecho que va en aumento, 108 tenían menos de 17 años. De las 445 muertes violentas acaecida en el primer semestre de 2021, más de la mitad de las víctimas eran varones de menos de 30 años.

Además, los jóvenes son los que más emigran, los que más mueren en accidentes y los que con mayor frecuencia son detenidos por la Policía. La mayoría no alcanza un nivel educativo adecuado para autorrealizarse adecuadamente. Cuando tienen trabajo formal, sus salarios son bajos y no permiten gozar de bienestar económico ni garantizan una pensión de jubilación digna. Cada década que pasa, en la medida que se hacen adultos y no migran, se encontrarán con mayores dificultades para gestionar un país endeudado, que pronto entrará en un proceso de envejecimiento parecido al de naciones más desarrolladas, sin contar con la seguridad y protección social propias del Primer Mundo.

En Gobiernos anteriores se hablaba de los jóvenes de modo por lo general hipócrita. Se decía que eran el futuro de la patria, pero se les privaba de un horizonte digno. A muchos de lo que no se van les toca adaptarse a un estilo de vida acechado por la incertidumbre, la violencia y la pobreza. Pocos, muy pocos, logran abrirse un futuro promisorio en El Salvador. Con el Gobierno actual, las cosas no han cambiado. Nuevas Ideas ha incorporado a un elevado número de jóvenes a la política, pero estos no dan muestras de tener conciencia de la realidad que vive el país. Al contrario, han tomado decisiones irresponsables, ilegales en ocasiones, pretendiendo partir de cero, sin tener en cuenta los pasos ya dados, aunque fueran pequeños, en favor de una mayor institucionalidad y desarrollo. Los jóvenes elegidos como diputados bajo la sombra y el nombre del presidente de la República están mostrándose como lo que no deberían ser, si es que de verdad quieren aportar a un país distinto: una juventud agresiva, cerrada al diálogo, servil y nada creativa.

En la medida en que nuestra juventud permanezca emproblemada, el futuro de El Salvador estará en riesgo. Es responsabilidad de todos los sectores frenar el griterío para dialogar reflexivamente sobre lo que necesita el país. Si se desea un futuro con esperanza, es indispensable tener en cuenta los problemas de la juventud y dar participación a los jóvenes. Los planes gubernamentales de invertir en la primera infancia son positivos, pero servirán de poco si no se apuesta por una educación de calidad obligatoria al menos hasta los 18 años. Rubén Darío hizo célebre un par de sus versos: “Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!”. Si en la vida personal la juventud pasa para siempre; en la sociedad retorna como recambio generacional. Por eso es importante protegerla y cuidarla. Las sociedades que se desarrollan armónicamente cuidan a la juventud. Quienes la olvidan o marginan condenan a sus pueblos a un futuro miserable.

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