El 12 de agosto, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos recordó que, de no renovarse, la vigencia del TPS para los salvadoreños concluirá el 9 de septiembre. En 2018, bajo la primera presidencia de Donald Trump, se anunció la cancelación del TPS para los salvadoreños, pero diversas disputas judiciales propiciaron su extensión. Como cabe esperar, la incertidumbre entre la diáspora salvadoreña está hoy corroyendo su tranquilidad y planes de futuro. Algunas fuentes hablan de 170 mil salvadoreños beneficiarios; otras, de 200 mil. En todo caso, los compatriotas que se acogieron a la medida llevan más de dos décadas viviendo en Estados Unidos, tiempo suficiente para haber formado una familia y tener descendencia. De cancelarse el TPS, el impacto alcanzaría también a sus familias, por lo que los afectados serían muchos más.
¿Qué tan posible es que el Gobierno estadounidense renueve el TPS para El Salvador? De acuerdo con los especialistas, hay tres posibles escenarios. El primero y más probable es que se anuncie el fin de la medida, porque a 13 de los países que gozaban de ella les fue cancelada al momento de vencer su última extensión. Actualmente, solo El Salvador, Ucrania y Sudán la conservan, aunque sus fechas de caducidad están muy próximas. Si la administración Trump no ha hecho excepciones, lo más probable es que anuncie la cancelación del TPS para los salvadoreños. Si eso sucede, los compatriotas tendrán hasta 60 días más de protección, para luego quedar a su suerte.
El segundo escenario es que haya otra prórroga del TPS. Ciertamente, ello constituiría un gran alivio para la comunidad salvadoreña, pero no sería una solución definitiva. La prórroga podría ser por otro período de año y medio, o lo que decida la administración Trump. Aunque no es el escenario más probable, no es descabellado plantearlo dada la cercanía y afinidad del presidente salvadoreño con su homólogo estadounidense y la colaboración que el primero ha brindado al segundo en su agresiva política migratoria. El tercer y último escenario es que llegue el 9 de septiembre y no se haga ningún anuncio. Si así fuera, el TPS, por ley, se extendería automáticamente por seis meses más.
La esperanza está puesta en la aparente cercanía de la relación entre Bukele y Trump. Pero hay un hecho reciente que es importante no perder de vista: el 16 de julio, el mandatario salvadoreño se reunió con Trump en la Casa Blanca. A pesar de que la cita no fue anunciada y solo duró 20 minutos, algunos miembros de la comunidad salvadoreña se concentraron en los alrededores del lugar. Bukele salió de la reunión, saludó con la mano y se marchó. En la reunión se abordaron varios temas, pero no el TPS. Esto no es novedad. Durante el primer gobierno de Trump, el Gobierno salvadoreño no abogó por los migrantes salvadoreños —algunos de ellos, menores de edad— retenidos en duras condiciones en la frontera sur de Estados Unidos. Más bien fueron algunos congresistas, como Norma Torres, quienes alzaron su voz para exigir que se respetaran los derechos humanos de los detenidos.
En la actual coyuntura, el Gobierno salvadoreño sigue guardando silencio en público sobre el tema. La esperanza, por tanto, tiene poco asidero, a menos que Bukele haya abogado discretamente por los beneficiarios del TPS, algo poco compatible con su estilo. Con el tiempo y con todas las probabilidades en su contra, los tepesianos salvadoreños navegan hoy a la deriva en el país al que huyeron en busca de mejores oportunidades.