La promoción de la justicia es una exigencia absoluta de la fe

8
Andreu Oliva
15/11/2023
Foto: Dirección de Comunicaciones.


Un año más estamos aquí conmemorando el aniversario de los mártires de la UCA y con ellos de todos los mártires de El Salvador. Nuestra celebración es para agradecer a Dios por la vida de estos hombres y mujeres que entendieron e hicieron realidad el mensaje de Jesús: “El que quiera salvar su vida la perderá”, “No hay un amor más grande que dar la vida por los amigos”. También queremos agradecer a estas mujeres y estos hombres por su amor, su entrega, su generosidad, su trabajo en beneficio del pueblo salvadoreño. Con su vida supieron hacer la voluntad de Dios y colaborar con el anuncio de su Reino; nos acercaron al proyecto de amor, de justicia y de solidaridad que Dios quiere para la humanidad, de acuerdo a las enseñanzas de Jesús de Nazareth.

Son ya 34 años desde aquel día trágico en el que el mal se ensañó con sus cuerpos y segó sus vidas acribillándolos y destruyendo sus cabezas. Fue aquella noche oscura, en la que la locura quiso imponerse sobre la razón, la mentira sobre la verdad, la fuerza bruta sobre la mansedumbre de los pacifistas... A pesar de tanto tiempo transcurrido, a pesar de que se nos ha negado la verdad y la justicia, estamos aquí porque ellos siguen siendo luz para nuestro caminar y el de muchos hombres y mujeres que desean un mundo nuevo, una vida nueva, basada en el amor, la solidaridad,la justicia, la verdad, en el que el respeto a la dignidad de todas y cada una de las personas sean los cimientos y las columnas que sostengan a nuestra sociedad, la forma de vivir y de relacionarse. Un mundo que sea conforme al corazón de Dios, como decía a menudo nuestro querido monseñor Romero; un mundo que ofrezca a todos los hombres, a todas las mujeres, a los niños y niñas, una vida plena, en abundancia, y la posibilidad de ser feliz. Un mundo en el que los hombres y mujeres hagamos reales en nuestras vidas los dos mandamientos más importantes y que están intrínsecamente unidos: amar a Dios y amar al prójimo.

El lema que hemos elegido para este aniversario, “No es posible anunciar al mundo la fe sin promover la justicia”, es un pensamiento del P. Ignacio Ellacuría que responde plenamente a la misión que la Compañía de Jesús definió para sí: “El servicio de la fe y la promoción en la sociedad de la justicia evangélica”. El anuncio de la fe y la promoción de la justicia están inseparablemente unidos, porque la justicia evangélica brota de la misma fe y la promoción de la justicia es una exigencia absoluta de la fe. El anuncio del Reino de Dios supone a su vez la colaboración en la instauración de ese Reino en el presente. Una voluntad realista de promover la justicia obliga a encontrar espacios para compromisos en el plano social y colectivo, lo cual hará más significativo nuestro anuncio del Evangelio y más fácil su acogida. Como nos dice Juan Pablo II, “aunque muchos quisieran ver a la Iglesia encerrada en los templos, alejada y desentendida de la vida cotidiana, ello sería una profunda traición al Evangelio de Jesús y a la misión de la Iglesia, cuyo fin no solo es anunciar la venida del Reino de Dios, es también realizar el Reino de Dios en toda la sociedad humana, no solo en la vida futura sino también en la presente”.

Una fe que no promueva relaciones justas entre todos los seres humanos, que no combata el pecado estructural, que no proclame con hechos que el amor de Dios busca el bien para la humanidad en su conjunto y para cada ser humano en particular, no sería creíble ni correspondería a la fe de Jesús de Nazareth. Allí donde hay injusticia se niega el amor universal de Dios, y allí donde no hay amor, allí no está Dios. Lo mismo afirma, pero con otras palabras, la Carta a los Romanos que hemos escuchado: la fe revela la justicia de Dios, la fe hace al hombre justo, y la ira de Dios se revela contra contra la impiedad y la injusticia de los hombres y los que por su injusticia retienen prisionera la verdad.

Dice el profeta Isaías que la palabra de Dios debe ser escuchada para aplicarla a la vida, debe ser como la lluvia que empapa la tierra y la hace fecunda. Por eso la palabra de Dios es subversiva, es incómoda, pues es el criterio para juzgar nuestros actos y la realidad en la que vivimos, es la luz que nos permite ver qué tanto vivimos de acuerdo a lo que Dios espera de nosotros, y qué tanto debemos cambiar.

El profeta Jeremías, cumpliendo su misión de hablar en nombre de Dios, se dirige al rey Joaquín de Judá para decirle de frente los graves errores que está cometiendo. Lo denuncia por abusar de su pueblo, por sus actos injustos, por su ambición y avaricia, por sus deseos de lujo, por olvidarse del pobre y desamparado, por ver solamente por su propio interés, por sus actos violentos y opresivos, por los derramamientos de sangre... Lo acusa de actuar como el que no conoce a Dios. Y le hace un llamado a la conversión, a cambiar su forma de actuar y gobernar.

Si volviera el profeta Jeremías y hablara en este contexto de El Salvador, con seguridad les diría lo siguiente a nuestras autoridades.

A los policías y soldados: está muy bien que quieran garantizar la seguridad de la población, ese es su deber, pero actúen justamente, respeten la ley y no se lleven presas a personas inocentes. No denuncien falsamente, no actúen violentamente ni maltraten a su pueblo, no se aprovechen de su uniforme ni de su autoridad.

A los que se encargan de los centros penales: no sigan torturando a los privados de libertad, no los traten con violencia, trátenlos con el respeto que merecen como personas que son; no permitan que sigan muriendo en las cárceles; sean compasivos y misericordiosos con sus madres y sus familias, e infórmenlas oportunamente de la salud y el paradero de sus hijos, no añadan más sufrimiento al que ya tienen.

A los alcaldes: es bueno que quieran ordenar las ciudades, pero háganlo sin abusar de los más pobres, sin desampararlos al quitarles sus medios de vida y sacando sus ventas del centro de la ciudad. No los amenacen con aplicarles el estado de excepción. Ofrézcanles opciones reales para que puedan seguir ganándose la vida honradamente; no los engañen con falsas promesas.

A nuestro presidente: no busque su propio interés, no se deje llevar por la ambición y por el deseo de acrecentar su fama con propaganda mentirosa, con concursos de belleza que cuestan millones de dólares mientras hay tanta gente que pasa hambre en su país; no siga despilfarrando el dinero del pueblo con sus caprichos; tenga compasión de la gente pobre, preocúpese de que tenga educación y salud de calidad, no la siga marginando; sea transparente, dé cuentas de lo que administra en nombre del pueblo.

Pero la Palabra de Dios se dirige también cada uno de nosotros. En el Evangelio hemos escuchado a Jesús diciendo que no basta con clamar al Señor, lo que vale es hacer la voluntad de Dios. Para ser parte del Reino de Dios, no bastan las palabras, ni el culto, ni las penitencias, ni llenar nuestra boca con el nombre del Señor. Para ser parte del Reino de Dios hay que poner en práctica las enseñanzas de Jesús. Si hacemos el bien, seremos parte; si hacemos el mal, quedaremos fuera. Sabemos que ello supone un precio: insultos, desprecios. Incluso puede costar la vida, como a Jesús, a los profetas y a los mártires, que los mataron por su compromiso y su terquedad por hacer el bien, por defender a los pobres, por denunciar las injusticias, por trabajar a favor de la paz, por luchar por la justicia social y el bien común.

Si queremos ser parte del Reino de Dios, debemos analizar constantemente nuestra vida y ver a qué criterios responde. Que no se llene nuestra boca con el nombre de Dios mientras nuestro corazón está lleno de prejuicios, desprecios, incluso de odio hacia aquellos que piensan, sienten o son distintos a nosotros. Revisemos bien si con facilidad condenamos a los otros, los juzgamos por sus actos, pero no reparamos en nuestras faltas de amor, en nuestro propio egoísmo, en nuestra indiferencia ante el sufrimiento de tanta gente a nuestro alrededor.

Cuidado si pensamos que tenemos a Dios de nuestro lado, pero no mostramos ninguna compasión ni misericordia hacia los demás, especialmente hacia los pobres, los marginados, los pecadores, incluso los criminales; ellos también reciben la misericordia de Dios. La palabra de Dios nos lleva a preguntarnos: ¿cuál es nuestra actitud y sentir hacia los pobres, los que sobreviven como pueden en las calles, las trabajadoras sexuales, las personas transexuales, gays, lesbianas, que tan fácilmente son víctimas del odio? ¿Cómo tratamos a nuestros empleados? ¿Les pagamos un salario justo y las prestaciones que les corresponden? ¿Somos conscientes de nuestra complicidad con las injusticias? ¿Qué hacemos para que no se siga negando los derechos humanos de tanta gente? ¿Cómo nos hacemos solidarios con los que han sido despojados de sus medios de vida, con los familiares de los privados de libertad, con los que pasan hambre?

Alabar a Dios por un lado y por el otro no preocuparse de la suerte de los prójimos; actuar con un corazón duro; vanagloriarnos por lo buenos que somos o por lo que hacemos; estar más preocupados por nuestra comodidad y seguridad, o por no perder nuestra fama y prestigio que por defender la verdad no parece ser lo que nos sugiere el Evangelio de hoy. Al contrario, nos invita a que nuestra vida entera responda al proyecto de amor, servicio y fraternidad que nos muestra Jesús.

Vivamos como los mártires, que fueron ejemplos de discípulos de Jesus, que supieron unir el anuncio de la fe con la promoción de la justicia y que se merecen las palabras del salmista: “Dichosos los que caminan según la Ley del Señor. Dichosos los que observan sus enseñanzas y lo buscan de todo corazón, dichosos los que sin cometer injusticia caminan por sus sendas”. Pidamos al Señor y a los mártires para que intercedan por nosotros, para que Dios nos regale su gracia, para que también nosotros vivamos haciendo en todo su voluntad, tal y como lo hicieron los profetas y el mismo Jesucristo nuestro Señor.


Antiguo Cuscatlán, 13 de noviembre de 2023.


* Homilía del XXXIV aniversario de los mártires de la UCA.

Lo más visitado
0