El escudo "ideológico" ante las encuestas

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Carlos Monterroza
21/06/2017

La reciente encuesta del Iudop referida a la evaluación del tercer año de gobierno no pasó desapercibida. Generó más ruido en el FMLN que en su oposición política, provocó reacciones de periodistas, intelectuales y activistas; sus resultados se posicionaron en el encuadre mediático: los datos formaron parte de las noticias y su interpretación se hizo en programas de opinión tanto de radio como televisión al iniciar junio. En definitiva, se convirtió en un insumo para la agenda de los medios de comunicación en una coyuntura marcada por un discurso presidencial criticado; complejas negociaciones para la reforma del sistema de pensiones; y la previa de las elecciones internas de los partidos en función del 2018. En ese caso, quiero aprovechar los resultados de la encuesta de Iudop para resaltar desde una óptica socio-política dos puntos: el primero, la reacción del FMLN a través de su secretario general; el segundo, una breve provocación sobre las problemáticas que se consultan en las encuestas de opinión.

Con el primer aspecto se debe señalar que Medardo González hizo lo lógico al remitir un memorándum a la militancia del FMLN emitiendo postura sobre el manejo de la encuesta y criticándola ¿qué esperábamos? ¿Silencio? Fue una postura política y no técnica (aunque lo intentará de forma errada en algunos apartados). Los destinatarios del mensaje son militantes, cuadros territoriales y dirigencia del partido. Básicamente la acción de González constituye una muestra de los denominados incentivos colectivos que el politólogo italiano Angelo Panebianco describió en su reconocido libro “Modelos de partido: organización y poder en los partidos políticos” publicado en 1982. Esta clase de incentivos son utilizados por la cúpula para reforzar la identidad y los valores que caracterizan a la militancia del FMLN, la cual en este momento debe cerrar filas con el partido de gobierno que se muestra como víctima de un “clima de negativismo mediático”. Por ende, tiene sentido que el secretario general con ese mensaje enfatizara la ideología organizativa que -según Panebianco- busca cohesionar la identidad partidaria sin permitir espacios para la debilidad o peor aún, poner en duda la credibilidad de la comisión política en la decisiones que toma no solo como partido sino en relación al gobierno; además contrarresta el volumen de aquella militancia crítica a la postura del secretario general respecto a la encuesta. Si los resultados hubieran sido favorables, los incentivos colectivos igual se mantendrían, pero con la diferencia de construir un discurso de avances y resultados que son respaldados por la “opinión pública”.

Para el segundo punto retomo una sola idea: la problemática dominante que imponen las encuestas. Este concepto lo cito de Pierre Bourdieau quien en el año 1972 realizó una brillante disertación titulada “La opinión pública no existe”. Con ese punto vale la pena discutir si existe una tendencia generalizada en las encuestas de opinión a delimitar sus preguntas (y divulgación de resultados) a problemáticas de índole política-institucional; en tal escenario temas como la calificación de funcionarios e instituciones o preferencias políticas-electorales asumen no solo mayor preponderancia sino que los medios de comunicación las proyectan ante el colectivo como “aquello que vale la pena opinar”. Ante esas nociones dominantes pasa desapercibido consultar sobre asuntos estructurales reflejados en temas como evasión fiscal, condiciones de vida, vulneración de derechos laborales o posicionamientos ante propuestas de privatizar el agua, aumentar el IVA, reforma de pensiones, autodefensas, entre otras. Tampoco olvidemos que la ciudadanía tendrá apreciaciones y cuestionamientos sobre el comportamiento de otros actores políticos como las gremiales, líderes de iglesias y medios de comunicación; generalmente se pregunta sólo por el nivel de confianza más no sobre su desempeño en la sociedad salvadoreña.

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