Excelencia en incompetencia

2
Rodolfo Cardenal
18/06/2026

Las infraestructuras grandes y resplandecientes tan características del modelo de Bukele, por lo general, poco después de inauguradas, presentan fallas de diseño, de ejecución, de seguridad o de funcionalidad. La sala de emergencias del hospital de Santa Ana se inundó recién remodelada. Lo mismo ocurrió en uno de los dos estadios emblemáticos de la capital durante una final del futbol nacional. Una zona comercial recién embellecida tuvo igual suerte. Deshicieron la obra para abrir desagües, que volvieron a fallar. Los habitantes de las zonas de alto riesgo, incluidas más de 450 escuelas, están a merced de las fuerzas geológicas, climatológicas e hidrológicas.

Los funcionarios escurren el bulto. Unos acusan a quienes tiran basura al aire libre, una práctica muy común. Pero en siete años no han hecho ningún esfuerzo para educar sobre cómo disponer correctamente de los desperdicios. Tampoco han facilitado basureros funcionales. Los más creativos amenazan con vigilar y castigar. Estos funcionarios no han aprendido aún que los tragantes, las canaletas y los desagües deben ser limpiados periódicamente. Esperan la inundación para remediar. Otros culpan a “los años de abandono” anteriores a 2019. Siete años ha sido poco tiempo para revertir esa herencia. Cierto, la desidia no se supera de un día para otro, pero su ritmo de trabajo no está a la altura de las exigencias de la realidad.

Argumentar la fuerza de los fenómenos climatológicos no los exime de responsabilidad. No solo permiten, sino también alientan la deforestación para levantar estructuras majestuosas como manifestación de desarrollo y modernidad. El deterioro del medioambiente hace más violentos los embates del clima. De todas maneras, es incomprensible que, a pesar de ello, se obstinen en construir mal. La primera marea viva se llevó el malecón del parque Sunset, un hito del régimen, por carecer de una barrera que amortiguara la fuerza del oleaje. Una de las escuelas recién remodeladas por un millón y medio de dólares debe ser intervenida de nuevo para reparar los daños causados por las lluvias. Más de un centenar de centros escolares sufrieron daños que pudieron evitarse.

No es raro que las intervenciones en las calles secundarias, las escuelas periféricas y las plazas de los pueblos sean abandonadas sin haber sido concluidas. Y aquellas que han sido finalizadas, a veces, deben ser intervenidas de nuevo. El retraso en la reconstrucción de las escuelas públicas y los mercados municipales es proverbial. Los taludes de Los Chorros se resisten a permanecer quietos. Entretanto, las vías de comunicación son malas, los estudiantes asisten a clase en estructuras provisionales inadecuadas y el comercio sufre.

Muchas de las nuevas estructuras no reciben el mantenimiento adecuado. El desgaste causado por el uso las despoja del encanto inicial. La estética de la fachada subestima la funcionalidad y la exigencia del mantenimiento adecuado. El recién inaugurado hospital es un buen ejemplo de esa tendencia que estima más la fachada que el uso y la funcionalidad. La invitación general a visitarlo, y a admirarlo, en horas saturó la sala de espera de un centro destinado a enfermedades graves y crónicas. La espera para pasar consulta o concertar una cita es interminable. La obsesión con la apariencia desvirtuó la finalidad de un hospital de tercer nivel con consecuencia graves, incluso fatales, para quienes demandan atención inmediata.

El recorrido por las obras del modelo de Bukele puede alargarse, pero lo dicho es suficiente para comprobar que enfrenta un problema muy serio de operatividad. La incompetencia malogra sus mejores proyectos. El modelo tiene poca inteligencia para pensar, planificar y ejecutar. Reemplazó el talento con improvisación, lo cual tiene unos costos humanos y materiales imponderables. Y se deja llevar por impulsos primitivos, ansiosos por la gratificación inmediata sin medir las consecuencias.

La incompetencia está también asociada con la corrupción. Las licitaciones y los contratos representan una oportunidad única para lucrarse a costa de un Estado manirroto. Otorga la ejecución de los proyectos a entidades sin experiencia, sin capacidad técnica y sin control de calidad, pero vinculadas a Casa Presidencial. La prioridad no es bienestar general, sino retribuir a los colaboradores leales.

La eficacia de la exaltación de la figura presidencial en un hecho comprobado, pero frágil. El edificio del poder carece de fundamentaciones sólidas y sus dependencias, de contenido real. El muro de contención de esa estructura tan deslumbrante no ofrece garantías. Puede ceder en el momento menos pensado.  La contradicción entre el encumbramiento de Bukele y la ineficiencia operativa es insostenible a largo plazo.

El éxito estético es su peor enemigo, ya que carece de fundamentación sólida. Cuestión abierta es cuánto presión puede soportar antes de derrumbarse. De momento, es claro que con los colaboradores actuales es imposible que El Salvador recorra el camino del desarrollo para llegar a ser como Japón o Singapur.

 

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

Lo más visitado
0