Ir hacia delante para avanzar

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Idhuca
16/09/2009

Mientras en los organismos internacionales se discuten las medidas a tomar para enfrentarse al cambio climático, en El Salvador se reciclan los botaderos a cielo abierto: ASIGOLFO, en La Unión; el basurero de Tecoluca, en San Vicente; y el de Acajutla, en Sonsonate, funcionarán durante 45 días más.

El tratamiento de la basura es y ha sido un problema en el que las alcaldías aún no ven la luz. A los alcaldes y a las alcaldesas este asunto les pesa en exceso, porque les hace perder elecciones. Por eso, y en busca de soluciones, incluso hubo quien propuso la generación de energía eléctrica a partir de la incineración de los desechos. Su propuesta fracasó.

Hasta ahora, la medida menos criticada ha sido la creación de rellenos sanitarios. No obstante, el apoyo tampoco ha sido unánime ni incondicional. En Cutumay Camones, por ejemplo, hace dos años hubo un conflicto bastante serio, ya que las comunidades de la zona se opusieron a la construcción de un relleno porque contaminaría el agua que beben.

El peligro es cierto. Los lixiviados, líquidos que la basura produce, pueden llegar a los mantos acuíferos y envenenarlos. En los rellenos que se han diseñado correctamente y que tienen control sobre estos químicos, es menos probable que esto ocurra; pero en los botaderos es seguro que se infiltrarán hasta llegar al agua subterránea.

Ya existen varios antecedentes de contaminación. En la memoria reciente están los barriles con toxafeno abandonados al aire libre en San Miguel durante varios años, y la contaminación con plomo del Sitio del Niño en Ópico y el envenenamiento de sus habitantes por parte de Baterías de El Salvador.

En ambos casos, la institucionalidad fue pobre no solo para prevenir el daño, sino también para castigar al o los responsables, y para reparar lo posible. Ahora, los costos serán elevados y no hay quien responda por estos. Las y los empresarios que ocasionaron el mal han huido o no son ni cuestionados.

En este contexto, debe decirse que la solución al problema no está en construir más rellenos sanitarios, sino en disminuir la cantidad de basura que se produce. Eso requiere un cambio cultural que debe ser pensado para el largo plazo. Sin embargo, pese a que ya se ha planteado, aún no se ha dado el primer paso.

La población debe aprender a reciclar y a separar los desechos. La municipalidad también debe recogerlos de forma separada, y tienen que existir los mecanismos para procesarlos. No obstante, mientras esa práctica se consolida en la sociedad, debe tenerse opciones para tratar la basura. Los rellenos son una alternativa.

Por eso, permitir que durante otros 45 días sigan funcionando los basureros a cielo abierto de La Unión, Tecoluca y Acajutla es un retroceso serio en materia ambiental. Por eso, y aunque parezca obvio, a quienes toman las decisiones hay que recordarles que para avanzar debe caminarse hacia delante, no para atrás.

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