¿Última Navidad en Estados Unidos?

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Editorial UCA
22/12/2017

Esta Navidad será, muy probablemente, de gran incertidumbre para los salvadoreños en Estados Unidos acogidos al Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés). El anuncio sobre su situación migratoria se hará, a más tardar, la primera semana de enero de 2018. Y la mayoría de signos apuntan a que, más temprano que tarde, los hondureños y salvadoreños con TPS sufrirán la misma suerte de los haitianos y nicaragüenses. La tónica antiinmigrante del actual inquilino de la Casa Blanca, las actuaciones precedentes en la materia y las declaraciones de la embajadora estadounidense en El Salvador hacen presagiar que el TPS llegará a su final.

Por eso, el camino para ayudar a los compatriotas que están en vilo en el país del norte no es insistir en la continuidad de un estatus que por definición es temporal, sino, a falta de ofrecer un mejor porvenir acá, que sería lo ideal, trabajar por su legalización permanente, o sea, por su residencia. El principal argumento para otorgarles la residencia permanente es que son una comunidad ejemplar La gran mayoría de ellos lleva más de 15 años en Estados Unidos, y en ese tiempo se han integrado social, cultural y económicamente. El 80% trabaja y más del 60% tiene hijos que gozan de ciudadanía. Además, pagan impuestos puntualmente y su aporte a la economía estadounidense —está demostrado— es significativa. Y ni hablar de su contribución a la economía salvadoreña, que se mantiene a flote gracias a sus remesas.

Los países centroamericanos no están preparados para recibir deportaciones masivas. Incluso se les podría definir como en crisis humanitaria crónica, lo que haría imposible que las personas bajo el TPS pudieran rehacer su vida en la tierra que los vio nacer. Esta crisis ha sido reconocida por distintos organismos internacionales, especialmente al referirse a la situación de desplazamiento forzado en la región. Las violencias que sufren los países del norte de Centroamérica son la causa del más de medio millón de solicitudes de asilo pendientes en Estados Unidos y México (27 veces más que las de 2012). En nuestro caso, el desempleo y la dura dinámica económica que golpean a la mayoría de salvadoreños no se diferencian de los tiempos de desastre.

Si el Gobierno de Donald Trump cumple sus amenazas, la vida de casi 200 mil salvadoreños cambiará de la noche a la mañana: pasarán a ser indocumentados y se les aplicará una política migratoria cuya prioridad es la deportación y que ya ha incrementado en un 40% los arrestos al interior de Estados Unidos. Por otra parte, el tejido social y económico comunitario y familiar se verán afectados irremediablemente, pues más de la mitad de quienes gozan de TPS serán separados de sus hijos nacidos en Estados Unidos. El previsible impacto macroeconómico acá es también preocupante. En 2016, las remesas rompieron récord: sumaron 4,575 millones de dólares y registraron el mayor crecimiento en los últimos 10 años. Y todo parece indicar que en 2017 la marca se volverá a romper, reafirmando que quienes más invierten en El Salvador son los que tuvieron que abandonarlo por falta de oportunidades.

En esta época de reuniones familiares, la mejor manera de acuerpar a los que han luchado por labrarse un destino en Estados Unidos es apoyarlos en su derecho adquirido a obtener la legalización permanente. Ese sería el mejor regalo de año nuevo para todos.

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Anónimo
24/12/2017
18:28 pm
Bravo! Simplemente brillante y acertado! Casi 200 años de gobiernos militaristas y de derecha, o de izquierda pro-derechista (que jamàs se ocuparon realmente de engrandecer al puebo, sino de someterlo, explotarlo y humillarlo) solo han creado esa situaciòn de crisis humanitaria crónica.tan indignante. Hago una atenta y respetuosa invitaciòn a orar por dichos hermanos y sus familias. Para Dios nada es imposible!
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