Argumentos contra la justicia

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Editorial UCA
08/02/2016

Después de muchas dudas y dilaciones, finalmente la Policía Nacional Civil ha comenzado a cumplir su deber con respecto a la orden de captura de los 17 exmilitares reclamados por la justicia española por el Caso Jesuitas. Como cabía esperar, la detención de cuatro de ellos entre el viernes y sábado pasados ha suscitado un torrente de declaraciones por parte de funcionarios, políticos, articulistas y abogados, entre otros. Así, una vez más hemos sido testigos de la protección de la que gozan en el país los exmiembros del Ejército reclamados por la justicia. No solo se dejó pasar casi un mes para ejecutar la orden girada a través de la Interpol, lo que sin duda facilitó la huida de la mayor parte de los acusados, también se ha vertido una serie de afirmaciones que muestran connivencia con el crimen y llaman a la impunidad.

La principal objeción que se hace al juicio es que la Audiencia Nacional de España no tiene jurisdicción internacional y que atenta contra la soberanía jurídica nacional. Los que esto afirman desconocen que hay un principio de justicia universal aceptado por muchos países, El Salvador entre ellos. La legislación salvadoreña reconoce este “principio de universalidad” en el artículo 10 del Código Penal, que reza así: “También se aplicará la ley penal salvadoreña a los delitos cometidos por cualquier persona en un lugar no sometido a la jurisdicción salvadoreña, siempre que ellos afectaren bienes protegidos internacionalmente por pactos específicos o normas del derecho internacional o impliquen una grave afectación a los derechos humanos reconocidos universalmente”. Según esto, El Salvador puede promover un juicio contra responsables de graves violaciones a los derechos humanos, incluso si los crímenes sucedieron fuera de nuestras fronteras y con independencia de la nacionalidad de los hechores. Esto es precisamente lo que ha hecho la Audiencia Nacional de España: ha impulsado un juicio contra personas que cometieron un crimen de lesa humanidad fuera del territorio español. Y no hay que perder de vista que la Audiencia no habría podido abrir el juicio si el caso se hubiera resuelto debidamente en nuestro país.

Otra objeción es afirmar que la masacre en la UCA es cosa juzgada. Esto tampoco es verdad, pues en El Salvador solo fueron juzgados los hechores materiales, y en condiciones nada favorables para establecer justicia, producto de lo cual la mayoría de ellos fueron absueltos y los que resultaron culpables recibieron una condena que no se correspondía con la gravedad del crimen. Es por ello que el juez Eloy Velasco considera que dicho juicio fue fraudulento y que, en consecuencia, no es válido. Además, los autores intelectuales, las más altas autoridades de las Fuerza Armada de aquel entonces, los que planificaron y ordenaron la masacre, nunca se han sentado en el banquillo de los acusados. Ciertamente, hubo un intento de iniciar un proceso en su contra, pero la jueza del Tercer Juzgado de Paz decidió que no era procedente bajo el argumento de que el crimen ya había prescrito, contraviniendo así el artículo 37 del Código procesal Penal, que afirma que este tipo de delitos no prescriben si no han existido las condiciones para promover la acción penal o no pudo ser perseguido por falta de la instancia particular.

Otro de los argumentos esgrimidos para evitar la justicia es que la ley de amnistía libra a los hechores de toda responsabilidad. Este argumento tampoco es válido, pues la Sala de lo Constitucional sentenció, el 26 de septiembre de 2000, que la norma no aplica a crímenes cometidos por funcionarios del mismo Gobierno que emitió la amnistía. Por otra parte, se afirma que el juicio a los autores intelectuales de la masacre en la UCA implica reabrir las heridas del pasado, un sonsonete que repiten constantemente los principales actores de la guerra, los que la impulsaron y defendieron como única solución posible al conflicto nacional. Lo que las víctimas solicitan más bien es el conocimiento de la verdad, justicia. Las heridas de las víctimas y sus familiares siguen abiertas porque la sociedad salvadoreña no ha hecho nada para curarlas y cerrarlas. Reconocer sin ambages el daño que la guerra hizo a la población y que los principales responsables acepten que cometieron delitos y pidan perdón por ellos a la sociedad serían pasos trascendentales para iniciar el proceso de cerrar las heridas que siguen sangrando en miles de salvadoreños y salvadoreñas.

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Anónimo
14/03/2016
19:30 pm
En El Salvador prevalece una política de desobediencia hacia castigar delitos que son importantes para la sociedad civil, en nuestro país existe un oleaje de incertidumbre de pensamientos desvalidos y vagas sensaciones de que nos movemos hacia una sociedad tal vez no perfecta, pero de alguna manera “mejor” o “merecida”, pues si bien es cierto aquellos años de conflicto armado interno solo minaron la sociedad salvadoreña, mientras se intentaba forjar una sociedad democrática, una sociedad que cumpliría las necesidades de todos los ciudadanos salvadoreños, en lugar de eso lo único que se logró fue separar más al pueblo, dividirnos en grupos minoritarios atacados por una o la otra parte en disputa, los altos mandos se aprovecharon de esto para cumplir con sus fechorías, para asesinar inocentes y luego acusarlos de criminales, esto fue lo que se logro con la guerra, y después de ella nacen los acuerdos de paz, que sin duda fortalecieron a los más poderosos; el...
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Anónimo
09/02/2016
10:07 am
\"La Paz es Fruto de la Justicia...\" La Compañía de Jesús como miembros de la Iglesia Católica, jamás han buscado la venganza ni han generado odio en nuestra sociedad por los asesinatos que se cometieron en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, lugar en donde fueron vilmente masacrados en la madrugada del 16 de noviembre de 1989 por un comando del batallón Atlacatl el padre Ignacio Ellacuría, sus hermanos de comunidad y dos de sus colaboradoras. Muy por el contrario ellos como comunidad religiosa siempre han sido promotores del buen vivir de nuestra sociedad a través de la búsqueda de la Justicia y con una actitud crítica y reflexiva de la realidad salvadoreña, han luchado por generar condiciones para la consolidación del buen vivir, el respeto de los derechos fundamentales de la población y sobre todo han sido testigos fieles de la construcción del Reino de Dios aquí en la Tierra, es decir la construcción de una sociedad más humana, justa y...
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Anónimo
08/02/2016
20:46 pm
La justicia no debe de estar sometida a los vaivenes de partidos politicos, organizaciones o grupos de poder, la justicia debe de prevalecer y observarse en su escencia. Y es que debe aplicarse al que haya cometido delito. Con la captura de cuatro implicados y la orden de captura para el resto, ha quedado evidenciado una vez mas, que la derecha retrograda sale nuevamente de sus cubiles y cierra filas ante la exigencia de justicia para los crimenes de lesa humanidad que cometieron algunos miembros del ejercito de aquellos oscuros años de la guerra civil. Que imagen da el pais en el entorno internacional cuando no funciona el sistema de justicia, desobedece a organismos como la interpol, hay desacato a obedecer los tratados internacionales que suscribe, como es la extradicion. Cabe preguntarse a que se debe tanta impunidad en estos casos especiales.
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Anónimo
08/02/2016
19:06 pm
Esto no es persecución política, ni abrir heridas del pasado; simplemente es justicia histórica. Además la crítica que algunos sectores del ámbito político, jurídico e intelectual que ha recibido este hecho aumenta el clima de polarización en nuestra sociedad,no el hecho como tal, por otro lado esto es simplemente lo superficial del hecho, los responsables intelectuales siguen y seguirán gozando de todo el privilegio que gozan.
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Anónimo
08/02/2016
11:58 am
Yo no voy a hablar por los militares detenidos. Tampoco voy a hablar por la guerrilla. Voy a hablarle del por que al final del conflicto se crearon los acuerdos de paz y con ello la ley de amnistia. Si. La ley de amnistia que fue creado para librar de la justicia a unos como a otros. No estoy de acuerdo con que quieran violar esa ley, asi fuera Sanchez Ceren el juzgado o Cristiani, o cualquier militar o guerrillero que haya participado en ese conflicto armado. Los asesinados por los dos bandos han pagado con su sangre el sacrificio de la paz en El Salvador. Enumeremos los nombres de todos ellos y rindamoles todos los honores que merecen., pero sigamos adelante, progresando y no aprovechandose de los acontecimientos del pasado para sacar provecho politico en el presente.
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