Discernir el camino

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Editorial UCA
19/06/2026

La democratización es un proceso y una aspiración colectiva a la que El Salvador no debe renunciar como sociedad. Por el contrario, es necesario insistir en su reactivación y significación antes de asumir propuestas de cambio que puedan desfigurar o desacreditar la democracia como horizonte sociopolítico.

En general, a la democracia se le ha evaluado por sus formas, contenidos y resultados en diversas experiencias observadas. Sin dejar de ser objeto de debate y polémica en ámbitos académicos y políticos, es considerada la mejor vía para gestionar conflictos (sociales, económicos, políticos o ambientales), acceder a cargos públicos y ejercer el poder político-institucional con base en la contraloría social, la participación ciudadana, el Estado de derecho, el reconocimiento de la diversidad y el respeto a los derechos humanos.

Bajo tal presupuesto, la búsqueda y valoración de proyectos sociopolíticos alternativos debería tener a la democratización como criterio básico, dando lugar al cuestionamiento sobre la posibilidad de que en dichos proyectos la contraloría social y la participación ciudadana sean reales y efectivas; que el Estado de derecho sea reconocido y fortalecido; que la inclusión no sea objeto de dudas y cuestionamientos; y que la sociedad tenga como faro normativo el respeto irrestricto a los derechos humanos.

Está claro que la democracia, a nivel global, no pasa por su mejor momento. Los informes que cada año evalúan su salud muestran estancamientos y retrocesos en los procesos de democratización en todo el mundo y advierten que su crisis obedece a la desconexión entre los principios democráticos y las condiciones reales de vida de la población. ¿Cómo reconectar la idea de una democracia real y plena con la vida práctica de una sociedad golpeada por desengaños y frustraciones de larga data? Esta es una pregunta sin respuesta fácil.

Sin embargo, para no caer en la parálisis ciudadana, en el desencanto y la apatía sociopolítica, es necesario impulsar procesos de formación ciudadana que permitan distinguir entre los proyectos que apuestan honestamente por la democratización y los que utilizan a la democracia como un eslogan al tiempo que ocultan propósitos que la desfiguran y anulan. En este sentido, es fundamental insistir en la importancia de la observación sistemática, ordenada y objetiva de los derechos humanos, porque constituye un ejercicio ciudadano fundamental y hace tomar conciencia de los avances y retrocesos en los procesos de democratización.

En mayo, el Observatorio Universitario de Derechos Humanos, adscrito al Idhuca, presentó su informe anual correspondiente al año 2025. El documento señala que la crisis actual del proceso de democratización salvadoreño no podrá superarse sin respeto por la vida en todas sus expresiones y dimensiones, sin garantizar el acceso a la justicia con apego al debido proceso, sin proteger la libertad de expresión y sin promover la transparencia en la gestión pública.

En el informe se recuerda al padre José María Tojeira, quien en su homilía del XXXV aniversario de los mártires de la UCA, celebrada en 2024, afirmó: “Hoy nos toca sembrar en medio del odio en las redes, en medio de la apariencia fingida de la propaganda falsa y grandiosa presentada como verdad”. Sus palabras interpelan e invitan a examinar críticamente los proyectos y decisiones que orientan al país. En un contexto marcado por el miedo a expresarse públicamente, la polarización, la desinformación y el debilitamiento de los espacios de participación, resulta indispensable preguntarnos hacia dónde conducen las opciones, acciones y apuestas que guían hoy en día a El Salvador. Solo desde ese ejercicio de discernimiento ciudadano será posible avanzar hacia una sociedad más justa, inclusiva y en paz.

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