Hacia un acuerdo político nacional

4
12/01/2015

Recientemente, los partidos políticos con representación en la Asamblea Legislativa se comprometieron ante el Secretario General de la OEA y el coordinador residente de las Naciones Unidas, teniendo como testigo de honor al Presidente de la República, a iniciar un diálogo que permita alcanzar consensos orientados a la solución de los principales problemas del país. Esta iniciativa es de trascendental importancia para el futuro de El Salvador, merece ser aplaudida y apoyada, porque abre la puerta a la esperanza y a la posibilidad de que, por vez primera desde la firma de la paz, se logren acuerdos entre todas las fuerzas políticas en beneficio del pueblo salvadoreño. A lo largo de estos 23 años, desde el final de la guerra, ha quedado claro que la solución a los graves problemas nacionales no se ha podido alcanzar por la ausencia de un proyecto consensuado de país y por la imposibilidad de que los partidos políticos se pongan de acuerdo para trabajar juntos en pos del bienestar común.

La falta de acuerdos básicos entre las principales fuerzas políticas, en especial entre el FMLN y Arena, ha impedido superar muchos de los problemas que nos aquejan; en ocasiones, incluso los ha agravado. Estas décadas de diferencias y agrias disputas han mostrado el error de creer que una sola fuerza política puede empujar el país hacia adelante, aun contando con el apoyo mayoritario de la población. Ahora bien, la sombra que se cierne sobre este anuncio es que se hace en tiempos de campaña electoral, en la que, como sabemos, los partidos están dispuestos a casi todo para ganar simpatías y superar a sus oponentes. Por ello, no sería raro que los partidos que firmaron el compromiso prefieran esperar los resultados electorales del 1 de marzo, una vez que sepan la correlación en la Asamblea y en las alcaldías, para echarlo a andar.

Aun así, la firma de este compromiso podría ser un augurio de cambio, de que por fin se impone la cordura y se toma conciencia de que El Salvador solo progresará si hay acuerdos y compromisos de nación. Además, el diálogo es imprescindible por la fragmentación política y social. En este sentido, sus contenidos no deben ser abstractos, poco precisos o demasiados generales. Una de las características que no debe faltar para que este esfuerzo sea exitoso es que las problemáticas a consensuar sean lo más concretas posible. Por ejemplo, y habiendo definido previamente las causas de fondo, ¿qué se hará en materia de violencia e inseguridad? ¿Qué políticas socioeconómicas hay que implementar para dar soluciones al desempleo, la pobreza y la exclusión? ¿Cómo democratizar y mejorar los servicios de salud y educación? ¿Qué inversiones se requieren para ello? ¿De dónde saldrán los recursos? ¿Cómo y dónde se puede obtener cooperación internacional para canalizarla en estos planes? ¿Cómo garantizar la gobernabilidad para que esto se pueda llevar a cabo?

Si se concreta, el diálogo político nacional puede abrir un camino distinto, en el que primero se alcancen consensos sobre las soluciones a los problemas para que luego la Asamblea Legislativa dé los pasos necesarios para la implementación de las políticas públicas, sin necesidad de pagar favores por apoyar una posición u otra. Ojalá haya madurez para que esto sea posible. Es fundamental, pues, que este compromiso asumido por los partidos políticos no se quede en palabras y declaraciones de buenas intenciones. El diálogo no debe ser un fin en sí mismo, sino el medio para alcanzar acuerdos que permitan la transformación de la sociedad y el bienestar de los salvadoreños. La sociedad entera debe ser observadora de ese diálogo y exigir a los partidos que honren el compromiso adquirido. Si estos fallan, si no se implican honesta y activamente en el diálogo, se harán un daño a sí mismos, exhibirán su incapacidad de renunciar a sus intereses particulares en beneficio de los intereses nacionales. Y más aún, traicionarán a un pueblo que ya está cansado de tantas esperanzas frustradas.

Lo más visitado
0