La torpeza de defender lo indefendible

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Rodolfo Cardenal
07/05/2026

Las comunidades rurales que se hacen cargo de conservar en buen estado sus calles de acceso estarían así demostrando su “agradecimiento al presidente”, a quien le estarían enviando el siguiente mensaje: “Nos encargaremos de nuestros problemas, mientras usted se encarga de darnos seguridad”. A primera vista, la actitud de estas comunidades es una muestra de elevado civismo y de confianza total en Bukele. La interpretación de estas iniciativas comunitarias se atribuyó al ministro de Obras Públicas. Sean o no de él estas afirmaciones, expresan fielmente el sentir y el pensar del régimen. En su brevedad, estas líneas dicen más de lo que parece.

En primer lugar, el portavoz, claramente progubernamental, acepta que esas calles están abandonadas. La cartera de obras públicas no les ha dado mantenimiento, porque la vida de esas comunidades no figura en la agenda presidencial. Ahí no llegan los turistas. El abandono obliga a estas comunidades a hacerse cargo de la conservación de las vías de acceso al exterior. Ellas son las principales afectadas y, por tanto, las más interesadas en contar con accesos transitables.

En segundo lugar, si las comunidades “se encargan de sus problemas” y dado que la seguridad es un hecho consumado, el presidente y sus funcionarios sobran. Asimismo, las comunidades debieran quedar exoneradas de toda clase de impuestos. En un contrasentido que contribuyan con una administración que se ha desentendido de ellas. El dinero liberado lo podrán invertir en su propio bienestar. El abandono de las calles es también abandono de un régimen que no atiende sus demandas ni satisface sus necesidades.

En tercer lugar, estas comunidades son un ejemplo de compromiso, de voluntad y de creatividad. En buen salvadoreño, no solo saben rebuscarse, sino también emplear sus escasos recursos de una forma más eficaz y transparente que el régimen. Es una muestra del poder popular al que tanto teme el oficialismo. Sin embargo, este no las olvida del todo. Pronto las visitará para pedirles el voto. Les repartirá baratijas, como el conquistador del siglo XVI, y les hará promesas imposibles de cumplir. Si al menos les proporcionara los medios, esas comunidades harían un mejor trabajo que los funcionarios.

Defender lo indefendible lleva a posiciones absurdas y delirantes. En este caso, el vocero del régimen convierte la mala gestión del Ministerio de Obras Públicas en una exaltación de Bukele por parte de unas comunidades que se han levantado para llenar el vacío dejado por los funcionarios del régimen. Todo el quehacer gubernamental, incluida la inutilidad, es para la mayor gloria de Bukele.

La misma torpeza equipara abogar por los derechos humanos con defender a terroristas. Según esa lógica surrealista, Mons. Romero sería uno de sus defensores más destacados, ya que abogó por las víctimas de las violaciones de los derechos humanos cometidas por la dictadura militar. Clamó contra la tortura, las desapariciones y los asesinatos. Su compromiso es público y notorio. La ONU declaró el 24 de marzo Día Internacional por el Derecho a la Verdad sobre las Violaciones Graves de los Derechos Humanos y por la Dignidad de las Víctimas. Es el mismo Mons. Romero que preside el salón principal de Casa Presidencial, bajo el cual Bukele dirige reuniones, pronuncia discursos y agasaja a acaudalados inversionistas extranjeros.

El papa León XIV se acaba de apuntar en la lista de los defensores de los terroristas del oficialismo, pues en su reciente visita a Camerún declaró que las autoridades están llamadas a ser “un puente, nunca un factor de división, incluso ahí donde parece reinar la inseguridad. La seguridad es una prioridad, pero debe ejercerse siempre respetando los derechos humanos, uniendo rigor y magnanimidad, con especial atención a los más vulnerables”. Y agregó: “La paz auténtica nace cuando cada uno se siente protegido”.

Esto no es todo, en el mensaje que dirigió en Illinois con motivo del aniversario de la abolición de la pena de muerte, afirmó “que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera tras la comisión de delitos muy graves”. En consecuencia, pidió “sistemas de detención eficaces que protejan a los ciudadanos y, al mismo tiempo, no priven por completo a los culpables de la posibilidad de redención”.

La tarea de los defensores de lo indefendible es ardua. Les pagan para intentar sellar las fracturas que se abren constantemente en el modelo de Bukele. No paran nunca. Las crisis son repetitivas. Quizás por eso pierden la perspectiva, incluso la sensatez. No puede ser de otra manera, porque la dirección del modelo es reactiva, no proactiva. Esas energías estarían mejor empleadas en emprender una aproximación constructiva a una realidad nacional que hace agua por varios flancos.

De momento, las construcciones retóricas infundadas e ilógicas son recibidas por quienes se resisten a aceptar una realidad perturbadora, dura y frustrante. Prefieren soñar despiertos, aun cuando vivan engañados.

 

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

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