Maquiavelismo y rutas persuasivas: claves comunicacionales en tiempos de deterioro democrático

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Según el psicólogo político de origen iraní, Fathali M. Moghaddam (2019), uno de los desafíos más importantes que enfrenta la democracia contemporánea es el doble filo que representan internet y las redes sociales. En tiempos de amenaza autocrática, educación democrática deficitaria y de fusión de la política con el show business, las nuevas tecnologías de la información se convierten en objetos de reflexión de primer orden debido a su imbricación en la vida cotidiana y su capacidad para generar un constante flujo entreverado de verdades y mentiras.

Para este autor, una vía para aproximarse al grado de relación que existe entre política y espectacularización –y de salud democrática en general– en una circunstancia dada, es el análisis del vínculo que existe entre el maquiavelismo del líder y las rutas persuasivas vigentes. El maquiavelismo, en clara alusión a las nociones propias de la obra El Príncipe, de Nicolas Maquiavelo, refiere a la tendencia a manipular, desconfiar y someter a los otros. Las rutas persuasivas corresponden a enfoques de cambio de actitudes y pueden ser dos: rutas centrales y rutas periféricas. Un emisor emplea rutas centrales cuando busca persuadir al receptor del mensaje a través de reflexión y procesamiento sosegado de información, mientras que apela a rutas periféricas cuando instiga reacciones emocionales, procesamiento rápido o atajos cognitivos.

Las rutas persuasivas no solo remiten a los esfuerzos de quien busca persuadir por determinados medios. También implican capacidades o carencias de quienes reciben el mensaje: la ruta central exige un receptor con ciertos recursos (e.g., tiempo, interés, estudios) y la ruta periférica lo contrario. Esto sugiere que determinadas circunstancias (e.g., conveniencia, premura, coerción) pueden hacer que un receptor habituado a emplear cierta ruta tenga que recurrir a la otra.

La interacción de ambos aspectos ofrece un esquema diáfano para identificar el grado de amenaza que experimenta una democracia, según exista alto o bajo maquiavelismo en relación con el empleo dominante de rutas de persuasión centrales o periféricas. Las combinaciones posibles entre el rasgo apuntado y las rutas se esquematizan y explican sintéticamente en la figura 1.

Figura 1. Representación diagramática de rutas de persuasión y nivel de maquiavelismo del líder

Según Moghaddam (2019), cuando predominan la ruta periférica y altos niveles de maquiavelismo (el escenario 2 y, en principio, el más riesgoso para la democracia) es más probable la difusión de fake news y la tendencia a fabricar la realidad a conveniencia y sobre la marcha. No obstante, los distintos escenarios presentados en la figura 1 son representaciones ideales. Es muy probable que el maquiavelismo y la ruta persuasiva predominante en cada caso constituyan una cuestión de grado. Tampoco sería extraño atestiguar reacomodos estratégicos rápidos en sus manifestaciones en una coyuntura dada (e.g., que un líder altamente maquiavélico atempere sus manifestaciones de desconfianza hacia otros, o que se alterne el empleo de rutas persuasivas para modular la opinión pública).

Asimismo, mientras los primeros tres escenarios son bastante autoexplicativos, el escenario 4 destaca en la tipología propuesta debido a su carácter difuso. Sin embargo, este indica que el maquiavelismo puede ser parte de la forma de hacer política (i.e., estrategia de comunicación, trato de opositores) aunque el líder no necesariamente manifieste dicho rasgo personalmente, mientras la discusión política madura se encuentra ausente. Este escenario puede ser propio de una democracia débil o un régimen híbrido. Dicho de otra manera, el esquema de Moghaddam muestra estados, pero también puede sugerir indicios analíticos de evolución o involución de una democracia.

Preliminarmente, cabe sugerir que en nuestro país ha predominado el escenario de mayor riesgo para la democracia: alto maquiavelismo y empleo de rutas persuasivas periféricas. Así lo comprobarían el empeño presidencial y gubernamental por el uso de redes sociales, el exceso de propaganda, el privilegio de imágenes bucólicas, la grandilocuencia de los anuncios, y todo en contraste con la ausencia de debate o de oportunidades para cuestionar planes o representantes.

Aspectos como los mencionados y que la discusión académica haya recurrido en el último tiempo a categorías como fake news, agnotología o mentira institucionalizada, o que el periodismo crítico sea objeto de obstaculizaciones constantes, dejan poco espacio para la duda de que en el país existe una disputa por la hegemonía de las apariencias y las narrativas que determinan aquello que se considera verdad. Toca ahora que la reflexión académica no ceje en el empeño de tomar el pulso a la evolución y alcance de estas tendencias que parecen ser inherentes a la forma actual de hacer política en el país y que pueden erosionar aún más la calidad de su ya endeble democracia.

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Referencia

Moghaddam, F. M. (2019). Threat to democracy: The appeal of authoritarianism in an age of uncertainty. APA Press.

 

* Carlos Iván Orellana, codirector del Doctorado y Maestría en Ciencias Sociales. Artículo publicado en el boletón Proceso N.° 43.

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