Alí Babá y los cuarenta millones

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Sin lugar a dudas, he utilizado un título oportunista para este artículo; oportunista y cómico en medio de las noticias que giran y revolotean en los medios. Pero que nos puede dar también ocasión para reflexionar. Hablar con tanta tranquilidad de cuarenta millones realmente da escalofríos, con independencia de que sea cierto o no lo que se dice. Cuando el río suena, piedras lleva, dice la sabiduría popular. Y en este caso, son piedras verdes y tienen la marca de dólar. Pero no es solo la sabiduría popular. La ONG inglesa Global Financial Integrity informaba recientemente que entre 2001 y 2010 han ido a parar desde El Salvador hacia bancos ubicados en paraísos fiscales un total de 8,700 millones de dólares. Narcos, millonarios y políticos compiten sin duda para depositar su dinero negro en esas islas financieras donde el dinero llega anónimo y se guarda en secreto total.

Pero los millones no llevan a la cárcel. Al revés, protegen misteriosamente de ella, aunque sean capitales mal habidos. A la cárcel van los poquiteros. Incluso cuando algún excepcional ladrón consigue robar a sus colegas millonarios, su paso por la cárcel es breve. Algún halo protector rodea a los ladrones de altura, que terminan casi siempre con fortuna y tranquilidad en medio de la pobreza de tantos en nuestro país. "Roba bien, pero mira a quién", idea mucho más integrada en la cultura de los que tienen poder, sería el reverso de la famosa frase que anima a hacer el bien. Un robo que a veces es descarado y otras, profundamente pensado y apoyado en normas y leyes ambiguas que permiten el enriquecimiento rápido, la evasión de impuestos o la elusión tributaria.

Cuando nos quejamos de la falta de moralidad pública y privada, nos fijamos sobre todo en el ladronzuelo de los estratos sociales más bajos. Pero la cultura "alibabosa" y ladrona viene de más arriba. No son los pueblos los que se merecen determinados líderes. Al contrario, son los líderes los que las más de las veces introducen en los pueblos culturas reñidas con la democracia y con la convivencia pacífica. Y mientras la mayoría de la población vive, trabaja y trata de multiplicar valores, unos pocos multiplican la falta de escrúpulos y la trampa, la irresponsabilidad social y el gusto por creer que ser más proviene de tener más.

En El Salvador todavía no hemos comenzado seriamente la lucha contra la corrupción. No vamos a negar que algunos pasos se han dado o se van dando, pero son demasiado cortos. Y para escándalo de muchos, se habla continuamente de casos en tal empresa, en tal dependencia del Estado, en tal negocio ilícito, en tal favoritismo en el que el toma y daca pesa más que la inteligencia y el emprendimiento. Muchas de las grandes riquezas salvadoreñas tienen orígenes en monopolios arreglados con Gobiernos corruptos, en el despojo de tierras indígenas de parte de quienes estaban en el poder, en ventas de bienes públicos a precio de regalo, en negocios en los que el Estado y sus respectivos Gobiernos favorecen a los amigos, más del bolsillo que del alma.

Por supuesto que hay gente honesta en la política y en los negocios. Pero tal vez tengamos que pensar que son minoría. Y generalmente una minoría silenciosa. La ANEP puede ver defectos en las empresas Alba, pero jamás ha dicho una palabra sobre las empresas tramposas que violan las leyes de competencia y que se refugian en la lenta Sala de lo Contencioso Administrativo para comprar impunidad. Le puede molestar que Alba Petróleos tenga cierta vinculación con el FMLN, pero nunca le molestó que importantes empresas salvadoreñas lucieran la bandera de Arena en sus bancos o comercios en épocas electorales. La cultura de Alí Babá crece entre nosotros al calor del consumismo, casi el único factor —junto con las remesas— que mueve un poco nuestra débil economía. Pero no se explica sin trampas, sin alianzas, sin corruptos instalados en diversos niveles de las estructuras económicas, sociales y políticas.

Hace años se publicó en los periódicos que un diputado tenía cinco guardaespaldas y que tres de ellos no trabajaban protegiéndolo, sino haciendo tareas de campo en la hacienda de su propiedad. Se le retiraron esos tres guardaespaldas, pero siguió siendo diputado varias legislaturas más. Y ahora trabaja en la municipalidad de San Salvador y añade a su salario uno extra en calidad de asesor de la Asamblea Legislativa. Cuando no se deducen responsabilidades, cuando se ve la estafa al Estado con la misma condescendencia con la que se mira una travesura infantil, la cultura "alibabosa" sigue creciendo. Cuando el escándalo es grande o cuando los gringos nos amenazan con cortarnos el flujo de dinero si no hacemos algo, podemos buscar unas cuantas "cabezas de turco" (¡ojo!, en el sentido que figura en el diccionario) y quedarnos después muy tranquilos.

Es tiempo de cambiar. Pero no de Gobierno, ni de partido, ni de discurso. Eso es lo de menos, por más que en este período electorero algunos hablen con tanta grandilocuencia y vacíamente de momentos trascendentales para la patria. Es tiempo de crear juntos una cultura de la responsabilidad y la solidaridad, del esfuerzo y de la redistribución equitativa de bienes, del trabajo y del salario decente, de la honestidad y de la rendición exhaustiva de cuentas. Y es tiempo de lograr acuerdos preelectorales sobre estos temas. No podemos seguir hablando de cuarenta millones con toda la frescura del mundo, sin que pase nada y sin que ningún pez gordo caiga en las redes de la justicia. Sin alusiones personales, pero con necesidad de investigar seriamente el presente y el pasado de nuestro país, y de, por supuesto, construir un futuro más justo y sin corrupción.

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Anónimo
19/09/2013
14:10 pm
Muy bien, Padre Tojeira! Sería excelente que este artículo saliera en los editoriales de periódicos tradicionales y virtuales; en panfletos y hojas volantes! Ojalá que un día despertemos los salvadoreños y las salvadoreñas! Ojalá que un día recordemos el nefasto origen de tanto mal! Cuando los aborígenes, esclavos o encomendados, fueron doblegados en espíritu y en fuerza por el poder de las armas, del capital y de la bestial brutalidad de los poderosos! Ojalá un día decidamos, todos y todas actuar para que NUNCA MÁS gente mala, hedionda de pecado, drogas e infamia, entiéndase políticos, narcos, gobernantes y sus compinches, pueda seguir destruyendo lo poquito que queda del alma salvadoreña!
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Anónimo
19/09/2013
09:14 am
Concuerdo con Ud. Padre. A las "islas", añada por favor "itsmo", por donde tambien tansita mucho de lo que indica. Por cierto, Ali Babá fue "ladrón" de ladrones, pero no era parte de la banda de ladrones, como recordará de las clases de literatura del padre Montes en el Externado. La moralina era para recordar que ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón. Sin embargo, el robo nunca está justificado; el no robar es mandamiento universal y no se debe tomar lo que no nos pertence.
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