La nueva Roma

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Rodolfo Cardenal
21/03/2024

La ocurrencia de construir una nueva Roma es otro despropósito muy poco original de Bukele. Mucho antes que él, en el siglo IV, cuando la ciudad dejó de ser la capital del imperio, su aristocracia hizo de ella un parque temático del pasado grecorromano. En el siglo VIII, una serie de papas la transformó en la ciudad de los mártires y las reliquias. Más tarde, el Renacimiento reivindicó su pasado grecorromano frente a una mentalidad medieval rígida y dogmática. Más recientemente, Mussolini recuperó su pasado imperial, levantó grandes monumentos y reinventó algunos de los símbolos clásicos del poder imperial. También creó el fascismo y un partido único, cooptó a las organizaciones sociales y disolvió a las que no se sometieron. Concedió privilegios al catolicismo, persiguió a los protestantes y los judíos. Impresionado, Hitler siguió sus pasos. Al final, Mussolini le entregó Italia y ambos acabaron mal.

Demandar la construcción de una nueva Roma es abogar por el globalismo, uno de los fantasmas de Bukele. Roma construyó un imperio a costa de someter pueblos enteros, cuya soberanía anuló. Esas poblaciones fueron forzadas a tributar y a incorporarse en las legiones para sostener la expansión territorial del imperio. En su máxima expansión, Roma gobernó desde la península ibérica hasta el Asia central y desde las islas británicas hasta el norte de África. El imperialismo romano es incompatible con la defensa cerrada de la soberanía que hace Bukele, aferrado a lo local y lo provinciano. ¿O será que ahora sueña con conquistar el mundo cual nuevo Alejandro o Julio César? O más pragmáticamente, ¿solo busca llamar la atención de su reducida, pero fanática audiencia angloparlante?

El imperio romano daba pan y circo a los desheredados. Bukele da más circo que pan; un paquete con unos pocos alimentos de mala calidad muy de vez en cuando. El emperador y la aristocracia romana financiaban con su propio dinero los espectáculos y el reparto gratuito de trigo a los ciudadanos. Ni los Bukele ni lo grandes capitales sueltan un cinco de su bolsillo para contentar a la gente. Al contrario, aquel le quita impuestos a los más ricos, mientras mantiene en vigor un opresivo impuesto regresivo al valor agregado.

No obstante, la Roma imperial y el deseo de Bukele coinciden en la preponderancia del ejército. El imperio descansaba en un multitudinario ejército multiétnico y cayó cuando este colapsó en las fronteras occidentales. Bukele, en último término, también descansa en el ejército y la militarización. Hasta aquí el parecido. Los oficiales romanos gozaban de mucha libertad hasta el punto de poner y quitar emperadores. Y una vez dados de baja, los soldados recibían tierras. El ejército de Bukele, en cambio, está sometido, mal pagado y mal tratado, excepto la oficialidad de confianza. Los soldados de baja son devueltos a sus familias con las manos vacías.

La ignorancia, el arrebato y el deseo de llamar la atención por cualquier medio dejan en mal lugar al “rey filósofo”. Desconoce que glorias imperiales como las que añora no tienen cabida en el siglo XXI. No existen condiciones para las antiguas aventuras militares. Ninguna de las grandes potencias actuales comparte sus aspiraciones. Ni siquiera Putin, que suele evocar la Gran Rusia de Pedro el Grande, piensa en los términos de Bukele. Las potencias actuales reinan en el espacio que consideran su ámbito de influencia, mientras conviven malamente con las demás. Se disputan las fronteras, a veces, ferozmente, pero no van más allá. Dicho de otra manera, la nueva Roma de Bukele es demodé.

Eso no impide fantasear con anticuadas pompas imperiales. Quizás por eso se presentó como el salvador de Haití, sin reparar en las condiciones internas de esa nación. A diferencia de las pandillas locales, las de ese país están mejor organizadas, poseen armamento pesado y responden con fuego vivo a quien se interpone en su camino. No es extraño que los países caribeños y las naciones amigas no hayan tomado en serio su ofrecimiento. Al parecer, a Bukele no le basta con El Salvador. Ansía un reconocimiento internacional que se resisten a concederle.

Proponer la construcción de una nueva Roma es un desatino de alguien ávido de llamar la atención. La contradicción entre defender la soberanía nacional y comunicarse en inglés le resulta “normal”. La apuesta por el bitcóin adolece del mismo mal: un desafío temerario a la institucionalidad monetaria internacional para presentarse como superhéroe. Sacrifica la institucionalidad financiera del país en aras de una vanagloria que no penetra en las masas populares, que pasan de esa veleidad.

Bukele no construirá ninguna Roma. No tiene los recursos, ni la experiencia, ni posibilidad real. El mundo actual es multipolar, algo que, sumido en ensoñaciones, no parece comprender.

 

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

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