Universidad y desarrollo

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Las universidades son expresión del desarrollo, cultura y diversos aspectos de un pueblo. Son instituciones indispensables, en esta sociedad del conocimiento en que vivimos, para crecer y para acelerar el desarrollo humano. Invertir en las universidades ha sido principio y camino de futuro para los países que hoy están en la punta del bienestar. Por eso es importante que de vez en cuando nos detengamos a pensar en las nuestras. Para ello es indispensable acudir a los rankings de universidades, que aunque no dicen todo sobre ellas, muestran tendencias y líneas de presencia en la propia sociedad. Un ranking interesante, por lo extenso y amplio, es el que publica cada seis meses el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, que analiza las páginas web de 21,000 universidades en todo el mundo. Su objetivo es “promover la publicación en la Web académica con acceso abierto las investigaciones y el conocimiento universitario”. Es una forma, en definitiva, de transferir conocimientos científicos y culturales a la población de cada país, así como de amplias zonas regionales e internacionales.

Generalmente, las grandes universidades norteamericanas y europeas, junto con algunas asiáticas, aparecen en los primeros puestos de esta clasificación de páginas web. El orden de este ranking coincide en mucho con los que normalmente solo catalogan a las universidades de más prestigio. Sin embargo, el que comentamos es especialmente bueno para nosotros, porque evalúa a 3,750 universidades o centros de investigación de América Latina. Y es aquí, en la evaluación latinoamericana, donde debemos vernos a nosotros mismos. Porque resulta que solamente seis de nuestras universidades están dentro del 20% superior de ese conjunto de más de tres mil universidades. Y ciertamente, no en los mejores puestos. La primera de nuestro grupo es la Universidad de El Salvador, en la posición 189. Frente a ello destaca Costa Rica, que tiene en ese mismo 20% a 11 universidades o centros de estudio e investigación. Y tres de esos están entre los cien primeros lugares, siendo la Universidad de Costa Rica la número 21 a nivel latinoamericano.

Cuando uno se pregunta por las causas de esta situación, puede con mucha facilidad echarle la culpa a las universidades. Sin embargo, la realidad es otra. Ni el Gobierno ni la empresa privada, que han sido tradicionalmente los grandes liderazgos de El Salvador, se han interesado por la educación universitaria. De hecho, el acceso a la misma, a pesar del importante crecimiento del número de estudiantes en el último medio siglo, sigue restringido a una élite. Entre los 21 y los 30 años, solo adquiere título universitario en la actualidad el 8%. Pero además, la inversión en el estudio universitario tanto de la empresa como del Estado es pequeña. La primera se queja con frecuencia de la falta de diálogo con las universidades. Pero si la tradición ha sido de choque se ha debido más a la unión político-empresarial que durante demasiados años ha dominado en El Salvador y que ponía la estructura estatal al servicio de la ganancia fácil para los sectores económicamente poderosos. Ese sistema empresarial de aprovechamiento del Estado para beneficio propio es el que ha distanciado a las universidades de la empresa y con frecuencia del mismo Estado, en la medida en que se perpetúa la tendencia a ver las instituciones estatales como una oportunidad de enriquecimiento o como un campo de prebendas y beneficios personales.

Si es cierto que la educación parvularia tiene que ampliarse, que hay que mejorar la educación primaria y secundaria en calidad y en cobertura, no es menos cierto que hay que pensar tanto en la extensión como en la calidad universitaria. No habrá desarrollo nacional sin seriedad académica. Y hasta ahora ni los Gobiernos han tenido un adecuado interés en el tema, ni la empresa privada, salvo raras excepciones, se ha preocupado de invertir en la calidad universitaria. A excepción de Honduras, todos los demás países centroamericanos nos aventajan en el ranking que hemos comentado. El ejemplo de Costa Rica, por mucho el país mejor evaluado de Centroamérica, nos demuestra que el camino es posible. Un pequeño país, con menos habitantes que El Salvador, compite de tú a tú con las grandes naciones emergentes de América Latina. Tener tres centros de educación superior dentro del 2% mejor evaluado de América Latina es sin duda un logro espectacular para un país tan pequeño. Un logro que nos dice que se puede alcanzar una mejora sustancial de nuestras universidades si hay cultura universitaria, si hay interés del Estado por programar un desarrollo adecuado dentro de la que hoy llamamos sociedad del conocimiento y si hay una empresa privada que quiera realmente competir sin valerse del Estado en su camino hacia la riqueza.

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Anónimo
07/11/2014
15:38 pm
No hay politica real de estado en este tema que obligue a la empresa privada y a las universidades que caminen en una sola dirección. Veo anuncios que piden graduados bilingues cuando no hay universidades bilingues, piden amplia experiencia pero que sean de menos de 35 años de edad. Además que la calidad de educación y exigencia ha desmejorado y nos hace menos competitivos para atraer inversión extranjera. Yo intenté reclutar graduados de informatica para una empresa de Sillicom Valley pero los aplicantes tenian sus conocimientos muy abajo de lo esperado.Dicha empresa decidió irme a buscar gente de Costarica.
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