Lecciones de una visita

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Editorial UCA
11/08/2019

La semana pasada, una delegación de trece congresistas estadounidenses, encabezada por la líder demócrata y presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, visitó El Salvador. Les interesaba conocer de cerca la situación salvadoreña para apoyar con mayor ahínco tanto a nuestro país como a los emigrantes centroamericanos. En una reunión en la UCA, visitaron la zona donde fueron asesinados Elba y Celina Ramos y los jesuitas, escucharon la opinión del Rector sobre la coyuntura nacional y su problemática, y conversaron con representantes de las víctimas del conflicto armado y de la violencia actual.

En ese último encuentro, quedó claro el deseo de justicia y la generosidad de las víctimas del pasado frente a los criminales de guerra, apoyando ellas una ley de justicia transicional que ofrece una importante rebaja de las penas de cárcel a quienes colaboren con la verdad y pidan perdón. Por otra parte, en representación de las víctimas del presente hablaron dos personas que han sufrido desplazamiento forzado a causa de las pandillas. El dolor de un hombre maduro que lleva un año desplazado y que desea retornar a la zona rural donde vivía impactó profundamente a los congresistas. Sin duda, esta visita fortalecerá a los congresistas en su defensa de nuestros hermanos salvadoreños y centroamericanos, tan maltratados por la política de Donald Trump. Y también contribuirá a crear conciencia en Estados Unidos de que la única manera de lograr una migración ordenada es siendo solidarios con Centroamérica en la construcción de un desarrollo que rompa la transmisión intergeneracional de pobreza y desigualdad, no levantando muros.

La clase política local suele entender estos acontecimientos como medios para defender a los migrantes no en tanto personas, sino como fuente de remesas. Sin embargo, esta visita no se dio en el sentido tradicional, en el que dos partes se juntan para obtener beneficios. Fue más bien una visita de solidaridad y de responsabilidad política, centrada en las necesidades de los más vulnerables y en el apoyo a un desarrollo justo. Una visita que interpela a los políticos salvadoreños, especialmente a los diputados, y que pone sobre la mesa una verdad que prefieren ignorar: si no se resuelven los problemas de los pobres y excluidos, de las víctimas de la historia y del sufrimiento, no habrá futuro para el país.

Mientras la educación, la salud, los salarios y el funcionamiento de las instituciones no lleguen a niveles básicos de justicia social, será difícil eliminar las plagas de impunidad, violencia, corrupción, pobreza y descarada desigualdad que tanto destruyen el tejido social. La pérdida de confianza en los políticos es una tendencia mundial: hablan mucho, hacen poco y ganan demasiado dinero. En El Salvador, Guatemala y Honduras, esa tendencia se fortalece ante la exagerada lentitud del ritmo de desarrollo y el acelerado enriquecimiento de la minoría pudiente, sin que los políticos hagan mucho por un reparto equitativo de la riqueza que frene las consecuencias de la violencia, la pobreza y la corrupción. Los países no avanzan si existe en ellos desconfianza ciudadana en la política, pues esta lleva a la búsqueda individual de soluciones. Y en ese contexto acaba siempre triunfando la ley del más fuerte, tanto en el área social como en la económica y política.

La visita de los congresistas estadounidenses invita a la responsabilidad política, a buscar soluciones dentro del país y a trabajar la solidaridad internacional. La única prueba de que los políticos salvadoreños tomaron nota y avanzan en responsabilidad será que se ganen la confianza de la gente. Hasta ahora, los partidos y los miembros de la Asamblea Legislativa han estado en todas las encuestas en el sótano de la confianza ciudadana. Eso puede cambiar si se dan pasos claros y eficaces en la solución de los problemas institucionales y de desarrollo. Ojalá nuestros políticos sepan aprender de este tipo de experiencias.

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