El fraude ya se dio

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Proceso
18/02/2021

El presidente Bukele atiza la narrativa de fraude a pesar de que la cabeza del Tribunal Supremo Electoral es una delegada del partido oficial (GANA). Ya lo hizo para las elecciones presidenciales. Y, al igual que Donald Trump, no presenta pruebas de la acusación. En realidad se trata de una estrategia electorera para fijar en la mente de los electores la idea de que si los resultados no salen como él dice, es porque hubo fraude.

El fraude puede ser de muchos tipos aunque, generalmente cuando se habla de él, se refieren al irrespeto de la voluntad popular expresada en la distribución de los votos. Pero ese concepto es limitado. Fraude puede haber antes, durante y después de las elecciones. Durante las elecciones se da lo que denominan “fraude en las urnas” que es el más común de todos y se expresa en diversas artimañas. Aquí entran las papeletas falsas, las marcadas previamente, la compra del voto a través de fotografías, etc. El segundo tipo de fraude es el que denominan en estos tiempos “fraude electrónico” que tiene lugar inmediatamente después de las elecciones, durante la transmisión de los resultados de cada urna al lugar donde se realiza el conteo general. El fraude está en la manipulación de los resultados en el centro de procesamiento. Por ejemplo, en noviembre de 2017, el conteo de votos en Honduras se detuvo porque el sistema “se cayó” precisamente cuando el candidato opositor iba adelante en los resultados. Cuando volvió el sistema, la tendencia había cambiado a favor del candidato a la reelección, Juan Orlando Hernández, quien después fue declarado presidente. El tercer tipo de fraude se da antes de las elecciones, durante la campaña electoral, y los especialistas lo denominan “fraude mediático”. Este fraude puede consistir, primero, en el desequilibrio en el acceso a medios de comunicación durante la campaña, segundo, en favorecer visiblemente a unos candidatos (generalmente oficialistas) y, tercero, en la denigración y el desprestigio de otros candidatos (que normalmente son de oposición).

En El Salvador estas tres manifestaciones del fraude mediático han tenido lugar y se seguirán viendo hasta el 28 de febrero. Es decir, hablando con propiedad, en El Salvador ya se dio el fraude. La voluntad del voto de la población es lo que se busca configurar durante la campaña electoral, pero para que se pueda hablar de unas elecciones verdaderamente democráticas, hay dos principios nucleares que se deben cumplir: la pluralidad en la competencia y la equidad en esa misma competencia. Y en la actual campaña estamos muy lejos de lo segundo.

¿Cómo se le puede llamar a la no entrega de la deuda política a los partidos? Esto representa una grave violación a la ley y ante la cual la Fiscalía General de la República (FGR) debió actuar de oficio y no lo hizo. ¿No es fraude que no se entregue el Fodes con el objetivo de crear descontento entre la ciudadanía con sus municipalidades por la falta de obras? ¿No es fraude utilizar los recursos de todos los salvadoreños y salvadoreñas para financiar medios de comunicación estatales que funcionan como panfletos al servicio de la campaña electoral? ¿No se le puede llamar fraude al gasto millonario del gobierno en los diversos medios de comunicación? ¿No es fraude que el presidente viole la ley electoral y la Constitución de la República al hacer campaña abiertamente? La campaña electoral a la que asistimos es como una competencia entre una bicicleta y un carro de carrera, con el agravante de que el conductor del carro le pincha las llantas al de la bicicleta. Es una campaña sucia y desigual, pero en eso no repara el presidente ni su grupo. En la política salvadoreña se cumple aquello de que el que acusa de engaños es el que más miente, el que señala la corrupción es el que más esquilma al Estado y el que señala fraude es el que lo está promoviendo.

 

* Artículo publicado en el boletín Proceso N.° 33.

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