Meraris López, académica del Departamento de Economía, examina los impactos del cambio climático en la producción de alimentos, con énfasis en los productos de la canasta básica de El Salvador, un país altamente vulnerable a sequías e inundaciones, y dependiente de la agricultura de secano. Desde una perspectiva económica y social, López advierte que estos fenómenos climáticos intensifican la inseguridad alimentaria y profundizan las brechas estructurales que afectan al sector agrícola y a los hogares más vulnerables.
Desde su experiencia, ¿cómo está afectando el cambio climático a la producción de alimentos en El Salvador?
El Salvador es uno de los países más vulnerables al cambio climático. Se ubica en la posición 28 de 120 en el Índice de Riesgo Climático Global, ocupando el segundo lugar a nivel centroamericano. En cuanto a sus afectaciones en la producción de alimentos, en el país predomina un tipo de producción conocida como de secano, lo que significa que se depende exclusivamente del agua de lluvia para cosechar.
Ante los cambios climáticos, como la falta de lluvia cuando debería haberla o el exceso de lluvia en períodos lluviosos, se produce una afectación directa en las cosechas, ya sea por déficit o por exceso de precipitaciones, lo que se traduce en pérdidas productivas.
¿Qué productos de la canasta básica salvadoreña son los más vulnerables a estos cambios?
Todos los productos de la canasta básica son susceptibles, ya sea de forma directa o indirecta. Desde el Departamento de Economía analizamos recientemente la afectación concreta en los granos básicos, donde se registran pérdidas de 590.57 millones de dólares entre 2009 y 2023. Estas pérdidas se deben tanto a sequías como a inundaciones.
En frutas y hortalizas, la afectación es principalmente indirecta, ya que el país depende en gran medida de importaciones desde Guatemala, por lo que los impactos climáticos en ese país repercuten en el abastecimiento nacional.
Un ejemplo concreto fue la tormenta tropical Sara [2024], cuyas lluvias inesperadas provocaron el colapso de vías de comunicación y el cierre temporal de la frontera, generando escasez de productos.
En conjunto, el cambio climático afecta la canasta básica de forma directa, mediante pérdidas de cosechas, e indirecta, al interrumpir cadenas de suministro, lo que provoca escasez, aumento de precios y refuerza la dependencia alimentaria.
Específicamente, ¿cómo se ven afectados los granos de la canasta básica?
La canasta básica incluye maíz, frijol y arroz, que forman parte fundamental de la dieta salvadoreña. En 2024 se perdieron más de 9 millones de quintales de granos básicos debido a la sequía. Esta pérdida implica la necesidad de importar cantidades equivalentes para suplir la demanda nacional, que ronda entre 24 y 25 millones de quintales anuales.
La importación genera dependencia y expone al país a choques externos, como el encarecimiento de insumos, costos de transporte y posibles interrupciones en las rutas de abastecimiento. La escasez se traduce directamente en aumento de precios, lo que obliga a las familias a destinar una mayor proporción de sus ingresos a la compra de alimentos, en algunos casos hasta el 80%. La escasez y el encarecimiento de los precios comprometen directamente la seguridad alimentaria.
¿Esta situación afecta a las mujeres de manera diferenciada? ¿Cuáles serían las afectaciones?
Los sistemas agroalimentarios en El Salvador dependen fuertemente del trabajo familiar no remunerado, especialmente de mujeres, lo que provoca que su aporte productivo no se refleje en las estadísticas laborales.
Aunque la agricultura es la principal fuente de empleo rural y genera más de 406 mil puestos de trabajo, una parte significativa, sobre todo el trabajo femenino, no se contabiliza oficialmente.
Las mujeres enfrentan mayores desventajas estructurales, como menor acceso a educación, redes, crédito y tierra; el financiamiento agrícola es muy limitado y para ellas aún más, por lo que recurren a apoyos informales.
El bajo acceso a la propiedad de la tierra agrava la situación: solo una minoría de agricultores es dueña de sus parcelas; las mujeres, aún menos. La mayoría cultiva pequeñas extensiones de baja calidad y vulnerables a la erosión. En conjunto, estos factores aumentan la vulnerabilidad del sector agrícola y afectan de manera desproporcionada a las mujeres agricultoras frente al cambio climático.
¿Qué desafíos plantea el fenómeno para el desarrollo económico y social del país?
Desde una perspectiva macroeconómica, el cambio climático genera pérdidas tangibles en sectores específicos, como los casi 600 millones de dólares en pérdidas en granos básicos. Estos recursos podrían haberse destinado a reinversión productiva, mejoras en insumos o infraestructura agrícola.
A nivel microeconómico, las familias cuyos medios de vida dependen del sector agrícola se ven directamente afectadas, lo que incrementa su vulnerabilidad. Por ello, el cambio climático es un tema transversal que impacta tanto el desarrollo económico como el social del país.
¿Qué hacer?
Existen varias estrategias: mejorar el acceso a insumos productivos, tierra de mejor calidad y crédito; implementar sistemas de riego, seguros agrícolas y capacitación técnica; y promover prácticas productivas más resilientes.
Por ejemplo, establecer un sistema de riego por manzana puede costar entre 5,000 y 7,000 dólares, una cifra inaccesible para productores de subsistencia. Por ello, se requieren políticas públicas que ofrezcan garantías, créditos blandos y seguros agrícolas que reduzcan la incertidumbre productiva.
También es fundamental fortalecer la asistencia técnica y promover buenas prácticas agrícolas, como conservación de suelos, cosecha de agua y manejo de la humedad.
¿Cómo reducir estos impactos climáticos a futuro?
Es prioritario fortalecer las capacidades de los agricultores, facilitar el acceso a insumos productivos y desarrollar acciones nacionales claras frente al cambio climático, como recuperación de suelos, reforestación e infraestructura verde.
Aunque El Salvador aporta solo el 0.04 % de las emisiones globales, es altamente vulnerable. Entre 2009 y 2023, se registraron más de 2,500 millones de dólares en pérdidas asociadas al cambio climático, de las cuales cerca de 600 millones corresponden a granos básicos.