PCN 2021: la importancia y el peligro de un partido “satélite”

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Con los resultados de la elección 2021, el PCN obtuvo 16 alcaldías y dos diputados (Reynaldo Cardoza y Serafín Orantes). Con esos resultados, en materia legislativa, el PCN no tiene la capacidad de “chantaje político”1 que tuvo en el pasado, pero aún conserva una cuota de poder alrededor de la bancada de Nuevas Ideas-GANA, con la diferencia de que ya no es un partido indispensable para lograr acuerdos. Por tanto, puede decirse que es un partido satélite2. Debido a esto, surge la pregunta: ¿Por qué es importante analizar al PCN? Para responder esta interrogante, este escrito considera necesario plantear los antecedentes históricos del PCN, su estrategia de campaña en 2021, su tipificación como partido y finalmente describir los problemas de ser calificado como un partido satélite.

En primer lugar, algunos de sus antecedentes: el PCN se fundó el 30 de septiembre de 1961 con respaldo de los militares.En 1962, el coronel Julio Adalberto Rivera ganó las elecciones presidenciales (1962-1967). Durante los años 60 y 70, el PCN fue el partido político predominante en El Salvador y logró colocar cuatro presidentes de la República. En la década de los 90, después de los Acuerdos de Paz, nunca logró obtener la mayoría simple ni calificada en la Asamblea ni tampoco tuvo nuevamente el poder Ejecutivo. Sin embargo, desde 1991 hasta 2018, nunca obtuvo menos de cuatro escaños, incluso en el 2003, obtuvo 16 diputaciones, sobre todo por medio de residuo electoral (obtenido por el cálculo de la llamada fórmula Hare). Estos resultados fueron clave para que los pecenistas dificultaran o propiciaran algunas decisiones políticas de los otros partidos y se volviera un jugador de veto (Mejía Acosta; Caridad Araujo; Pérez Liñán y Saiegh, 2011).

Con Arena, el PCN casi co-gobernó sin ningún reparo en tiempos de Cristiani y Calderón Sol (UCA- Boletín El Salvador en la mira No. 8, 2009: pág. 1). Durante el gobierno de Francisco Flores, por momentos, en el terreno legislativo se alió con el FMLN, lo que generó como consecuencia que el entonces presidente de la República vetara los decretos que habían sido votados por el FMLN y el PCN. En varias legislaturas, el bloque pecenista se portó como un partido bisagra3, esto significa que funcionaba entre otros dos partidos más grandes a los que condicionaba su apoyo para formar coaliciones. El PCN no tenía la fuerza suficiente para llegar al gobierno, pero sí para esperar su oportunidad para negociar" con los partidos mayoritarios y poner la balanza a favor de uno u otro.

Con la aparición de GANA en 2010, su cuota de “chantaje político” disminuyó durante varias legislaturas. Ahora, en el 2021, la Asamblea Legislativa está formada mayoritariamente por el bloque Nuevas ideas/GANA - que se bastan a sí mismos para tener mayoría simple y calificada- por lo que la influencia del PCN es mínima aritméticamente hablando. Sin embargo, sus dos diputados – aunque no son indispensables- han decidido apoyar al presidente Bukele. Este respaldo fue premiado por el oficialismo al brindarle al PCN un cargo en la junta directiva de la Asamblea Legislativa, mientras dejó afuera a partidos políticos con mayor número de diputados como Arena, que tiene 14 diputados, o el FMLN que obtuvo cuatro.

En segundo lugar, la campaña electoral de 2021 se desarrolló en torno a dos posturas: una que resaltaba la figura de Nayib Bukele y, a su vez, desincentivaba el voto por rostro y fomentaba a votar por la N de Nayib o por el partido del presidente (campaña hecha por Nuevas Ideas, GANA y CD), y otra que criticaba la figura del mandatario y que motivaba a votar por rostros y no por un partido político (como era el caso de Arena, FMLN, Vamos, Nuestro Tiempo y Rodolfo Parker del PDC).

En ese contexto, el PCN quizás fue el único partido político que no entró en ninguno de esos bloques, ya que no utilizó la figura del presidente en su campaña, ni para atacarlo ni para defenderlo de forma contundente. Incluso algunos de sus diputados- en el tiempo de campaña- combinaban críticas y halagos al presidente. Por ejemplo, Mario Ponce (exdiputado del PCN y presidente de la Asamblea Legislativa 2018-2021) dijo: “si yo tuviera la actitud del presidente Bukele, no sé dónde estaría el país” y criticó la “falta de transparencia del Gobierno en la gestión de fondos de emergencia por la covid-19”. Sin embargo, el mismo diputado durante la campaña electoral, afirmó que el Gobierno estaba teniendo “resultados positivos” en seguridad y que estaba dispuesto a tender puentes para intentar resolver la crisis "en función del país". El entonces presidente de la Asamblea se declaró como “un político al que no le gusta meterse en problemas” y dijo mostrarse con ganas de negociar.

Otro ejemplo de este doble discurso lo hizo Raúl Beltrán Bonilla, exdiputado del PCN en la legislatura anterior. Por un lado, se mostró desafiante cuando dijo: “Hacemos un alto en el camino para recordar el 9F, [aquí] se rompió el Estado de Derecho al ingresar con armas a la Asamblea”. Sin embargo, antes de terminar su período como diputado, dijo sentirse satisfecho “por haberle aprobado [al presidente] todo para la pandemia” y que “el PCN nunca fue un estorbo para aprobar lo que el señor presidente le solicitó a la Asamblea”.

En tercer lugar, se plantea la transición en la identidad partidaria del PCN. Inicialmente, se resalta su afinidad con la Fuerza Armada para luego volverse un partido predominante en los años 60 y 70. Luego a partir de los años 90, pasó a ser un partido bisagra, debido a la cantidad de diputados que obtenía. El PCN mantenía una cuota de poder importante, y sin importar el partido político que gobernara, continuaba siendo un aliado estratégico tanto de Arena como del FMLN. Ahora, en 2021, el PCN solo obtuvo dos diputados en la Asamblea Legislativa y ha pasado a adoptar las características de un partido satélite. Sus diputados han dicho que “el PCN no bloqueará el trabajo del presidente Nayib Bukele”, y que ”[a Arena y al FMLN] les duele que ahora estemos apoyando al pueblo salvadoreño y a Nayib Bukele”. Además, a nivel local, mantienen su liderazgo político de tipo clientelista. Por ejemplo, Reynaldo Cardoza pone a disposición de agricultores y campesinos de Chalatenango sus máquinas desgranadoras de maíz con lo que ha tomado ventaja política a partir de las necesidades existentes en el sector rural para obtener votos y conservar su curul.

Finalmente, el PCN al ser considerado un partido satélite, se convierte en un “pequeño” aliado que apoya las acciones del bloque más grande, pero sin la capacidad de ejercer presión para negociar ni tampoco amenaza con competirle el poder al bloque oficialista. Sin embargo, el problema es que su participación política podría reducirse a una simple participación en una simulación de un mercado de partidos, por tanto, su rol estará en función de consolidar al partido mayoritario y/o hegemónico y para legitimar un régimen político autoritario. Ejemplos de lo anterior pueden encontrarse en México cuando el PRI controlaba el poder Ejecutivo y surgieron partidos satélites como el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana. Otro caso es el de Nicaragua, donde existen partidos de “oposición” legalmente inscritos, pero que en la práctica no buscan realmente competirle el poder al FSLN de Daniel Ortega.  

Un partido hegemónico y/o autoritario no necesita formalmente satélites, pero le son importantes porque le hace parecer más incluyente y le sirven para dar credibilidad al régimen (sobre todo aprovechan cuando la verdadera oposición es deficiente). Los partidos satélites no son una oposición creíble. Pueden dar apariencia de democracia, pero su rol es más bien legitimar sistemas de partidos poco competitivos o incluso regímenes autoritarios. Este es el peligro de este tipo de partidos para la democracia.

 

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Referencias

1. Presión que hace un actor político para sacar algún provecho de otro a partir de alguna debilidad, generalmente las negociaciones no son del dominio público, y que pueden reñir con la ética y/o la legalidad. Es usual utilizar eufemismos como gobernabilidad, cuoteo, acuerdos o consensos (Mejía Acosta, Caridad Araujo, Pérez Liñán, 2010 pág. 292). Una mezcla de herramientas poco decorosas que se vuelven un arma al servicio de la política (IDH pág. 283).

2. Según Fuentes Díaz (1996) un partido satélite es un partido minoritario que apoya a un partido mayoritario. También se puede llamársele oposición invisible ya que da sensación de pluralidad cuando existe un partido hegemónico, al que no busca arrebatarle el poder.

3. Según Bolívar Meza (2020) el término «partido bisagra» solo se ha utilizado “en textos coyunturales sin un referente conceptual”, y es asociado más bien a “textos casuísticos, pero sin sustantivos fondos teóricos”. Se encuentra «asociado al abordaje de partidos minoritarios.

 

Bibliografía

-Bolívar Meza (2020) "El PRD como partido bisagra en la fallida coalición por México al Frente".

-Fuentes Díaz (1996) “Los partidos políticos en México”. México: Porrúa. Pág. 345.

-Instituto Interamericano de Derechos Humanos IIDH/CAPEL. (2000). “Diccionario Electoral”. San José.

-Mejía Acosta, Caridad Araujo, Pérez Liñán y Saiegh (2011) “Jugadores de veto, instituciones volubles y políticas de baja calidad: el juego político en Ecuador” en libro de Scartascini; Spiller; Stein, y Tommasi (2011) "El juego político en América Latina: ¿Cómo se deciden las políticas públicas? Banco Interamericano de Desarrollo.

-UCA- Boletín El Salvador en la mira No. 8 (2009) “Editorial- en edición dedicada al PCN”.

 

* Luis Aguilar, del Deprtamento de Sociología y Ciencias Políticas. Artículo publicado en el boletín Proceso N.° 58.

 

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