La parte por el todo

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Rodolfo Cardenal
15/10/2026

El aparato propagandístico presidencial, en lugar de conmemorar el nacimiento de la república, colocó a Bukele, a su esposa y a sus hijas en un cantón del occidente del país, donde inauguraron una escuela y una calle reconstruidas. La presencia glamurosa, cercana y sonriente de la primera familia hizo las delicias de los estudiantes y sus familiares que, agradecidos, se aglomeraron a su alrededor para saludar, abrazar y hacerse el selfi de rigor. Entusiasmado, Bukele saludó su “reforma educativa como una fiesta”. En realidad, una fiesta de proporciones limitadas, porque le queda mucho por hacer.

Interpretar la inauguración de un complejo escolar como la totalidad de la reforma educativa es desconcertante. De hecho, Bukele anunció otras tres intervenciones que, si avanzan al mismo ritmo que la reinaugurada, estarán concluidas dentro de un año. Las cuatro intervenciones, la concluida y las por empezar, fueron ordenadas por el propio Bukele a raíz de videos difundidos por las comunidades. No obedecen, pues, a una cuidada planificación, sino a la improvisación, lo cual no contribuye a avanzar hacia el todo.

Algo irrelevante dado que se trataba de aprovechar la inauguración para acumular poder. La exquisita puesta en escena del líder indiscutible del “nuevo El Salvador” hizo olvidar por un momento las carencias del sistema educativo. De hecho, casi simultáneamente, el régimen solicitó tutores, nacionales o extranjeros, cualificados en matemáticas, lenguaje, ciencias y las nuevas tecnologías educativas para asistir a los docentes en el aula. La entrega de los dispositivos electrónicos llegó mucho antes que quienes saben cómo utilizarlos.

Los escenógrafos colocaron en el centro de la comunidad rural al arquitecto del nuevo país. Un hombre poderoso, terrateniente al estilo antiguo y millonario al estilo neoliberal. La nueva nación comienza y termina aquí; la del 15 de septiembre, donde se enraíza la nación y la nacionalidad de siempre, ha sido desechada. La comunidad celebró feliz la presencia del poder en su seno. Una experiencia única, pero fugaz. Idos los visitantes, los fiesteros regresaron a las penurias de siempre. El poder es así de cruel.

Mientras tanto, León XIV, en la audiencia general del 16 de septiembre, enunció tres criterios para evaluar los proyectos sociales y políticos actuales: la dignidad de la persona, la justicia social y la libre participación en la construcción del bien común. El Salvador que “renace” no satisface ninguno. Sacrificó la persona y su dignidad con aprobación general en aras de una seguridad restringida, pues no protege la integridad de la vida ni garantiza los medios de subsistencia frente a amenazas transversales como el hambre, las enfermedades y los riesgos medioambientales. El concepto es selectivo. La violencia de los pandilleros y de otros delincuentes es monstruosa; la del régimen de excepción es seguridad.

La justicia social y el bien común son incomprensibles para el capitalismo neoliberal. Cada uno debe velar por sí mismo y su bienestar, porque nadie más lo hará, ni le dará nada gratuitamente. Los demás solo cuentan como medios para lograr las metas individuales. Por tanto, hay vía libre para usarlos, engañarlos y explotarlos a conveniencia. No es solo una declaración de principios. El sistema conforma a la sociedad y a sus integrantes para que los acepten como verdad y actúen en consecuencia.

El éxito se mide en riqueza y poder. Entre más acumulación, más célebre el individuo. El empobrecimiento de los demás no le incumbe. Caen en la penuria por el dictamen inapelable del mercado. Un ejemplo muy actual es la revisión de la jornada laboral impulsada por el Ministerio de Trabajo con la participación de la gran empresa privada y organizaciones de trabajadores afines. La finalidad no es mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, sino aumentar la rentabilidad del capital.

El discurso neoliberal omite interesadamente que el mercado está estructurado para favorecer a los más grandes. Ni es libre, ni es movido por una mano invisible. Sus movimientos son manipulados por toda clase de maquinaciones, cuyo resultado es celebrado como recompensa merecida al trabajo y al esfuerzo del ganador. Aquí entra la corrupción en todas sus formas. Ciertamente, la decisión es individual, pero facilitada, estimulada y aplaudida por una estructura social injusta. Quien no aprovecha la oportunidad es de antemano un perdedor. El mundo es de quienes comercian bienes y vidas humanas.

El Salvador que “renace” solo se interesa en tener, conservar y aumentar la riqueza. El interés egoísta separa y enfrenta a unos contra otros, cultiva la rivalidad y la competencia. La sociedad que renace es insolidaria e indiferente, agresiva y violenta, solo cuenta la ley del más fuerte. Tomar la parte por el todo no es un simple descuido, sino una artimaña para proporcionar un éxito espectacular a un Bukele quejoso porque no le conceden el beneficio de la duda.

 

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

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