El fin del TPS

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Editorial UCA
10/01/2018

Este lunes 8 de enero se hizo oficial la decisión del Gobierno estadounidense de poner fin al TPS que desde 2001 protegía de la deportación a cerca de 200 mil salvadoreños. Una noticia que, aunque esperada y anunciada tanto por expertos en el tema migratorio como por funcionarios norteamericanos, El Salvador no deseaba recibir bajo ninguna condición. A pesar de que el hecho era inevitable, no pocos se negaban a aceptarlo. La notificación oficial sobre la finalización del TPS para los salvadoreños ha consternado al país y a nuestros compatriotas en Estados Unidos, así como a todas aquellas personas que desde distintas plataformas trabajan en pro de los migrantes y de la regularización de su estatus migratorio en la nación del norte. Ni los esfuerzos del Gobierno de El Salvador, ni la posición de la exembajadora María Carmen Aponte, ni la presión de las empresas constructoras que tienen contratados a miles de salvadoreños acogidos al TPS incidieron en la decisión de Donald Trump.

Con todo, el intenso cabildeo del Gobierno, de la mano del canciller Hugo Martínez, si bien no logró que se prorrogara el estatus, posiblemente coadyuvó a que se diera un plazo de 18 meses para que los salvadoreños beneficiarios del TPS regularicen su situación migratoria o, en el peor de los casos, abandonen el país. Este es el mayor plazo que otorgan las leyes estadounidenses, y no le fue concedido a los nicaragüenses cuando se les comunicó el fin del TPS que los amparaba. Ahora, a nuestros compatriotas solo les queda buscar un resquicio legal para gestionar su residencia permanente o esperar a que el Congreso estadounidense apruebe una ley que regularice su situación migratoria; de lo contrario, tendrán que volver a El Salvador a más tardar el 9 de septiembre de 2019.

La decisión de suspender el TPS, ya sea para los salvadoreños o para cualquier otro grupo, no se debe al comportamiento de los Gobiernos de los países de origen, sino a la política antinmigrante de Donald Trump, anunciada con claridad durante su campaña electoral y confirmada desde que llegó a la Casa Blanca. Trump ha tomado medidas antiinmigrantes sin hacer mayores distingos entre nacionalidades. La suspensión del DACA, que permitía la permanencia de jóvenes que crecieron y se formaron en Estados Unidos, y su afán de poner fin a la lotería de visas y a la migración en cadena que facilitaba la reunificación familiar son muestras de su visceral y oportunista antipatía hacia los migrantes. La noticia de que está dispuesto a negociar el futuro de “los soñadores” acogidos al DACA a cambio de que el Congreso apruebe los fondos para la construcción del muro en la frontera con México es la prueba más rotunda del valor que Trump le da al drama de los migrantes: cero, como no sea para utilizarlos como moneda de cambio o para hacer política interna.

En esa línea, la manipulación del tema para atacar al Gobierno del FMLN, una estrategia encabezada por algunos opositores que aspiran a ocupar cargos públicos, incluida la Presidencia de la República, es perversa y contraria a la verdad. El TPS es un programa de carácter humanitario que se creó con el fin de proteger a migrantes indocumentados provenientes de países afectados por conflictos bélicos, desastres naturales u otras condiciones que les impidieran regresar a su patria. Por ende, en 2001, no fue por amistad con el Gobierno de El Salvador que Estados Unidos decidió conceder el TPS a los salvadoreños que ya se encontraban en su territorio, sino por la crisis ocasionada por los terremotos de ese año. Asimismo, la decisión de darle fin nada tiene que ver con el grado de servidumbre o rebeldía de los políticos salvadoreños con la administración estadounidense.

Más allá de oportunismos, toca seguir cabildeando en Estados Unidos por una ley que les otorgue a nuestros migrantes un estatus legal permanente. Pero más necesario es trabajar en El Salvador. El país ha expulsado por décadas a su población porque ha sido incapaz de ofrecer oportunidades de desarrollo a todos. Además, se ha beneficiado de la migración a través de las remesas, que en la actualidad sostienen la economía nacional. Ahora corresponde buscar un camino no solo para acoger con dignidad a los migrantes que retornen, sino también para construir un modelo económico inclusivo, justo, solidario. Apuntar a otra cosa será simple politiquería hipócrita y un nuevo insulto para los tantos miles que huyeron del país en pos de trabajo y seguridad.

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Anónimo
14/01/2018
22:27 pm
Obama pudo incluir a los TPSeros en la Amnistia DACA pero los excluyo...Obama deport mas salvadorenos q cualquier otro president antes q el...Las cartas ya estaban echadas los centroamericanos seran excluidos de las nuevas politicas migratorias de USA.
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Anónimo
13/01/2018
08:59 am
Excelente!
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Anónimo
11/01/2018
19:08 pm
El TPS, según el decreto es un programa temporal que daba a los salvadoreños que se acogieron en 2001 un permiso para permanecer y trabajar en Estados Unidos legalmente. Con el permiso de trabajo se les dio una tarjeta del Seguro Social. Centenares de salvadoreños que obtuvieron legalidad para residir en Estados Unidos y que tenían parientes con derecho a pedirlos ahora son ciudadanos de Estados Unidos. Si vemos las cosas sin pasionismos vamos a decir que Donald Trump no tiene odio visceral a los imigrantes, porque él y su administración solo quieren cumplir con la ley. Muchos dicen \"Estados Unidos es un país de leyes\" y eso es verdad. En toda Latinoamérica la ley es letra muerta porque sus habitantes y gobernantes se acogen saviamente al dicho \"hecha la ley hecha la trampa\" Todos los individuos que salieron de El Salvador hace treinta años regresarán a su terruño no con las manos vacías pues miles lograron hacer sus casas en sus pueblos de orígen y eso es bast
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Anónimo
11/01/2018
18:56 pm
Celebro el comentario. Me parece atinado en que la responsabilidad para parar la emigracion de muchos de nuestros compatriotas es nuestra. Nadie pensaria en emigrar si nuestro pais tuviera un sistema economico justo e inclusivo con la oportunidad de proveer una via digna a cada uno de sus habitantes. Desafortunadamente nuestros politicos y nuestra elite le ha fallado al pais. Debemos de asumir nuestras responsabilidades y no culpar a otros por nuestras fallas. El TPS es y siempre fue temporal. Quejarnos ahora porque fue terminado, no importa cuales sean las razones de la administracion de Trump. es no reconocer nuestra complacencia y falta de preparacion para algo que sabiamos que tarde o temprano ocuriria. Ahora nos toca reconocer nuestras fallas y enfrentar el problema. No le fallemos a nuestros compatriotas.
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Anónimo
10/01/2018
17:05 pm
Es indudable que la finalizacion del TPS es una decision presidencial amparada bajo la politica anti-migrante definida por el ahora presidente de Estados Unidos. Sin embargo, tambien la presidencia de los Estados Unidos sabe y puede disponer de acciones menos lesivas a los que bien siguen y se someten a sus criterios Veamos Mexico: su clara vinculacion para ser una frontera adicional a la migracion hacia USA cada vez es mas evidente: ¡este año Mexico ha deportado mas salvadoreños que los propios EEUU¡ Ello seguramente implicara un tratamiento \"diferente\" a un socio estrategico que sabe plegarse a una vision que va mas alla de los caprichos de un gobernante con pocas luces,
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Anónimo
10/01/2018
11:31 am
Bastante mesurado este editorial, al contrario de los medios y los tontos que los siguen en las \"redes sociales\" controladas por esos medios de que la culpa recae en el gobierno o porque quemaron una bandera, o porque
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